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El Diario de
Hoy
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Se les acabó la fiesta, es la frase recurrente que pronuncian
en múltiples ocasiones funcionarios de Gobierno, al prometer el
fin de las pandillas.
Sin embargo, las estadísticas muestran lo contrario, los dwlitos
se multiplican mientras la mayoría de detenidos es liberada por
los tribunales de justicia.
Desde que las pandillas se convirtieron en las principales promotoras
de la violencia, la policía y los encargados de diseñar
los planes de seguridad le han apostado a la aplicación de la ley,
como principal mecanismo de solución.
Debido a la inmediatez de los actos delincuenciales y al crecido numero
de delincuentes la prevención y la rehabilitación han estado
relegados a proyectos de menor escala.
La apuesta del Gobierno tomó mayor vigor el 23 de julio de 2003,
cuando el ex Presidente de la República, Francisco Flores, lanzó
el plan Mano Dura en la colonia Dina, al sur de San Salvador,
con la promesa de erradicar las pandillas que operaban en esa zona y en
todo el país.
| Entre
la ley y la Constitución |
El
plan Mano Dura fue inauugurado el 23 de julio de 2003 por el ex Presidente
Francisco Flores, en la Colonia Dina, ubicada al sur de San Salvador.
Tres meses después, el 9 de octubre de 2003, la Asamblea Legislativa
aprobó la Ley Antimaras, que establecía varias reformas
que endurecían el control de los pandilleros.
La normativa tendría una vigencia de seis meses (del 10 de
octubre de 2003 al 10 de abril de 2004). Justo nueve días antes
de que caducará la ley, la corte Suprema de Justicia (CSJ)
la declaró inconstitucional.
Ese mismo día, el Gobierno envió otra propuesta de ley
contra las pandillas al Congreso, que de inmediato la aprobó.
Su vigencia, 90 días. |
Simultáneamente, el Presidente Flores envió a la Asamblea
Legislativa el proyecto de la Ley Antimaras, que fue aprobado
el nueve de octubre de 2003. La normativa establecia un mayor control
y sanciones mas severas para los pandilleros.
De inmediato, la policía - apoyada por la Fuerza Armada- comenzó
a capturar a decenas de pandilleros, sin embargo, el impulso comenzó
a perder fuerza a los pocos días, cuando la mayoría delos
padilleros fue liberada por los tribunales que adujeron falta de pruebas.
Desde entonces, esa ha sido la dinámica en el sistema judicial.
Al 30 de agosto de 2004, un año después de que entró
en vigencia el plan Mano Dura, se registró la captura
de 19 mil 275 personas, acusadas de pertenecer a las pandillas. De ese
total, 17 mil 540 (el 91 por ciento) fueron liberados casí inmediatamente.
De ellos, 16 mil 191 (el 84 por ciento) fueron absueltos de cargos de
manera definitiva por no existir motivos para su detención. Mientras
que mil 349 fueron sobreseídos provisionalmente, porque no existían
pruebas suficientes, segun publicaciones de los principales periódicos
matutinos y retomados por la Fundación de Estudios para la Aplicación
del Derecho (Fespad) en el Informe Anual 2004.
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La tendencia anterior ha sido similar en el último año,
desde que entró en vigencia el nuevo plan Súper Mano
Dura, que es parte del plan de Gobierno País Seguro
anunciado por la administración Saca.
Los otros componentes de esta iniciativa son el Plan Mano Amiga,
disenado para prevenir y el Plan Mano Extendida, para rehabilitar.
De acuerdo con datos proporcionados por la PNC, a partir del 9 de
agosto del presente año (2004), día en que entraron en vigencia
las nuevas reformas penales hasta el 12 de octubre de 2004, han capturado
a 2,067 miembros de pandillas, prosigue el informe de Fespad.
De este total, 894 (el 43 por ciento) pasó a la etapa de instrucción
con detención. Un total de 477 (el 23 por ciento) fue sobreseído
provisionalmente. En tanto que a 302 (el 15.6 por ciento) les decretaron
medidas sustitutivas a la detención. Muchos de esos pandilleros
fueron acusados de asociaciones ilícitas.
Reflexiones
En su momento esas liberaciones provocaron malestar en funcionarios de
Gobierno, ya que consideraban que los capturados aún siendo una
amenaza para la sociedad, habían sido favorecidos en los tribunales
de Justicia.
Y lo más grave aún, muchos de esos pandilleros fueron detenidos
tiempo después, por la comisión de delitos más graves.
Sin embargo, la respuesta de algunos administradores de justicia ha sido
la misma: mientras no existan las pruebas suficientes (que van desde evidencias
físicas hasta testimonios) no pueden procesar a nadie, porque de
lo contrario violarían los principios básicos de la Constitución
de la República.
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| súper mano dura Desde que
entró en vigencia el plan, la tendencia de capturas aumentó.
Foto EDH |
En este sentido, los mismos jueces, abogados y representantes de diferentes
organismos consideran que la Policía y la Fiscalía Genaral
de la República han cometido un gran error al no perseguir adecuadamente
el delito.
Es decir, que mientras no exista una investigación bien fundamentada
y las suficientes pruebas, los pandilleros serán liberados con
facilidad como ha ocurrido.
Para María Teresa Mejía, de la Oficina para la Justicia
Juvenil, de la Corte Suprema de Justicia, una cosa es la percepción
y otra es la realidad, al referirse a lo que la gente piensa en
la comunidades, lo que el Gobierno divulga y lo que realmente ocurre.
Con respecto a las reformas al Código Penal, para endurecer las
penas contra los mareros, considera que el problema no se resuelve
por medio de decretos, por lo que debería hacerse un enfoque
más estructural del fenómeno y, así, encontrar otros
caminos que constribuyan a salir de la maraña.
El problema de la violencia nunca se ha tratado seriamente,
concluye y remata: Si hace viente años hubiéramos
trabajado en la prevención, no estariamos así.

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