|
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Las pasarelas milanesas, de acuerdo con el Corriere della Sera, están
viviendo una revolución de insospechados alcances: en vez de las
casi esqueléticas, lánguidas, largas, abúlicas, non
sonrientes modelos que acostumbramos a ver, en adelante también
desfilarán las de talla 46, las mórbidas. La
palabra significa suave pero no necesariamente blanda
ni mucho menos, Dios nos salve, flácida. Mórbido
es el colchón mullido, el zapato que no tortura, la suavidad de
los bebés y la dulzura del terciopelo.
Morbidez y coquetería, gracia terrenal y realidad contemporánea,
es lo opuesto a la anorexia. Según antiguas fuentes, la morbidez
permite al varón sujetarse y no sufrir caídas. Es un estado
producto de manjares, voluntades débiles, traviesas calorías,
descansos y no agitaciones, genes imperiosos.
Lo que es bello y lo que es más bello son conceptos que varían
con el tiempo. Una de las más viejas figuras que se conservan,
la Venus Hotentote, nos muestra lo que pudo ser el gusto del
cavernícola: mujeres muy, muy, muy redondas. O como solía
decir don José Madriz y Cobos, de vara y media de alto y tres de
ancho. Esos gustos se mantienen a pesar del paso de milenios; en la Polinesia,
las gordas desplazan a las delgadas en los harenes reales, sin que hagan
papel de reserva alimentaria. Entre los salvadoreños, mientras
más gorda la canilla, más apetecible su dueña.
De gustibus non est disputandum: si sobre gustos no hay disputas,
sobre otras causas puede haber disgustos. Y en esto de los cánones
de belleza, hay muchísima tela que cortar. Comenzando por las suculentas
modelos del pintor Rubens que hasta hoy ningún modisto habría
contratado para exhibir sus creaciones en las pasarelas. Las cosas comenzaron
a cambiar cuando la línea de productos Dove de Unilever publicó
anuncios usando modelos más reales; Nike a su vez inició
una campaña bañando de gloria partes que antes no
se mencionaban, de acuerdo con el New York Times, comenzando por
las robustas asentaderas de muchas neoyorquinas. Eso, empero, no quiere
decir que las campañas contra la gordura, por predisponer a la
diabetes, se van a olvidar.
Cambian tiempos y gustos
Volvamos a Milán. El Corriere nos dice que una de cada tres italianas
usa talla 46 o más, que es la 12 estadounidense. Eso no significa,
tampoco, que la península va a retomar las tradiciones de las mammas
clásicas, las que se sentaban en la cabecera de una amplia mesa
a repartir los espaguetis. Lo que fue gloria familiar y fundamento social
de una civilización que arranca en el 773 a.C., se ve menos y menos;
los médicos advirtieron a las mammas que o rebajaban,
o sus días en este valle de lágrimas estaban contados. Pero
rebajar no significa convertirse en una Twiggy, como lo ve cualquiera
al admirar los cuerpos de las más connotadas famosas del cine aunque
dejando fuera a Paris Hilton, que por cierto no está nada, nada
mal.
Veremos hasta cuándo se mueve el péndulo en la nueva dirección.
Cada dos generaciones los gustos predominantes cambian, a juzgar por la
que fue la espectacular belleza de los Años Cincuenta, Esther Williams,
muy atlética, torneada, de hermosas espaldas, redondos brazos y
fuertes piernas. Lo contrario de la Naomi.

|