elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

La Nota del Día
De las lánguidas a las “mórbidas”

Los médicos advirtieron a las “mammas” que o rebajaban, o sus días en este valle de lágrimas estaban contados

Publicada 3 de octubre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Las pasarelas milanesas, de acuerdo con el Corriere della Sera, están viviendo una revolución de insospechados alcances: en vez de las casi esqueléticas, lánguidas, largas, abúlicas, non sonrientes modelos que acostumbramos a ver, en adelante también desfilarán las de talla 46, las “mórbidas”. La palabra significa “suave” pero no necesariamente “blanda” ni mucho menos, Dios nos salve, “flácida”. “Mórbido” es el colchón mullido, el zapato que no tortura, la suavidad de los bebés y la dulzura del terciopelo.

“Morbidez” y coquetería, gracia terrenal y realidad contemporánea, es lo opuesto a la anorexia. Según antiguas fuentes, la “morbidez” permite al varón sujetarse y no sufrir caídas. Es un estado producto de manjares, voluntades débiles, traviesas calorías, descansos y no agitaciones, genes imperiosos.

Lo que es bello y lo que es más bello son conceptos que varían con el tiempo. Una de las más viejas figuras que se conservan, la “Venus Hotentote”, nos muestra lo que pudo ser el gusto del cavernícola: mujeres muy, muy, muy redondas. O como solía decir don José Madriz y Cobos, de vara y media de alto y tres de ancho. Esos gustos se mantienen a pesar del paso de milenios; en la Polinesia, las gordas desplazan a las delgadas en los harenes reales, sin que hagan papel de reserva alimentaria. Entre los salvadoreños, mientras más gorda la canilla, más apetecible su dueña.

“De gustibus non est disputandum”: si sobre gustos no hay disputas, sobre otras causas puede haber disgustos. Y en esto de los cánones de belleza, hay muchísima tela que cortar. Comenzando por las suculentas modelos del pintor Rubens que hasta hoy ningún modisto habría contratado para exhibir sus creaciones en las pasarelas. Las cosas comenzaron a cambiar cuando la línea de productos Dove de Unilever publicó anuncios usando modelos “más reales”; Nike a su vez inició una campaña “bañando de gloria partes que antes no se mencionaban”, de acuerdo con el New York Times, comenzando por las robustas asentaderas de muchas neoyorquinas. Eso, empero, no quiere decir que las campañas contra la gordura, por predisponer a la diabetes, se van a olvidar.

Cambian tiempos y gustos


Volvamos a Milán. El Corriere nos dice que una de cada tres italianas usa talla 46 o más, que es la 12 estadounidense. Eso no significa, tampoco, que la península va a retomar las tradiciones de las “mammas” clásicas, las que se sentaban en la cabecera de una amplia mesa a repartir los espaguetis. Lo que fue gloria familiar y fundamento social de una civilización que arranca en el 773 a.C., se ve menos y menos; los médicos advirtieron a las “mammas” que o rebajaban, o sus días en este valle de lágrimas estaban contados. Pero rebajar no significa convertirse en una Twiggy, como lo ve cualquiera al admirar los cuerpos de las más connotadas famosas del cine aunque dejando fuera a Paris Hilton, que por cierto no está nada, nada mal.

Veremos hasta cuándo se mueve el péndulo en la nueva dirección. Cada dos generaciones los gustos predominantes cambian, a juzgar por la que fue la espectacular belleza de los Años Cincuenta, Esther Williams, muy atlética, torneada, de hermosas espaldas, redondos brazos y fuertes piernas. Lo contrario de la Naomi.


elsalvador.com WWW