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Revisión.
Miguel Hernández, encargado de una de las fincas afectadas,
revisa uno de los cafetos dañados. Hojas, tallos y frutos tienen
quemaduras por la lluvia de la madrugada del domingo. Foto
EDH/Archivo |
José
Alberto Barrera
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Un área de al menos 140 manzanas de terreno cultivado con café
de estricta altura está quemado por la emanación de dióxido
de azufre del volcán Ilamatepec.
Según los técnicos de Procafé (Fundación Salvadoreña
para las Investigaciones del Café), aún no se puede calcular
el monto de los daños porque existe el riesgo de que muchos arbustos
mueran y que los estragos sean notables en más de una cosecha y
por ende se multipliquen los costos.
Panorama
- Según el Servicio Nacional de Estudios Territoriales, SNET,
el volcán presenta
un incremento significativo de la actividad, tanto en el número
de sismos, como en la cantidad de la energía liberada.
- El aumento se detectó desde la noche del sábado 27
de agosto.
- Asociada a esta actividad se forman columnas de gas y vapor que
se levantan entre 500 y mil metros sobre el borde del cráter.
- Un incremento significativo en la emisión de dióxido
de azufre (SO2) ha sido determinada preliminarmente por el equipo
de investigación vulcanológica de la Universidad de
El Salvador. |
El Diario de Hoy constató ayer que las fincas con más quemaduras
son Rosi, San Blas y Santa Elena, ubicadas a por lo menos cinco kilómetros
al sureste del cráter, en el Cantón Palo Campana de Santa
Ana.
Algunos de los pobladores de la zona explicaron que la apariencia del
bosque cafetero cambió radicalmente tras una lluvia con fuertes
vientos que azotó la zona entre la noche del sábado y la
madrugada del domingo.
Las gotas tenían altas concentraciones de dióxido de azufre
(lluvia ácida) y terminaron dañando toda la materia vegetal.
La zona, según algunos testimonios, nunca había registrado
este tipo de fenómenos, dado que los vientos generalmente llevan
los gases emanados por el volcán hacia el suroeste del cráter
(hacia Izalco).
Estragos
Alirio Hernández, agrónomo y administrador de la finca San
Blas, dijo que las quemaduras han afectado aún a las especies de
maleza más resistentes. Para algunos pobladores la zona luce
como si una avioneta hubiese rociado veneno.
Los pronósticos preliminares son desalentadores. Se estima que,
a corto plazo, la zona afectada registrará una sensible baja de
productividad, derivada de la pérdida de follaje.
En seis días el panorama ha cambiado drásticamente.
Creemos que en unos 15 días las hojas de los árboles de
sombra y de los cafetos más dañados caerán al piso,
dijo Hernández.
El agrónomo explicó que más allá de una baja
de productividad, se teme que las plantas mueran envenenadas. Eso elevaría
significativamente los costos económicos.
De acuerdo con Miguel Navas, técnico de Procafé, recuperar
esas plantaciones tardaría varios años.
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Arrasado.
La nube de gases dejó su marca en un área de por lo
menos siete kilómetros cuadrados desde el cráter. No
se
salvó ningún vegetal. Se registran daños en maíz,
frijol y repollo. Foto
EDH/Archivo |
Se estima que algunos de los cafetales de las faldas del volcán
Santaneco tienen cerca de 40 años y aunque no están en su
mejor momento por el abandono sufrido tras la crisis de los precios del
café mantienen niveles promedio de producción cercanos a
los 20 quintales por manzana.
Miguel Hernández, encargado de una de las fincas afectadas, explicó
que una de las mayores preocupaciones es la cercanía de la época
seca (entre octubre y noviembre).
Agregó que por ahora se teme que con el cambio de estaciones los
árboles de sombra que sobrevivan no recuperarán su follaje
con rapidez lo que hará vulnerable a los cafetos, en especial porque
en menos de dos meses comenzarán a soplar los vientos del norte,
los cuales podrían deteriorar a un más a las plantaciones.
Esperanzas
Pese a que los estragos de esta semana preocupan al sector, los daños
no son generalizados.
Según las estadísticas de Procafé, en un radio de
14 kilómetros desde el cráter del volcán santaneco
hay cerca de 56 mil manzanas cultivadas con café y la mayoría
está en buen estado.
Por ejemplo, las plantaciones de la ladera norte están intactos
y se espera que tengan mejores rendimientos los cuales son impulsados
por la ejecución de más labores de mantenimiento, posibles
por la recuperación de los precios internacionales.
Sin embargo, el rubro afronta otro reto: el miedo.
Alirio Hernández dijo que aunque ahora el éxodo de los habitantes
de la zona no es grande, ya es notorio.
La gente tiene miedo y algunos se han ido a otras zonas. Sin embargo,
en poco tiempo podrían marcharse todos y no habrá quien
trabaje las plantaciones, dijo.
Algunos de los pobladores de la falda sudeste del volcán Ilamatepec
dijeron que el fenómeno (la lluvia ácida) por ahora es esporádico
y que no hay mayores impedimentos para que sigan trabajando.
Aún con ese optimismo, algunos de ellos han decidido trasladarse
temporalmente a zonas más alejadas del volcán como el municipio
del Congo y otros a ver con desconfianza al Ilamatepec.
El sabor del agua se tornó muy ácido
Con la repentina incidencia de la lluvia ácida, los pobladores
de los cantones cercanos al cráter del Ilamatepec han afrontado
otros fenómenos como la acidez del agua lluvia, la cual consumen
ante la falta de sistemas potabilizadores.
Edwin González, un adolescente de 14 años, dijo que desde
el domingo el líquido ha tomado un sabor a moho.
Por su parte, Miguel Hernández dijo que después de
la lluvia el sabor del agua se tornó muy ácido, lo
que imposibilita su consumo.
Desde hace unas semanas, los habitantes de la zona reciben pipas con agua
potable. Sin embargo, los cargamentos no llegan a las nuevas zonas con
problemas de lluvia ácida.
La fauna se fue
En la zona más afectada otro de los problemas notorios es la ausencia
de aves e insectos.
Según algunos pobladores, el ambiente cargado, principalmente de
azufre, las ahuyentó.
Ricardo Martínez, uno de los guardaparques del Parque Nacional
Los Volcanes, explicó que desde hace dos meses el azufre ha matado
a venados y otras especies en una de las zonas más cercanas al
cráter (por la ladera norte), un efecto que ha generado la migración
de otros.
El acceso al cráter continúa restringido por el riesgo que
representa.

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