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El Salvador en Perspectiva
Los desastres fortuitos

El jefe de FEMA goza de la misma categoría que tiene un secretario de Estado y tiene amplios poderes, sujetos únicamente a la voluntad del Presidente de la República.

Publicada 2 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los huracanes Katrina y Rita, que devastaron la ciudad de Nueva Orleans y sectores importantes de Luisiana, Texas y Misisipi, han recordado a todos lo poco que se puede hacer cuando la naturaleza se enfurece.

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), ha sido criticada acerbamente por lo que los medios informativos calificaron como una lenta evacuación de las víctimas de sus casas inundadas y refugiadas posteriormente en el Superdome, y que provocó la muerte de centenares de personas, quienes con una pronta atención se hubieran salvado.

El ex jefe de FEMA, Michael D. Brown, un renombrado político, quien renunció una semana después del azote que inundó a Nueva Orleans, culpó a los malos entendidos entre la gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco, y el alcalde de la ciudad, C. Ray Nagin, por los atrasos.

Fue llamado por un Comité Especial de la Cámara de Representantes, a responder por lo que calificaron de mal manejo de la crisis.

El jefe de FEMA goza de la misma categoría que tiene un secretario de Estado y tiene amplios poderes, sujetos únicamente a la voluntad del Presidente de la República.

Sus atribuciones son tales que los enemigos políticos de ambos partidos lo califican de una dictadura latente. Citan el caso de Iraq como un ejemplo de hacer la guerra sin declararla.

La Agencia tiene la obligación de hacerse cargo de una emergencia causada por un desastre, una guerra o un ataque terrorista. Responsabilidades que anteriormente se repartían entre docenas de oficinas federales, gobiernos estatales, municipales y autónomas se consolidaron en la FEMA durante la administración de Jimmy Carter.

La FEMA tiene la responsabilidad de mitigar los daños de los desastres, de supervisar las medidas preventivas para evitar nuevos desastres, responder a las necesidades inmediatas humanitarias y materiales de las víctimas y colaborar en la reconstrucción, recuperación y reparación de lo dañado.

FEMA tiene alrededor de 3,000 empleados y un presupuesto anual de $1 billón, que no cubre ni siquiera la centésima parte del costo de los daños causados por los huracanes Katrina y Rita.

El ex jefe de la FEMA, al presentarse ante el Comité Especial de la Cámara de Representantes el 26 de septiembre, confesó que había cometido algunos errores en el manejo de la emergencia, pero se defendió alegando que ésta se había acerbado por la política interna del Estado de Luisiana.

Refirió que muchas de las quejas dirigidas contra la Agencia eran injustas y maliciosas. Terminó diciendo que lo que más lamentaba era que no pudo lograr que la gobernadora Blanco y el alcalde Nagin se reunieran para reconciliar sus diferencias.

El Comité Especial de la Cámara de Representantes no publicó ninguna conclusión acerca del interrogatorio del ex jefe del FEMA, no lo censuró públicamente, y como ya había renunciado, tampoco inició ningún proceso en su contra.

Pero el Presidente George W. Bush fue severamente criticado por el nombramiento de Michael D. Brown y por la tardanza del Gobierno Federal en acudir en ayuda de las víctimas.

Un miembro de la Comisión declaró que el nombramiento de Brown tenía motivos puramente políticos, ya que su experiencia y preparación no le capacitaba para desempeñar tan delicado puesto, y que la triste experiencia y la difícil situación presente lo comprobaba.

Por otro lado, las repetidas visitas del Presidente Bush han demostrado su alto interés en movilizar los recursos del Gobierno para servir al área y a las víctimas.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.



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