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| Centenares de personas abandonaron ayer los
alrededores del volcán de Santa Ana, luego de que este erupcionó
y expulsó gas, ceniza y piedras incandescentes.
Foto / Rodolfo Chavarría, especial para el Diario de Hoy |
Óscar
Tenorio
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Centenares de personas abandonaron ayer los alrededores del volcán
de Santa Ana, luego de que este erupcionó y expulsó gas,
ceniza y piedras incandescentes.
En medio de la desesperación y la incertidumbre, las autoridades
informaron a dos personas desaparecidas y al menos diez heridos.
El evento inició a las 8:05 de la mañana, cuando se escucharon
dos grandes explosiones. Inmediatamente, el coloso expulsó las
piedras de hasta un metro de diámetro, que cayeron en los alrededores
del cráter; seguido de una columna de humo que alcanzó unos
diez mil metros (diez kilómetros), de acuerdo a cálculos
del Servicio Nacional de Estudios Territoriales.
Minutos después, la ceniza comenzó a esparcirse en buena
parte del territorio occidental del país y llegó, incluso,
hasta algunos pueblos del departamento de Ahuachapán.
En una de las laderas de la montaña, en el área de Palo
de Campana, se formó un río de ceniza hirviente. En ningún
momento, hubo emanaciones de lava, tal como algunos lo esperaban.
Aturdidos, los pobladores de los cantones aledaños al cráter
del volcán comenzaron a bajar como pudieron, ya que a esa hora
no existían muchos recursos en la zona, como camiones o autobuses,
para evacuar el sector.
En el transcurso de la mañana, el Gobierno, a través del
Comité de Emergencias Nacional (Coen) y de otras instituciones,
comenzó a enviar refuerzos a la montaña, para sacar de allí
lo más pronto posible a los afectados.
Los lugareños fueron llevados a los distintos albergues que habían
sido seleccionados previamente.
Algunos fueron instalados en las siete escuelas de la zona, mientras que
un gran número, unos 800, fueron llevados al Estadio Óscar
Quiteño, en la ciudad de Santa Ana.
Al cierre de esta edición, las autoridades contabilizaban 3 mil
200 damnificados registrados, aunque la cifra podría aumentar considerablemente,
ya que en los alrededores del volcán viven unas 20 mil personas.
Control
Minutos después de iniciada la fase eruptiva, las autoridades de
Gobierno se movilizaron e instalaron un puesto de mando, para coordinar
las medidas a seguir.
En primer lugar, el Coen decretó la alerta roja en una zona de
cuatro kilómetros alrededor del cráter y alerta amarilla,
en fase amarilla, en las poblaciones cercanas.
Debido a la alarma generada, los técnicos del SNET y funcionarios
pidieron a la población mantener la calma, pues el peligro había
pasado.
En tanto, el Presidente de la República, Antonio Saca, quien acudió
al centro de coordinación gubernamental, explicó que lo
primordial era salvar las vidas de los afectados y ubicarlos en lugares
seguros, para proporcionarles abrigo y alimentos.
El dinero para atender esta emergencia saldrá de los presupuestos
normales de las distintas dependencias estatales involucradas, aunque
podrían recurrir al fondo de la Ley de Prevención de Desastres,
de ser necesario.
El mandatario también le pidió a la población mantener
la calma e informarse debidamente a través de los medios de comunicación,
para evitar distorsiones.
Las autoridades de Gobierno también le pidieron a la población,
en especial a los automovilistas, dejar libres las carreteras que conducen
hacia el área crítica, ya que lo sucedido no se trataba
de un espectáculo.
Las personas quieren subir al volcán y lo único que
hacen es entorpecer las labores de evacuación, agregó
el gobernante Saca.
Y mientras se normaliza la situación, los titulares del Ministerio
de Educación han ordenado la suspensión de las clases en
51 escuelas ubicadas en la zona del volcán.
Cálculos
De acuerdo a los primeros informes del SNET, la erupción ocurrida
en el Ilamatepec es considerada de moderada a mediana magnitud.
Durantes esos momentos críticos, los equipos de monitoreo registraron
una vibración de gran magnitud, diferentes a las ocurridas en las
últimas semanas. La estación de San Blas registró
un cambio en las unidades de medida de liberación de energía,
de 44 a 1,368.
Los técnicos advierten que podrían ocurrir deslizamientos,
sobre todo, en la ladera oriental del volcán, contigua al lago
de Coatepeque.
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| Asombro. Habitantes de Juayúa, en Sonsonate,
observan el humo lanzado por el volcán. Foto
EDH |
Aunque algunos funcionarios sostienen que lo peor ya pasó, la
actividad eruptiva en el volcán podría continuar.
El fenómeno desde varios ángulos
Desde el aire
La imagen de la portada de esta edición fue captada por Rodolfo
Andrés Miguel Chavarría, quien realizaba prácticas
de vuelo en una avioneta.
La foto la tomó minutos después de ocurrir la explosión
y la emanación de la enorme columna de humo.
Desde el lago Varios integrantes de la Federación de Remo realizaban
sus prácticas matutinas en el Lago de Coatepeque, cuando ocurrió
la erupción.
Carlos Felipe Flores, quien hacia sus prácticas de remo, corrió
en busca de su cámara digital y tomó varias fotos que se
incluyeron en esta edición.
Desde Tierra En Juayúa se realizaba un festival de bandas de paz
al momento de la emanación.
El periodista Carlos Torres, quien estaba en la zona, captó varias
imágenes impactantes.

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