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| Los vestigios. En las laderas altas del volcán
se observan fisuras por donde brota humo. El resto de la vegetación
circundante fue quemado.
Foto EDH/LissetteLemus |
Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Ni loco vuelvo a San Blas, dice Luis Escobar, uno de los
guardabosques que se quedaron a proteger esa comunidad, cuando recuerda
los intensos 30 minutos que corrió por senderos y montañas,
huyendo despavoridamente de la furia del gigante Ilamatepec.
Junto a él, otras 34 personas, entre ellas niños y mujeres,
vivieron la misma odisea infernal, de la cual ninguno desea que se repita
en lo que les resta de su vida. La experiencia fue tal que hoy más
que nunca valoran los años que puedan disfrutar de la compañía
de sus familiares y amigos.
En ese momento en mi mente vi pasar todo..., recuerda Escobar,
hasta una roca encendida que se atravesó justo por en medio de
su persona y de un amigo suyo que lo acompañaba en la estampida
que hacían hacia el Cerro Verde, buscando refugio.
La escena es indescriptible para algunos. Al preguntarles, prefieren clavar
su mirada en el horizonte y esbozar un suspiro como si tratasen de olvidar
lo que pasó.
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| Mejor olvidar. Valoran que pudieron salir aún
con vida. Foto EDH/LissetteLemus |
Otros, como la niña Elvira la de la tienda que se
aferró a permanecer en San Blas hasta el último día,
con la esperanza de que los pocos agentes de la Policía Nacional
Civil (PNC) que se habían quedado custodiando el lugar la salvaran,
engrosó el grupo que, a fuerza de sandalias y ganas de seguir viviendo,
logró llegar hasta el hotel del Cerro Verde.
El Terri... ah, pobrecito...y los demás, se lamentaba
una mujer al referirse al perro de la casa, a las gallinas y hasta los
bueyes que dejaron abandonados por culpa del volcán.
Antecedentes
- El 15 de septiembre,
la junta directiva de San Blas decidió llevar a un lugar seguro
a los más de cien niños, mujeres y ancianos de ese sitio.
- Pocos hombres se quedaron en el lugar para cuidar de sus pobres
viviendas y pertenencias.
- Los habitantes se resguardaron en un local de la parroquia de San
Isidro Labrador, de Sonsonate.
- El Comité de Emergencia Nacional (Coen) informó en
ese momento que el volcán no daba señales que ameritaran
una evacuación.
- Desde que llegaron al albergue han recibido ayuda de organizaciones
no gubernamentales y asistencia médica de la Unidad de Salud
de Izalco.
- El sábado cerca de 150 personas más de Palo Campana
y de otros sectores se refugian en el albergue de San Isidro.
- Se necesitan frazadas, colchonetas y comida. |

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