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Toda una vida en media hora

En la huida. más de 35 personas corrieron por senderos y montañas para no ser víctimas de la descarga furiosa de las rocas y cenizas


Publicada 3 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Los vestigios. En las laderas altas del volcán se observan fisuras por donde brota humo. El resto de la vegetación circundante fue quemado. Foto EDH/LissetteLemus

Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

“Ni loco vuelvo a San Blas”, dice Luis Escobar, uno de los guardabosques que se quedaron a proteger esa comunidad, cuando recuerda los intensos 30 minutos que corrió por senderos y montañas, huyendo despavoridamente de la furia del gigante Ilamatepec.

Junto a él, otras 34 personas, entre ellas niños y mujeres, vivieron la misma odisea infernal, de la cual ninguno desea que se repita en lo que les resta de su vida. La experiencia fue tal que hoy más que nunca valoran los años que puedan disfrutar de la compañía de sus familiares y amigos.

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Expectación

“En ese momento en mi mente vi pasar todo...”, recuerda Escobar, hasta una roca encendida que se atravesó justo por en medio de su persona y de un amigo suyo que lo acompañaba en la estampida que hacían hacia el Cerro Verde, buscando refugio.

La escena es indescriptible para algunos. Al preguntarles, prefieren clavar su mirada en el horizonte y esbozar un suspiro como si tratasen de olvidar lo que pasó.

Mejor olvidar. Valoran que pudieron salir aún con vida. Foto EDH/LissetteLemus

Otros, como la niña Elvira —la de la tienda— que se aferró a permanecer en San Blas hasta el último día, con la esperanza de que los pocos agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) que se habían quedado custodiando el lugar la salvaran, engrosó el grupo que, a fuerza de sandalias y ganas de seguir viviendo, logró llegar hasta el hotel del Cerro Verde.

“El Terri... ah, pobrecito...y los demás”, se lamentaba una mujer al referirse al perro de la casa, a las gallinas y hasta los bueyes que dejaron abandonados por culpa del volcán.

Antecedentes
- El 15 de septiembre,
la junta directiva de San Blas decidió llevar a un lugar seguro a los más de cien niños, mujeres y ancianos de ese sitio.
- Pocos hombres se quedaron en el lugar para cuidar de sus pobres viviendas y pertenencias.
- Los habitantes se resguardaron en un local de la parroquia de San Isidro Labrador, de Sonsonate.
- El Comité de Emergencia Nacional (Coen) informó en ese momento que el volcán no daba señales que ameritaran una evacuación.
- Desde que llegaron al albergue han recibido ayuda de organizaciones no gubernamentales y asistencia médica de la Unidad de Salud de Izalco.
- El sábado cerca de 150 personas más de Palo Campana y de otros sectores se refugian en el albergue de San Isidro.
- Se necesitan frazadas, colchonetas y comida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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