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Palabras
Rara avis in urbs

Un día, como nosotros, el ave rara de los siete colores llegó desde la selva umbría a nuestra casa.

Publicada 5 de octubre 2005, El Diario de Hoy


Carlos Balaguer
palabrasbalaguer@gmail.com
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Prisionera, el ave mística quedó en su jaula y aprendió a convivir con nosotros. En medio de la urbe fría y silenciosa. Tan parecidos al tucán de la selva verde nos vimos. Cada uno de nosotros tenía una alma parecida al “rara avis in urbs”. Es decir, la voladora tenía un poco de cada uno, de estos otros pajarracos humanos. Tan de la selva umbría y tan lejanos de ella. Tan de la libertad y prisioneros.

No es que quisiéramos privar la libertad de “Pancho” o del “Pío-Pío”, como le decíamos, humanizando su apodo. Es que aunque lo soltáramos en algún bosque, él ya no hubiera podido sobrevivir en la vida salvaje, dada la dependencia que tenía desde polluelo hacia los humanos. En medio del jardín, era un ser de maravilloso plumaje en algún lugar de la urbe perdida, tan parecido a nuestros sueños lejanos.

También nosotros éramos prisioneros de la urbe. Aunque nos soltara la ciudad, ya no hubiéramos podido vivir sin ella, pues habíamos crecido alimentándonos de ella. A veces de pan, a veces de amor y de ilusiones, a veces del dulce dolor de vivir... La urbe nos amamantó desde niños con su leche nutricia y con sus alimentos enlatados.

Sí, al igual que el tucán, ya no hubiéramos podido sobrevivir en la selva fría y perfumada de los animales salvajes y de las frondas oscuras, desde donde un día venimos. Porque éramos la misma rara avis in urbs.


DÍA A DÍA

Valores morales

No se debe confundir lo que son los valores y la necesidad de inculcarlos en niños, jóvenes y adultos, y la formación moral, que tiene sus precisos perfiles y exigencias. Lo uno no excluye a lo otro, pero se debe separar lo que corresponde a una esfera y lo que es propio de la otra. En la moral, como en lo que bien se deben llamar valores cívicos, familiares, estéticos y humanos, hay jerarquías e inclusive reglas que se pueden desvanecer con el tiempo. De ahí la crítica importancia de comenzar por lo esencial y avanzar hacia lo particular. Las personas tienen que aprender de valores y gracias sociales, pero primero deben conocer lo que es la moral.

Lo que le falta al programa sobre valores es que no acaba de distinguir entre lo medular y lo accesorio, de lo que cae más en el campo de la cortesía y los buenos modales, y lo que es el suelo sobre el cual se erigen las sociedades. Si no hay claridad, se puede esperar que en un momento dado la mayor parte de la gente sacrifique principios en aras de su provecho.
No hay en este asunto, nada por inventarse. La más exacta formulación de la regla moral la constituyen los Diez Mandamientos.

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