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| Amigas. Zoe, la enana, junto a la bromista rana
Juana. Foto EDH/Herbert Saravia |
Maricris de la O
vida@elsalvador.com
El Diario
de Hoy
vida@elsalvador.com
Montaña Azul, un pueblo lejanamente cercano, fue recreado por los
títeres del grupo español Sol y Tierra, que se tomaron el
auditorio del Museo David J. Guzmán, la tarde del sábado.
Diana, la narradora, no solo tiene una gran habilidad para atrapar la
atención de grandes y chicos, también consigue integrarlos
a la acción, de principio a fin.
El público se entusiasma y la curiosidad por descubrir a los seres
fantásticos de Montaña Azul se desborda.
En el valle, habitan los juguetones y divertidos enanos; arriba, en la
cima, gobiernan los laboriosos gigantes.
Luego de describir ambos sitios, el escenario se concentra en Zoe, la
títere enana de gran tamaño que hace de los niños
sus mejores aliados. Primero los transforma en árboles que trepar;
después, los convida a jugar; y al final, los hace estornudar en
varias ocasiones.
El pequeño público no duda en colaborar con la simpática
enanita.
Una estrella
El conflicto surge cuando Zoe, durante una noche esplendorosa, decide
subir hasta lo más alto de Montaña Azul para alcanzar una
estrella. El problema: tiene que atravesar el pueblo de los gigantes y
éstos tienen fama de comer enanos.
A pesar de eso, Zoe se llena de valor y sube la Montaña Azul.
Aún presa del miedo, la enanita logra escabullirse de las bromas
de la rana Juana y llega a su destino. Cuando se afana en alcanzar su
tan añorada estrella, Margarito se cruza en su camino y todo se
vuelve color de hormiga.
Después de un buen susto, ambos descubren que la imagen que tenían
el uno del otro era la equivocada.
Zoe le enseña al gigante a jugar y a disfrutar de la amistad sincera.
Ella le ofrece un inesperado regalo: un abrazo. Y en agradecimiento, Margarito
le obsequia la estrella que tanto deseaba.
Así sellan su amistad, pese a que ambos pueblos se oponen a ésta.
Al final, es la rana Juana quien les muestra que los amigos no valoran
las diferencias.
Por supuesto, fueron los espectadores los que consintieron esa relación
entre enanos y gigantes.
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| Interacción. Los niños
pudieron tocar a los títeres. Fotos EDH/Herbert
Saravia |
Árboles. Los niños
sirvieron de troncos a Zoe. |

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