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En la zona más devastada cerca del cráter
Detienen búsqueda de muertos

Sin resultado. las tareas de localización de los dos soterrados por la erupción fueron suspendidas ayer por los retumbos en el volcán. Los bomberos no han determinado si retomarán hoy las labores


Publicada 3 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Labores. Decenas de socorristas trabajan en la búsqueda de los dos agricucultores soterrados en Palo Campana . Foto EDH/Lissette Lemus

Wilfredo Salamanca / O. Iraheta
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Por segundo día, los rescatistas no lograron localizar los cadáveres de dos jornaleros que fueron soterrados por la avalancha de lodo y ceniza tras la erupción del volcán Ilamatepec.

La tarea fue suspendida ayer, hasta nuevo aviso, por los fuertes retumbos producidos en la zona.

Miembros del Cuerpo de Bomberos, Ejército y Comandos de Salvamento volvieron al sector donde los lugareños y familiares presumen que habrían muerto José Rafael Guerrero, de 34 años, y Óscar Armando Guevara, de 28.

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La zona de operaciones es lo que ha quedado de la calle rústica del cantón Palo Campana, a menos de dos kilómetros del cráter.

La fuerza del alud fue tal que se trajo consigo frondosos árboles de pino y ciprés que están atravesados en las pocas planicies de la Finca Santa Elena, que prácticamente desapareció.

Pero el subdirector del Cuerpo de Bomberos, Joaquín Parada Jurado, aseguró que no tienen la certeza del lugar donde estarían los cadáveres, porque el escenario está contaminado de azufre y ceniza, lo que imposibilita que sean detectados por perros adiestrados.

evidencias

Labores. Decenas de socorristas trabajan en la búsqueda de los dos agricucultores soterrados en Palo Campana . Foto EDH/Foto EDH / Mauricio Cáceres

Mientras, los rescatistas coincidían en que su esfuerzo podría ser en vano, ya que la elevada temperatura del lodo que corrió habría desintegrado los cuerpos de los jornaleros sorprendidos cuando construían canaletas para el drenaje del cafetal.

Las únicas evidencias encontradas son el azadón que ocupaba uno de los trabajadores y una mochila que los parientes de las víctimas no identifican como pertenencia de éstos.

La suspensión de la búsqueda aumentó la desesperanza entre los parientes y compañeros de los soterrados. Sacando fuerzas de flaqueza, Ana Silvia Catota, de 32 años, llegó a la zona devastada.

Confía en que su marido, José Rafael Guerrero, habría logrado escapar de la avalancha. Pero su esperanza es traicionada por las palabras al afirmar que no encuentra la forma para decirle a sus tres hijos que su progenitor murió.

Mientras, Julio César Guevara pide a la naturaleza que le devuelva vivo o muerto a su hermano, Óscar Armando, quien estaba a pocos metros suyos cuando ocurrió la erupción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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