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El alto precio de hacer frente a Vladimir Putin

Dominio. El presidente ruso ha neutralizado a la oposición en el Parlamento, reprimido a los medios noticiosos, y ha consolidado todo el poder político


Publicada 28 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Después de criticar fuertemente a Putin (derecha), el ex primer ministro Mijail M. Kasyanov (abajo) y el ex campeón de ajedrez Garry Kasparov (izquierda) han sido víctimas de todo tipo de investigaciones y persecuciones. Foto The New York Times


The New York Times
Steve Lee Myers
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

MOSCÚ. El Presidente Vladimir Putin habló orgullosamente en Naciones Unidas de usar a “la sociedad civil, los medios masivos, la cooperación cultural y humanitaria”, para afrontar al espectro del terrorismo, y provocó risas en la Casa Blanca cuando un periodista expresó que su mandato y el del gobernante George W. Bush terminarían en 2008. “¿Ya nos están despidiendo?”, preguntó. “Aún queremos trabajar”.

En Rusia, esas declaraciones sobre la sociedad civil tienen un sonido diferente, y la pregunta de qué sucederá en 2008 no es una broma.

De hecho, las perspectivas para la democracia rusa cuando termine el mandato de Putin dentro de tres años ya están tomando forma como la mayor prueba en este país del más básico de los principios democráticos: que el poder cambie de manos periódicamente en elecciones libres y justas.

Los signos hasta ahora no son prometedores.
Putin ha dicho repetidamente que no cambiaría la constitución para que le permitan permanecer en el poder después de 2008, pero la idea se niega a morir. Legisladores en toda Rusia han estado tropezando unos con otros para proponer enmiendas constitucionales que resuelvan lo que ha llegado a conocerse como el “problema de 2008”.

El “problema” es que muchos rusos –60 por ciento de ellos, según un sondeo este mes– preferirían no verlo partir. Pero quizá no tenga que permanecer en la presidencia para retener el poder. Putin ha neutralizado tanto a la oposición en el parlamento, reprimido tanto a los medios noticiosos, consolidado tanto el poder político, que la cuestión de decidir quién lo sucederá probablemente radicará totalmente en sus propias manos.

Ya ha sugerido que ungiría a un sucesor, repitiendo, y probablemente preservando, el proceso por el cual él asumió el poder. Cuando Boris N. Yeltsin renunció a fines de 1999, hizo de Putin presidente interino y luego dedicó todo el peso de los recursos del Gobierno a asegurar la elección de Putin.

Ahora, nadie que quiera seguir trabajando con Putin se ha atrevido a declarar la intención de postularse, paralizando efectivamente cualquier debate público sobre quiénes podrían ser los mejores candidatos.

Se ha dejado a dos críticos con poco apoyo público aparente –el ex campeón de ajedrez Garry Kasparov y el ex primer ministro Mijail M. Kasyanov, quien declaró su intención de postularse para presidente la semana pasada–, el ponerse de pie y tener una probada de lo que podrían afrontar en una campaña.

Desde que empezó a criticar a Putin este verano, Kasyanov ha afrontado una investigación criminal sobre acusaciones de que adquirió impropiamente una cabaña de verano propiedad del Gobierno con un gran descuento.

La investigación fue instigada por un periodista que también es diputado parlamentario del partido leal al Kremlin.

Y Kasparov, quien ha estado recorriendo el país durante gran parte del año, pero no ha declarado una intención formal de postularse, ha sido hostigado por las autoridades regionales, le han arrojado huevos y ha sido atacado con un tablero de ajedrez.

“Soy afortunado”, dijo Kasparov tras el último ataque, “de que el deporte popular en la Unión Soviética fuera el ajedrez y no el béisbol”.

Kasparov, quien se retiró del ajedrez profesional este año para dedicarse a oponerse a Putin, parece tan valiente como lo era como jugador.

En pequeñas reuniones, con hombres y mujeres de negocios y políticos locales escépticos, ha atacado implacablemente a Putin como autócrata y denunciado sus políticas como una amenaza no sólo para los valores democráticos, sino también para el bienestar económico y social del país.

“Estoy avergonzado”, gritó una y otra vez después de que un asistente en Nizhny Novgorod sugirió que Rusia necesitaba ser gobernada con puño estalinista; enlistó la corrupción, el terrorismo y otras evidencias de las debilidades del país que ha surgido bajo el régimen de Putin.

Su objetivo inmediato, indicó, es reunir a los comprometidos con la democracia; en las calles, si es necesario, como lo han hecho votantes desatendidos en Ucrania, Georgia y Kirguistán, todas repúblicas ex soviéticas que han experimentado levantamientos populares.

“No tiene caso discutir hoy quién se postulará y cómo”, aseveró Kasparov ante una pequeña reunión en Ulyanovsk, lugar de nacimiento de Vladimir Lenin. “En mi opinión, la forma en que votemos no es lo principal”, detalló. “Lo principal es nuestra disposición a defender nuestros votos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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