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Una época peligrosa para las refinerías
de EE.UU.

Impacto. Katrina agudizó un problema energético mundial: falta capacidad de procesamiento del crudo


Publicada 28 de septiembre 2005 , El Diario de Hoy

Freno. Las rigurosas legislaciones ambientales han disminuido el desarrollo de proyectos de este tipo en 20 años. EE.UU. cerró 149 refinerías pequeñas. Foto EDH


The New York Times
Jad Mouawad c.
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com


Durante años, analistas y ejecutivos de la industria temían las consecuencias de que una tormenta azotara la línea costera entre Texas y Alabama, donde se concentra la mitad de las refinerías de Estados Unidos.

Katrina confirmó las peores predicciones. Causó daños a lo largo de los estados costeros, ahogando a Nueva Orleans y dejando incontables muertos, la tormenta paralizó casi toda la producción de petróleo y gas en el mar durante más de una semana.

Sin embargo, aún más crucial es que cerró una docena de refinerías en el momento de mayor demanda de verano, elevando los precios de la gasolina y el gas natural a precios sin precedentes.

Las repercusiones demostraron hasta qué grado el sistema de refinerías ha operado cerca del precipicio, aún antes de la tormenta.

La última refinería estadounidense fue construida hace casi 30 años, con solamente una nueva actualmente en construcción.

Como consecuencia, aunque los precios del crudo regresaron a su nivel anterior a Katrina, se espera que el precio de la gasolina, el petróleo para calefacción, el diésel y el combustible para aviones se mantengan elevados por más tiempo.

Al tope


“Hay ahora una enorme comprensión de que no tenemos mucha capacidad adicional”, afirmó Edward H. Murphy, un especialista en refinerías del Instituto del Petróleo de los Estados Unidos.

El rápido ascenso de los precios del petróleo, en los dos últimos años, se tradujo en un auge para las refinerías después de muchos años de míseras ganancias.

Este año, el margen de refinado (la diferencia entre el costo de comprar petróleo crudo y la venta de productos refinados) superó los 20 dólares por barril, el cual contrastó con el promedio de seis dólares que se mantuvo durante mucho tiempo.

Bob Slaughter, presidente de la Asociación Nacional Petroquímica y de Refinería, explicó que “lo que sucedió puede ser explicado por el mayor costo del crudo, las dificultades para construir nuevas refinerías y el desastre que atravesó el corazón de la industria”.

Actualmente cuatro grandes refinerías, propiedad de Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips y Murphy Oil, se encuentran aún inundadas o sin energía eléctrica, y es probable que permanezcan inactivas durante semanas.

En conjunto, su producción es de 880 mil barriles de petróleo diarios (cinco por ciento de la producción estadounidense).

“Es muy significativo”, afirmó Colm McDermott, un analista petrolero de John S. Herold Inc. La pérdida es igual a uno por ciento de la capacidad de refinado del mundo.

Incertidumbre


Pero incluso, mientras la producción de petróleo y gas se reanuda, el tiempo que tardarán las refinerías en volver a trabajar a toda su capacidad será un factor clave para determinar cuánto tiempo permanecerán los precios altos.

Las parálisis de las refinerías produjo una respuesta internacional de las naciones industrializadas, que enviaron abastos de emergencia de petróleo y gasolina a los Estados Unidos, para compensar la escasez. Pero esa es una solución temporal para una crisis que esperó durante años.

Desde la década de los 80, el número de refinerías en los Estados Unidos fue reducido a la mitad. Desde un máximo de 324 en 1981, la industria se encogió hasta 149 al cerrar las refinerías más pequeñas y menos eficientes y rentables, antes protegidas por el control de los precios.

La capacidad de refinamiento disminuyó un 10 por ciento, hasta 17 millones de barriles diarios, mientras que el consumo de petróleo creció 33 por ciento en el mismo periodo de 24 años, hasta 20.8 millones de barriles diarios.

Entretanto, las refinerías han aumentado su capacidad para convertir petróleo crudo en productos útiles; la eficiencia mejoró 27 por ciento entre 1981 y 2004.

Pero, la diferencia debe ser compensada con importaciones directas de productos refinados. La importación de gasolina asciende actualmente a un millón de barriles diarios.
Al disminuir las cifras, la mayoría de las refinerías restantes ampliaron sus plantas y agregaron equipo para procesar más petróleo.

Muchas refinerías trabajan al 95 por ciento de su capacidad, un nivel peligroso que condujo a un creciente número de accidentes en años recientes.

Tradicionalmente, el margen de ganancia para las refinerías ha sido en promedio de seis por ciento, un índice demasiado bajo para alentar a nuevas inversiones. A esto se agrega el largo proceso implicado en conseguir los permisos de las entidades estatales y federales.

Otro problema que ha frenado la expansión, según la industria, fue el costo de cumplir de los reglamentos ambientales dictados en los 90 bajo la Ley del Aire Limpio.

El Instituto del Petróleo estima que las refinerías han gastado 47 mil millones de dólares en los pasados 10 años para cumplir.

Para la mayoría de las compañías ha sido más barato aumentar la capacidad de refinado mediante adquisiciones, en vez de algún nuevo proyecto. En otras partes del mundo, algunos productores de petróleo planean construir nuevas refinerías. Arabia Saudita es uno de ellos.

“No podemos seguir produciendo petróleo sin refinerías”, declaró Ali Al-Naimi, el ministro del petróleo saudita, al boletín Petroleum Argus, hace unos meses. “Hay un límite”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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