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Afectadas. Doña Tomasa Flores y sus nietas, Jaqueline y
Kenia, dejan el refugio durante el día para ir a su vivienda.
Foto: EDH/Lissette Monterrosa
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Rhina Ventura
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Doña María Tomasa Flores es una de las habitantes de las
26 viviendas al borde del barranco en la comunidad Santa Marta, en Santa
Tecla, donde todos los años hay erosiones del suelo a causa de
las lluvias.
Ella afirma que vive en la comunidad desde hace 17 años y asegura
que seguirá ahí, a pesar de que está consciente del
peligro que corre por residir en una área que corre peligro a ambos
lados.
Esto, porque la parte trasera de las viviendas colinda con el barranco
que da al lado de la carretera al Puerto de La Libertad, el cual, poco
a poco se derrumba.
Además, frente a ellas está una montaña en erosión
que amenaza con desprender tierra, rocas y árboles.
A sus más de 60 años, doña Tomasa es la responsable
de cuidar a sus dos nietas Jaqueline y Keny, de 8 y 5 años respectivamente.
La madre de las pequeñas murió hace más de un año
y el padre se trasladó a San Salvador para buscar trabajo.
Al igual que los otros niños de la comunidad, ambas niñas
estudian en el Centro Escolar Don Bosco, ubicado a sólo medio kilómetro.
Tengo temor de que si nos trasladan a otro lado, sea muy lejos y
aquí la escuela está cerca, añade doña
Tomasa, al preguntarse que si estaría dispuesta a ser reubicada
a un lugar más seguro que donde vive actualmente.
En albergue
Desde hace siete días, la anciana y sus dos nietas se encuentran
alojadas en el albergue del Centro Escolar Don Bosco, cantón Ayagualo.
Sin embargo, doña Tomasa afirma que durante el día prefiere
ir a su casa para lavar la ropa y bañar a las niñas.
Este albergue también es el hogar temporal de otras ocho familias
que reciben agua, alimentación y asistencia médica de un
grupo de promotores de la alcaldía y la Secretaría Nacional
de la Familia.
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Sin agua. Los habitantes se abastecen de un río cercano.
Foto: EDH/Lissette Monterrosa
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Esta semana recibió víveres. Sin embargo, existen carencias
que no puede suplir el albergue, como la comodidad e intimidad que las
familias tienen en sus hogares.
Son 25 niños de diferentes edades los que ahí se encuentran
y han hecho de la escuela su segundo hogar. Muchos incluso han llevado
sus juguetes para compartir con sus amiguitos.
Las madres permanecen en el albergue todo el día, mientras que
los hombres se van a los trabajos desde la mañana y regresan por
la noche.
No se sabe cuánto tiempo permanecerán en la escuela, ya
que se pronostican precipitaciones para este fin de semana.
Otros habitantes de la comunidad prefirieron quedarse en sus casas por
el temor a perder sus pertenencias.
Una de ellas es doña Trinidad Nieto, quien aseguró que su
familia no se movió, porque sólo las primeras viviendas
corren peligro.
Su preocupación, por el momento, es que los niños están
perdiendo las clases, porque en el centro escolar, en lugar de pupitres,
hay colchonetas.
Características de la comunidad
- Son 250 los habitantes de la Santa Marta. En su mayoría son niños.
- El asentamiento se encuentra en el kilómetro 14 de la carretera
al Puerto de La Libertad.
- Está conformada por 45 viviendas y 26 se
encuentran en riesgo por el desprendimiento del terreno.
- Todos los años se registran derrumbes en la zona, pero los residentes
no dejan sus humildes viviendas.
- Los vecinos no poseen título de propiedad, ya que se han asentado
en una calle abandonada.
- Nueve familias se encuentran en un albergue temporal.
Residentes viven en zona de riesgo por la falta de opciones
Cada año los habitantes de la comunidad Santa Marta viven el mismo
drama: amenaza con perder sus casas por derrumbes.
Este invierno no fue la excepción, debido a que sólo en
septiembre se registraron dos desprendimientos de tierra, lo que ocasionó
daños graves en cinco viviendas. Otras 21 podrían correr
la misma suerte si continúa el mal tiempo.
Los residentes aseguran que siguen en la zona, porque no tienen otra alternativa
de vivienda.
Se han apoderado del lugar, a pesar de que no tienen ningún título
de propiedad que garantice su estadía.
La mayoría de los habitantes se asentó en la comunidad en
la época del conflicto armado que vivió el país en
los años 80. Ahí nacieron y crecieron sus hijos.
Otros, en cambio, compraron las casas, es decir, sólo las puertas,
techo, ventanas y paredes que las sostienen, porque el terreno es propiedad
del Estado.
Las condiciones en las que viven podrían ser desventajosas para
otras personas, pero los habitantes de la Santa Marta consideran que tienen
ventajas comparadas con otras comunidades. Así cuentan con luz
eléctrica y una escuela cercana, pero no tienen agua potable.

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