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Después de criticar fuertemente a Putin (derecha),
el ex primer ministro Mijail M. Kasyanov (abajo) y el ex campeón
de ajedrez Garry Kasparov (izquierda) han sido víctimas de
todo tipo de investigaciones y persecuciones.
Foto The New York Times
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The New York Times
Steve Lee Myers
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
MOSCÚ. El Presidente Vladimir Putin habló orgullosamente
en Naciones Unidas de usar a la sociedad civil, los medios masivos,
la cooperación cultural y humanitaria, para afrontar al espectro
del terrorismo, y provocó risas en la Casa Blanca cuando un periodista
expresó que su mandato y el del gobernante George W. Bush terminarían
en 2008. ¿Ya nos están despidiendo?, preguntó.
Aún queremos trabajar.
En Rusia, esas declaraciones sobre la sociedad civil tienen un sonido
diferente, y la pregunta de qué sucederá en 2008 no es una
broma.
De hecho, las perspectivas para la democracia rusa cuando termine el mandato
de Putin dentro de tres años ya están tomando forma como
la mayor prueba en este país del más básico de los
principios democráticos: que el poder cambie de manos periódicamente
en elecciones libres y justas.
Los signos hasta ahora no son prometedores.
Putin ha dicho repetidamente que no cambiaría la constitución
para que le permitan permanecer en el poder después de 2008, pero
la idea se niega a morir. Legisladores en toda Rusia han estado tropezando
unos con otros para proponer enmiendas constitucionales que resuelvan
lo que ha llegado a conocerse como el problema de 2008.
El problema es que muchos rusos 60 por ciento de ellos,
según un sondeo este mes preferirían no verlo partir.
Pero quizá no tenga que permanecer en la presidencia para retener
el poder. Putin ha neutralizado tanto a la oposición en el parlamento,
reprimido tanto a los medios noticiosos, consolidado tanto el poder político,
que la cuestión de decidir quién lo sucederá probablemente
radicará totalmente en sus propias manos.
Ya ha sugerido que ungiría a un sucesor, repitiendo, y probablemente
preservando, el proceso por el cual él asumió el poder.
Cuando Boris N. Yeltsin renunció a fines de 1999, hizo de Putin
presidente interino y luego dedicó todo el peso de los recursos
del Gobierno a asegurar la elección de Putin.
Ahora, nadie que quiera seguir trabajando con Putin se ha atrevido a declarar
la intención de postularse, paralizando efectivamente cualquier
debate público sobre quiénes podrían ser los mejores
candidatos.
Se ha dejado a dos críticos con poco apoyo público aparente
el ex campeón de ajedrez Garry Kasparov y el ex primer ministro
Mijail M. Kasyanov, quien declaró su intención de postularse
para presidente la semana pasada, el ponerse de pie y tener una
probada de lo que podrían afrontar en una campaña.
Desde que empezó a criticar a Putin este verano, Kasyanov ha afrontado
una investigación criminal sobre acusaciones de que adquirió
impropiamente una cabaña de verano propiedad del Gobierno con un
gran descuento.
La investigación fue instigada por un periodista que también
es diputado parlamentario del partido leal al Kremlin.
Y Kasparov, quien ha estado recorriendo el país durante gran parte
del año, pero no ha declarado una intención formal de postularse,
ha sido hostigado por las autoridades regionales, le han arrojado huevos
y ha sido atacado con un tablero de ajedrez.
Soy afortunado, dijo Kasparov tras el último ataque,
de que el deporte popular en la Unión Soviética fuera
el ajedrez y no el béisbol.
Kasparov, quien se retiró del ajedrez profesional este año
para dedicarse a oponerse a Putin, parece tan valiente como lo era como
jugador.
En pequeñas reuniones, con hombres y mujeres de negocios y políticos
locales escépticos, ha atacado implacablemente a Putin como autócrata
y denunciado sus políticas como una amenaza no sólo para
los valores democráticos, sino también para el bienestar
económico y social del país.
Estoy avergonzado, gritó una y otra vez después
de que un asistente en Nizhny Novgorod sugirió que Rusia necesitaba
ser gobernada con puño estalinista; enlistó la corrupción,
el terrorismo y otras evidencias de las debilidades del país que
ha surgido bajo el régimen de Putin.
Su objetivo inmediato, indicó, es reunir a los comprometidos con
la democracia; en las calles, si es necesario, como lo han hecho votantes
desatendidos en Ucrania, Georgia y Kirguistán, todas repúblicas
ex soviéticas que han experimentado levantamientos populares.
No tiene caso discutir hoy quién se postulará y cómo,
aseveró Kasparov ante una pequeña reunión en Ulyanovsk,
lugar de nacimiento de Vladimir Lenin. En mi opinión, la
forma en que votemos no es lo principal, detalló. Lo
principal es nuestra disposición a defender nuestros votos.

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