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[Santa Ana, un día después]
“No fue fácil conciliar el sueño”

Movilización algunos decidieron irse del departamento, hasta que pase la emergencia


Publicada 3 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Tiempo. descanso
Incómodos. El cansancio pudo más que el hambre. Un pequeño duerme en el albergue instalado en el sitio conocido como Talleres Vocacionales, de la Ciudad Morena. Foto EDH /Antolin Escobar

Antolín Escobar/Lissette Ábrego
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Desvelados, era la palabra que más repetían los pobladores que habitaban las faldas del volcán Ilamatepec, al preguntarles, ayer por la mañana, cómo habían pasado la noche en los distintos albergues habilitados en este departamento.

Algunos comentaban que conciliar el sueño les fue bastante difícil, debido al ruido y la incomodidad de no estar en sus casas y camas.

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“Tenemos problemas con los colchones porque nos han dado uno nada más. Ahí sólo caben dos niños pequeños, y aún así se salen de él”, expresó una de las afectadas.

Su queja fue respaldada por la de otros damnificados quienes comentaron que los colchones que les han proporcionado no sirven, que son un pedazo de esponja, nada más.

Prioridad. Personal médico supervisa a los
menores y al resto de damnificados. Foto EDH /Antolin Escobar

“Dan una colchoneta para cada familia y en algunos casos son cuatro personas o más las que la componen. Sólo un adulto cabe, por eso los demás deben dormir sentados o pegados a la pared”, dijo Rosa Anaya.

Mientras que Rosa Campos, otra de las refugiadas, manifestó que por lo demás está bien, en lo que cabe, pues a pesar de que el sábado tuvieron que esperar varias horas para que les dieran una ración de alimentos, mientras las autoridades elaboraban los censos, ayer tuvieron su comida a tiempo.

“La comida está bien, comimos lo suficiente. Hoy nos han dado café, frijoles fritos y pan francés. Al mediodía, macarrones, frijoles, arroz y un huevo”, detalló Campos.

Los ocupantes de los albergues provienen de zonas como los cantones Planes de la Laguna, Lomas de San Marcelino, Buenos Aires; los caseríos San Blas, Potrero Grande Abajo y Arriba, y Palo Campana, entre otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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