|

Luis Fernández Cuervo*
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Don Sisebuto Lógico Másvender, vecino mío que se
tiene por hombre sensato, realista, probo comerciante, honrado contribuyente
y honesto ciudadano, se ha escandalizado cuando cometí la imprudencia
de decirle que pensaba participar en el próximo Festival Internacional
de Poesía, que comienza en nuestra ciudad el próximo lunes.
Tras una primera exclamación suya, no sé muy bien si de
asombro o de cólera, pasó a soltarme la siguiente andanada
de preguntas, dichas con un tono beligerante no exento de socarronería:
¿Poesía?¿Habla usted de un festival de poesía?¿Poesía
cuando un montón de gente anda chapoteando dentro de sus casas
inundadas?¿Poesía con un volcán que amaga con explotar
uno de estos días?¿Poesía con tanta pobreza, desorden,
delincuencia, violencias de todo tipo, asesinatos... y encima la gasolina
más alta que las nubes?¿Cree usted que el horno está
para pasteles o el cuerpo para tafetanes? ¿No le parece a usted,
estimado vecino, que sería una enorme frivolidad andarse ahora
con ¡poesías!
Don Sisebuto pronunció esa su última palabra, ¡poesías!,
con un tono de verdadero desprecio y, antes de que pudiera contestarle,
me atacó con otra ráfaga de preguntas, esta vez más
comprometedoras: ¿Qué es la poesía?¿Para qué
sirve?¿Qué entiende usted por verdadera poesía?¿Qué
es ser poeta, acaso no son gente irresponsable que va contra el orden
público y las buenas costumbres? Y remachó, para que yo
viera que era hombre ilustrado, que un sabio tan inteligente como Platón
proponía expulsar a todos los poetas de su República perfecta.
La verdad es que, con esa fiera delante, si vi que el horno tal vez no
estuviera para pasteles, pero sí muy dispuesto don Sique-es-bruto
a meterme a mí dentro de su encendido fuego dialéctico,
así que alegando tener urgentes quehaceres cívicos le prometí
contestarle por medio de este artículo, porque el papel en sí
es pacífico y lo aguanta casi todo. Ésta es mi respuesta.
Comenzaré por la pregunta más peligrosa: ¿Qué
es poesía? Y dejaré que otros poetas hablen por mí:
El hombre de los ojos iracundos preguntó: ¿Qué
es poesía?/ El hombre de los ojos limpios miróle profundamente,
sin proferir palabras/ En su mirada había poesía (Roque
Dalton). <¿Qué es poesía?>, dices mientras
clavas/ en mi pupila tu pupila azul./ <¿Qué es poesía?>¿Y
tú me lo preguntas?/ Poesía... eres tú(Gustavo
Adolfo Bécquer). Las cosas tienen misterio, y la poesía
es el misterio de las cosas (Federico García Lorca). Este
núcleo esencial, este elemento vital y dionisiaco que late en el
fondo de la verdadera poesía aun en prosa, y que ésta
posee en común con el hombre mismo, no es otro no puede ser
otro que el MISTERIO (Alberto Guerra Trigueros).
En cuanto a quiénes son los poetas, le contestaré sólo
por la voz de dos de los más grandes poetas de siempre, un francés
y un alemán: Un grito repetido por miles centinelas,/Una
orden devuelta por miles de portavoces;/ Es un faro alumbrando sobre mil
ciudadelas,/ ¡Una llamada de cazadores perdidos en los grandes bosques!/
Pues esto es verdaderamente, Señor, el mejor testimonio/ que nosotros
podemos dar de nuestra dignidad/ este ardiente sollozo que rueda de edad
en edad/¡y que va a morir al borde de vuestra eternidad! (Charles
Baudelaire). Vivo mi vida en círculos que se abren sobre
las cosas, anchos./ Tal vez no lograré cerrar el último
pero quiero intentarlo./ Giro en torno de Dios, antiquísima torre,/
giro hace miles de años/ y todavía no sé si soy un
huracán,/ un halcón o una gran poesía (Rainer
María Rilke).
Me queda responder para qué sirve la poesía. Comenzaré
diciendo que lo que J.R.R. Tolkien atribuye a la literatura en general,
con mayor razón puede decirse en especial de la poesía:
La literatura, al situarnos ante lo bello, permite captar la armonía
profunda de lo real; una armonía que no excluye los contrastes
la experiencia del mal- pero que las asume al mostrar su sentido
en la obra de conjunto.
Y en una de sus cartas señala: Si la literatura enseña
algo es esto: que hay en nosotros un algo eterno, libre de miedo y de
cuidado, y que puede por tanto mirar las cosas que en esta vida llamamos
malas, con serenidad (es decir, no sin dejar de apreciar su condición,
pero sin que puedan perturbar nuestro equilibrio mental).
El poeta Juan Pablo II, en su carta a los artistas, citando a su vez un
documento del Concilio Vaticano II, nos recuerda que este mundo
en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza.
La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de
los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que
une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración.
(...) Por esto el artista, cuanto más consciente es de su
don, tanto más se siente movido a mirar hacia sí mismo y
hacia toda la creación con ojos capaces de contemplar y agradecer,
elevando a Dios su himno de alabanza. Sólo así puede comprenderse
a fondo a sí mismo, su propia vocación y misión.
Adivino que don Sise, cuando lea esto me va a soltar como
un disparo a quemarropa: Bien, todo eso está muy bien pero
no se esconda detrás de esos versificadores, ¿cuál
es su opinión sobre todo eso? Estoy preparado para escurrir el
bulto a esa embestida y darle una media verónica, aunque no soy
torero, diciéndole: Eso lo dejo para el próximo artículo.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de
Hoy. lfcuervo@telemovil.net.

|