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Registran 34 decesos por derrumbes

Tragedia les sorprendió dormidos. El temporal ha acabado con decenas de personas, incluso familias enteras, en la capital y en el interior del país


Publicada 4 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

8:00 a.m. Col. 22 de abril
Sin éxito. Rescatistas intentan sacar los cuerpos de los Palacios Roble, que murieron soterrados ayer. Foto EDH/Oscar Payes

Edmee Velásquez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Varios desprendimientos de tierra, rocas y palos, causados por las lluvias, terminaron ayer con las vidas de más de 34 personas en diferentes partes del país.

En la mayoría de los casos, los aluviones sorprendieron a las víctimas cuando se encontraban dormidas.

La mayor cantidad de muertes se registró en el municipio de Colón, en La Libertad: 15 personas.

Zozobra, desolación y llanto era el ambiente que respiraban los residentes afectados, además, por las lluvias e inundaciones.

Familias completas perecieron en las comunidades San José del Río y Madrid, seis y siete personas respectivamente.

De igual forma, se registraron otros dos decesos en el cantón El Manguito y en la Colonia Veracruz. (Ver páginas 8 y 10)

La misma suerte corrió otra familia completa en la parte sur de San Salvador, que quedó soterrada después que un talud de más de 10 metros de alto cayera sobre su vivienda ubicada en la Colonia Montecristo, en San Marcos. (Ver página 12)

En la Colonia 22 de abril, en Soyapango, la mala suerte fue para la familia Palacios Roble. A las 5:00 de la mañana, cuando aún dormían, José Antonio Roble, de 21 años y su compañera de vida Karla Palacios, quedaron sepultados en lo que un día fue su hogar.

2:30 a.m. Com. nueva Israel
Por la Lechuza. Julio Zetino cayó junto a su champa cuando se desprendió un tramo de la calle. Foto EDH Arturo Silva

Su hijo, el pequeño Jefferson José Palacios, de dos años, logró ser rescatado a tiempo por las instituciones de socorro y vecinos del lugar, y fue trasladado al Hospital Benjamín Bloom.

Desconsolada la madre de Antonio, Arely de García, se arrepentía de no haberlo visto llegar a su casa. La señora vivía a pocos metros de Antonio. “Yo vi cuando venía el montón de piedras para abajo. En ese momento, me encontraba sentada porque no había podido dormir toda la noche por la lluvia. Estaba rezando”, dijo entre sollozos la mujer.

En otro hecho, un indigente identificado como Candelario Saravia quedó soterrado mientras dormía en lo que era su vivienda, una pequeña cueva a la orilla de la carretera de oro, a la altura de Soyapango. (Ver nota aparte)

En el punto sur de San Salvador, específicamente en el caserío El Sauce, de Santiago Texacuangos, un joven de 17 identificado como Vladimir Sánchez murió cuando su casa quedó completamente bajo la tierra. La desgracia ocurrió a las 3:00 de la madrugada, cuando el muchacho se encontraba dormido. Sólo su progenitor logró sobrevivir.

Sobrevivientes
-Jefferson García Palacios, de dos años, hijo de la pareja que pereció en la comunidad 22 de abril, sufrió laceraciones leves en el rostro, pero hasta ayer permanecía en la sala de observación del hospital infantil.
- Daniel Muñoz González, de ocho meses, se recuperaba de múltiples golpes recibidos cuando su casa en la comunidad Santa Eduviges, Santa Tecla quedó soterrada.
-Ángela García y su hija Norma García, de 14 años, resultaron lesionadas en La Paz.
- Mariana Nohemí Ortiz, de 42 días, sobrevivió en los brazos de su madre, en San Jacinto.
- José María Valladares, de 43 años, y Enmanuel Valladares, de 11, en el accidente de la carretera Litoral.

En la zona oriental del país, un hombre pereció en un accidente de tránsito cuando un microbús impactó en su vehículo.

El sexagenario José María Portillo empujaba su pick up junto a dos personas porque la inundación de la carretera Litoral, le generó desperfectos mecánicos a su pick up.

Arrastrado junto a su champa murió Julio Zetino, de 75 años, en el río Acelhuate cuando se desprendió parte de una arteria de la Calle Manuel Enrique Araujo, en la Comunidad Nueva Israel.

De igual forma, la policía registró las muertes por derrumbes en diversos puntos del país: Silvia García, de dos años y medio, en San Miguel Tepezontes, La Paz; Salvador Oswaldo Calderón, de 50, Fernando Rodríguez, de 22, y Leticia Jiménez, de 20, en la Colonia 14 de diciembre, en Sonsonate; Claudia Elizabeth Ortiz, de 22 años, en la Colonia Matazano, en San Jacinto y dos personas no identificadas, una en Sihuatehuacán, en Santa Ana, y la otra en el Cantón Obrajuelo, Usulután.

Por la mañana Henry Geovanny Rodríguez, de 28 años, cayó al río Tomayate, a la altura de la colonia Los Ángeles.

Familiares del joven notificaron ayer tarde de su desaparición a la Alcaldía de Apopa.
Sin embargo, por la noche se confirmó que se encontró su cadáver.


Murió indigente y abandonado

8:00 a.m. Col. 22 de abril
Alegre. Candelario, el 2 de septiembre pasado.Foto EDH/Oscar Payes

A Candelario Saravia le fallaron sus cálculos: “El paredón es alto, no se cae”, dijo serenamente el pasado 2 de septiembre, cuando le advertí del peligro que corría al dormir en su cueva, al pie de un paredón de la Carretera de Oro, cerca de la línea férrea.

Con su barba rala y blanqueada por el polvo blanco de la cueva en que vivía, Candelario contó someramente su historia.

Era oriundo de Jucuapa, Usulután. No se acordaba de cuántos años tenía, y antes de venirse a la capital a vagabundear, había vivido en Berlín, en un lugar llamado El Copinol.

¿Por qué andaba así? Rascándose la cabeza y mesándose la barba a ratos, dijo que ya no le gustaba vivir en Berlín, que le gustaba la vida que llevaba: comiendo cada vez que algún samaritano le regalaba alimentos y cargando dos costales llenos de lo que más hallaba tirado en la calle: envases plásticos y latas vacías.

El tipo hablaba con elocuencia.

Hoy pereció soterrado
Hallazgo . La cueva enterrada y un harapo de Candelario a media calle indicaron la suerte del mendigo.Foto EDH/Oscar Payes

Al parecer, a Candelario le gustaba vivir en su cueva, pese a que tenía la opción, por la inmediatez, de quedarse bajo el puente que lleva a la colonia San José, de Soyapango, donde no se mojaría con la lluvia.

Candelario no tenía parentela, así lo aseguró, y su indigencia lo demostraba. Andaba descalzo y harapiento, pero era muy sonriente al hablar.

Ayer, quienes le llevaban comida hallaron su suéter tirado y la cueva soterrada. Candelario ya no aguantará frío ni se mojará más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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