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“Tuve que dejar mis gallinas en la casa”

En los naranjos la policía restringió el paso de vehículos, porque se registraron muchos deslaves. El MOP ya está limpiando la vía.


Publicada 2 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Heridas. Los hermanos Santos recibieron atención médica. Foto EDH

Antolín Escobar/Lissette Ábrego
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Una mañana que no olvidarán jamás. Despertarse y ver que el volcán Ilamatepec, que siempre apreciaron por dimensión y grandiosa belleza, podría convertirse en su peor pesadilla, los dejó en shock.

En cuestión de segundos sintieron que la tierra comenzó a moverse de un lado hacia otro y que la lluvia de ceniza que expulsaba el cráter caía sobre ellos y sus casas.

Mujeres y niños corrían gritando alarmados sin saber qué hacer o qué pertenencias rescatar por si en un momento determinado el coloso tiraba lava, relató una de evacuadas que sufría de crisis nerviosa.

María una pequeña, de siete años, dijo que en la salida de su casa tuvo que dejar a sus gallinas que, por la prisa de salir, no podía cargar hasta el albergue.

“Mi mamá me dijo que no podíamos traerlas porque aquí no había sitio donde estuvieran. No las podía venir cargando y también traer alguna ropa”, expresó la menor.

Traslado. Familias eran resguardadas y guiadas por agentes policiales hacia donde tenían que dirigirse para su protección. Foto EDH

Mientras que Rosa Amelia Santos, otra de las afectadas, indicó que su familia ya estaba preparada para cuando un problema de esta naturaleza se diera. “Ya teníamos la ropa lista pero a la hora de salir corriendo no me pude traer las cosas porque traía a sus hija cargando en brazos y otros menores halados de la mano”. Por ese motivo fue que dos de sus hijos se lastimaron los pies.

“No tuvimos tiempo de espera a que nos llegaran a evacuar porque sabíamos que entre más tarde salíamos de la casa, el problema se haría mucho más grande, así que mis pequeños hijos les tocó que caminar muchos kilómetros para poder llegar aquí”.

La mujer manifestó que el temor al escuchar el gran estruendo salió huyendo hacia el centro, pues pensaba que la lava saldría con rumbo a su casa y quedaría atrapada.

Otra de las quejas que abundaban entre los huéspedes de los refugios es que con la lluvia ácida y el olor al azufre sus animales quizá ya se habrían muerto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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