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Óscar
Rodríguez Blanco, s. d.b.*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Hoy se inaugura, en la Ciudad del Vaticano, la XI Asamblea General Ordinaria
del Sínodo de los Obispos, que finalizará el 23 de octubre.
La palabra sínodo expresa la idea de caminar
juntos y se considera como una institución permanente, creada
por el Papa Pablo VI en 1965, en respuesta a la solicitud que le hicieron
los obispos que participaron en el Concilio Vaticano II, para mantener
vivo el espíritu de colegialidad que nació en la experiencia
conciliar.
En una asamblea sinodal, los participantes se intercambian información
y comparten experiencias sobre algún tema, previamente elegido
por el Papa, buscando las mejores soluciones pastorales que puedan ser
aplicadas en todo el mundo, para el bien de la iglesia. Para esta ocasión,
el recordado Papa Juan Pablo II, después de haber consultado a
las diversas conferencias episcopales del mundo, a las Iglesias orientales,
a los dicasterios de la curia romana y a la unión de superiores
generales de religiosos y religiosas, escogió como tema: La
eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de
la iglesia.
El sínodo es siempre de los obispos, pero el Papa puede invitar
a otros obispos, que no han sido delegados por las conferencias episcopales
de sus países, o a sacerdotes y laicos que puedan aportar sus propias
reflexiones. Para esta ocasión, Su Santidad Benedicto XVI ha invitado
a varios obispos y sacerdotes que representan diversas regiones del mundo.
Centro América, además de los delegados de cada una de las
conferencias episcopales, tiene como invitado especial al cardenal nicaragüense,
Miguel Obando y Bravo.
Lastimosamente el Gobierno de China comunista ha negado el permiso a cuatro
obispos que han sido invitados por el Papa para este sínodo, alegando
motivos de salud o de edad, así como las relaciones que existen
entre la Santa Sede y Taiwán.
Lo mismo pasó en 1998, cuando Juan Pablo II invitó a dos
obispos chinos, se les negó el permiso.
Hasta el momento, se han realizado 10 asambleas generales ordinarias de
carácter universal, en las que los obispos delegados han reflexionado
sobre temas de gran importancia para la vida de la iglesia y del mundo:
La familia, los fieles laicos, la evangelización, la vida consagrada,
el papel de los obispos en la iglesia y otros. Distinto son los sínodos
continentales que se han realizado en los cinco continentes. Todos los
sínodos han dado a la iglesia excelentes exhortaciones que el Papa
ha confirmado con su autoridad.
La eucaristía es la cumbre de la iniciación
cristiana y de la vida apostólica. La iglesia no puede vivir sin
eucaristía, es el alimento indispensable para su vida y su misión.
El año eucarístico que hemos estado viviendo, nos ha ayudado
a conocer y amar más a Cristo, y como nos dice Juan Pablo II, un
nuevo vigor de la vida cristiana pasa por la eucaristía.
El sínodo abordará la urgencia que tenemos los católicos
de tener una profunda comprensión de lo que significa la eucaristía,
para que todos y cada uno de nosotros recibamos el cuerpo y la sangre
de Cristo con la debida preparación y reconciliación espiritual.
Para muchos cristianos, la eucaristía es sólo cumplir con
el precepto festivo de participar en la misa; la eucaristía es
algo mucho más profundo.
En la carta encíclica Ecclesia de Eucharistía,
leemos que la eucaristía es la fuerza que nos transforma y nos
hace fuertes en las virtudes. Ella da impulso a nuestro camino histórico,
poniendo una semilla de viva esperanza en la dedicación cotidiana
de cada uno a sus propias tareas, en la familia, en el trabajo, en el
compromiso político. La misión de cada uno en la iglesia
recibe fuerza y confianza de esta connotación social de la eucaristía
(AAS 95). La eucaristía es presencia viva de Cristo en la iglesia:
Yo soy el pan que ha bajado del cielo (Jn 6, 41), su
carne es verdadera comida y su sangre es verdadera bebida (Jn 6,55).
El sínodo nos hablará seguramente de los aspectos positivos
que tiene la celebración eucarística, pero también
nos hará conciencia de la responsabilidad que tenemos frente a
este misterio, nos cuestionará sobre la grave situación
en que están algunos cristianos, que pretenden recibir la eucaristía
sosteniendo en público opciones que cristianamente son insostenibles,
como por ejemplo, querer recibir la comunión negando algunas enseñanzas
de la iglesia con relación al aborto, al matrimonio como sacramento,
el derecho a la vida, la eutanasia, etc.
Además de darnos abundante doctrina bíblica sobre la eucaristía,
esperamos que el sínodo nos hable de la correcta participación
en la celebración eucarística, del acto penitencial antes
de la misa, de la palabra del Señor, de las plegarias eucarísticas,
de la preparación a la comunión, del decoro que debe tener
toda celebración, de la oración, el canto, la música
sagrada y de muchos otros aspectos que son de vital importancia para la
vida cristiana.
*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora
(Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com

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