elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

[Historias de refugios y esperanzas]
Noche de frío, hambre y miedo

La esperanza de los damnificados es que pronto les den sábanas para arropar a sus niños


Publicada 3 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

9:45p.m. Finca Piedra pacha
En oscuridad. Las familias que permanecen en ese albergue no contaban con luz, pero la Cruz Roja les proveyó de energía. Foto EDH/Mauricio Castro

JAIME GARCÍA
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

No hay peor cosa que dormir en el suelo, con el estómago vacío y lejos de casa. Para la gran mayoría de personas evacuadas de las faldas del volcán Ilamatepec, ese es el drama, que apenas comienza.

Algunos han llegado a los refugios de Santa Ana y Sonsonate por cuenta propia, sorteando caminos polvorientos y peligrosos; y otros a bordo de camiones y pick up.

Cuentan que llegaron a los albergues con las manos en la cabeza por temor a que una piedra, disparada cual proyectil de las entrañas del cráter, les cegara la vida.

Al recorrer durante la noche los recintos habilitados para los evacuados, es visible el temor y la incertidumbre de ser un damnificado que se refleja en el rostro de los jóvenes, niños, adultos y ancianos.

Lea además
Faltó una frazada para abrigar a cuatro niños

Lo primero que se percibe al acercarse a la zona cercana al volcán es ese ambiente similar al finalizar un año y el aire queda inundado de humo y olor a pólvora. La garganta se reseca y la nariz pica.

En el suelo

Lo que más impacta es ver a cientos de niños durmiendo en el frío piso de los albergues, sin más abrigo que sus ropas. Sus padres no tuvieron la oportunidad de sacar nada de sus casas y cargaron sólo con lo que vestían cuando el coloso despertó y lanzó sus temidos bramidos y rocas incandescentes.

Irvin Gómez, de 5 años, dormía intranquilo en el piso del aula número 6 del cuarto grado del Centro Escolar Unión Centroamericana en El Congo, Santa Ana. La noche del sábado ese refugió no contaba con colchones, ni frazadas para menguar el frío.

7:20 p.m. El Congo
En el piso. Irvin Gómez, de 5 años, duerme junto a su madre y hermano en el refugio del Centro Escolar Unión Centroamericana, en Santa Ana. Foto EDH/Mauricio Castro

Al lado del pequeño su madre lo vigilaba con recelo mientras amamantaba a otro hijo.

A pesar de las dificultades, los evacuados del cantón Potreríos de La Laguna, Coatepeque, no se quejaban, pero si preguntaban a cualquier extraño que “si era el encargado de anotar para entregar los colchones”.

Otros niños olvidaron por un momento lo que les ha tocado vivir y se entretenían jugando fútbol en la cancha de la escuela o correteando por los pasillos.

En el albergue de la finca Piedra Pacha, la oscuridad y el intenso frío hacía que las familias evacuadas del cantón Malacara se refugiaran temprano en las tiendas de campaña habilitadas por el Ejército.

Ahí don Roberto Flores, un curtido agricultor, recordó que en el momento en que el volcán reventó corrió con su familia a una loma para evitar que la ceniza hirviente los alcanzara. “Necesitamos papel higiénico, jabón y comida”, pidió el campesino.

A eso de las 9:00 de la noche un grupo de socorristas de la Cruz Roja llegó al lugar, y tras reparar el motor de una planta de energía colocó postes móviles de iluminación en la zona donados por la Cruz Roja Española.

9:45 p.m. Finca Piedra pacha
Beneficio. Las familias evacuadas del cantón Malacara fueron albergadas en 40 tiendas. Foto EDH/Mauricio Castro

Cuando el reloj marcó las 9:45 de la noche, en otro de los refugios habilitados en el estadio de Santa Ana, un grupo de familias evacuadas del cantón Calzontes Arriba, pudo tomar alimentos ya cocinados llevados por la alcaldía de la localidad.

Los residentes del cantón Los Planes Abajo, en El Congo, se refugiaron en una casa que un residente en Estados Unidos ha construido en la zona. “No nos han visto como un refugio, no tenemos comida, colchonetas ni agua. Nuestros niños dormirán en el suelo”, detalló doña Claudia Barillas.

La noche esconde la ceniza y el humo del Ilamatepec, al igual que los damnificados esconden sus temores y su hambre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


elsalvador.com WWW