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Freno. Las rigurosas legislaciones ambientales han disminuido el
desarrollo de proyectos de este tipo en 20 años. EE.UU. cerró
149 refinerías pequeñas. Foto
EDH
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The New York Times
Jad Mouawad c.
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Durante años, analistas y ejecutivos de la industria temían
las consecuencias de que una tormenta azotara la línea costera
entre Texas y Alabama, donde se concentra la mitad de las refinerías
de Estados Unidos.
Katrina confirmó las peores predicciones. Causó daños
a lo largo de los estados costeros, ahogando a Nueva Orleans y dejando
incontables muertos, la tormenta paralizó casi toda la producción
de petróleo y gas en el mar durante más de una semana.
Sin embargo, aún más crucial es que cerró una docena
de refinerías en el momento de mayor demanda de verano, elevando
los precios de la gasolina y el gas natural a precios sin precedentes.
Las repercusiones demostraron hasta qué grado el sistema de refinerías
ha operado cerca del precipicio, aún antes de la tormenta.
La última refinería estadounidense fue construida hace casi
30 años, con solamente una nueva actualmente en construcción.
Como consecuencia, aunque los precios del crudo regresaron a su nivel
anterior a Katrina, se espera que el precio de la gasolina, el petróleo
para calefacción, el diésel y el combustible para aviones
se mantengan elevados por más tiempo.
Al tope
Hay ahora una enorme comprensión de que no tenemos mucha
capacidad adicional, afirmó Edward H. Murphy, un especialista
en refinerías del Instituto del Petróleo de los Estados
Unidos.
El rápido ascenso de los precios del petróleo, en los dos
últimos años, se tradujo en un auge para las refinerías
después de muchos años de míseras ganancias.
Este año, el margen de refinado (la diferencia entre el costo de
comprar petróleo crudo y la venta de productos refinados) superó
los 20 dólares por barril, el cual contrastó con el promedio
de seis dólares que se mantuvo durante mucho tiempo.
Bob Slaughter, presidente de la Asociación Nacional Petroquímica
y de Refinería, explicó que lo que sucedió
puede ser explicado por el mayor costo del crudo, las dificultades para
construir nuevas refinerías y el desastre que atravesó el
corazón de la industria.
Actualmente cuatro grandes refinerías, propiedad de Chevron, ExxonMobil,
ConocoPhillips y Murphy Oil, se encuentran aún inundadas o sin
energía eléctrica, y es probable que permanezcan inactivas
durante semanas.
En conjunto, su producción es de 880 mil barriles de petróleo
diarios (cinco por ciento de la producción estadounidense).
Es muy significativo, afirmó Colm McDermott, un analista
petrolero de John S. Herold Inc. La pérdida es igual a uno por
ciento de la capacidad de refinado del mundo.
Incertidumbre
Pero incluso, mientras la producción de petróleo y gas se
reanuda, el tiempo que tardarán las refinerías en volver
a trabajar a toda su capacidad será un factor clave para determinar
cuánto tiempo permanecerán los precios altos.
Las parálisis de las refinerías produjo una respuesta internacional
de las naciones industrializadas, que enviaron abastos de emergencia de
petróleo y gasolina a los Estados Unidos, para compensar la escasez.
Pero esa es una solución temporal para una crisis que esperó
durante años.
Desde la década de los 80, el número de refinerías
en los Estados Unidos fue reducido a la mitad. Desde un máximo
de 324 en 1981, la industria se encogió hasta 149 al cerrar las
refinerías más pequeñas y menos eficientes y rentables,
antes protegidas por el control de los precios.
La capacidad de refinamiento disminuyó un 10 por ciento, hasta
17 millones de barriles diarios, mientras que el consumo de petróleo
creció 33 por ciento en el mismo periodo de 24 años, hasta
20.8 millones de barriles diarios.
Entretanto, las refinerías han aumentado su capacidad para convertir
petróleo crudo en productos útiles; la eficiencia mejoró
27 por ciento entre 1981 y 2004.
Pero, la diferencia debe ser compensada con importaciones directas de
productos refinados. La importación de gasolina asciende actualmente
a un millón de barriles diarios.
Al disminuir las cifras, la mayoría de las refinerías restantes
ampliaron sus plantas y agregaron equipo para procesar más petróleo.
Muchas refinerías trabajan al 95 por ciento de su capacidad, un
nivel peligroso que condujo a un creciente número de accidentes
en años recientes.
Tradicionalmente, el margen de ganancia para las refinerías ha
sido en promedio de seis por ciento, un índice demasiado bajo para
alentar a nuevas inversiones. A esto se agrega el largo proceso implicado
en conseguir los permisos de las entidades estatales y federales.
Otro problema que ha frenado la expansión, según la industria,
fue el costo de cumplir de los reglamentos ambientales dictados en los
90 bajo la Ley del Aire Limpio.
El Instituto del Petróleo estima que las refinerías han
gastado 47 mil millones de dólares en los pasados 10 años
para cumplir.
Para la mayoría de las compañías ha sido más
barato aumentar la capacidad de refinado mediante adquisiciones, en vez
de algún nuevo proyecto. En otras partes del mundo, algunos productores
de petróleo planean construir nuevas refinerías. Arabia
Saudita es uno de ellos.
No podemos seguir produciendo petróleo sin refinerías,
declaró Ali Al-Naimi, el ministro del petróleo saudita,
al boletín Petroleum Argus, hace unos meses. Hay un límite.

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