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La lección de Sol y Tierra

En menos de hora y media, los españoles mostraron las grandezas de una amistad sin fronteras

Publicada 3 de octubre 2005, El Diario de Hoy


Amigas. Zoe, la enana, junto a la bromista rana Juana. Foto EDH/Herbert Saravia

Maricris de la O
vida@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


Montaña Azul, un pueblo lejanamente cercano, fue recreado por los títeres del grupo español Sol y Tierra, que se tomaron el auditorio del Museo David J. Guzmán, la tarde del sábado.

Diana, la narradora, no solo tiene una gran habilidad para atrapar la atención de grandes y chicos, también consigue integrarlos a la acción, de principio a fin.

El público se entusiasma y la curiosidad por descubrir a los seres fantásticos de Montaña Azul se desborda.

En el valle, habitan los juguetones y divertidos enanos; arriba, en la cima, gobiernan los laboriosos gigantes.

Luego de describir ambos sitios, el escenario se concentra en Zoe, la títere enana de gran tamaño que hace de los niños sus mejores aliados. Primero los transforma en árboles que trepar; después, los convida a jugar; y al final, los hace estornudar en varias ocasiones.

El pequeño público no duda en colaborar con la simpática enanita.

Una estrella

El conflicto surge cuando Zoe, durante una noche esplendorosa, decide subir hasta lo más alto de Montaña Azul para alcanzar una estrella. El problema: tiene que atravesar el pueblo de los gigantes y éstos tienen fama de comer enanos.

A pesar de eso, Zoe se llena de valor y sube la Montaña Azul.

Aún presa del miedo, la enanita logra escabullirse de las bromas de la rana Juana y llega a su destino. Cuando se afana en alcanzar su tan añorada estrella, Margarito se cruza en su camino y todo se vuelve color de hormiga.

Después de un buen susto, ambos descubren que la imagen que tenían el uno del otro era la equivocada.

Zoe le enseña al gigante a jugar y a disfrutar de la amistad sincera. Ella le ofrece un inesperado regalo: un abrazo. Y en agradecimiento, Margarito le obsequia la estrella que tanto deseaba.

Así sellan su amistad, pese a que ambos pueblos se oponen a ésta. Al final, es la rana Juana quien les muestra que los amigos no valoran las diferencias.

Por supuesto, fueron los espectadores los que consintieron esa relación entre enanos y gigantes.

Interacción. Los niños pudieron tocar a los títeres. Fotos EDH/Herbert Saravia Árboles. Los niños sirvieron de troncos a Zoe.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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