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Carga. Los impuestos encarecen la gasolina a los alemanes. . Fotos
EDH /AP
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The
New York Times
Mark Landler y Carter Douguerty
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
FRANCFORT, Alemania.- Tiziano Colombo, un ingeniero de Milán,
Italia, se lanzó a la aventura este verano, conduciendo con su
esposa y suegros una camioneta rentada a través de Austria, Alemania,
Bélgica, Holanda y Francia.
Mientras los precios del petróleo crecían durante sus dos
semanas de vacaciones, Colombo gastó 670 dólares en diesel
para llenar el tanque de su Ford Transit.
Conforme a su aritmética, fue más barato que comprar boletos
de tren para cuatro personas. Afirmó que el costo de viajar en
auto tendría que ser de casi el doble antes de que considere un
cambio.
"El auto es libertad, y libertad es lo que buscamos", dijo Colombo,
de 53 años. "Evidentemente, si realizara este viaje solo,
sería difícil justificar el costo adicional".
Los altos precios del petróleo comienzan a hacer temblar a los
europeos, al igual que a los estadounidenses, y la interrupción
de la producción de petróleo en Estados Unidos a causa del
huracán Katrina elevó los precios de la gasolina en Europa
hasta niveles sin precedentes.
Pero la reacción de los europeos ha sido menos dramática,
debido a un más elevado precio base del petróleo, a la fuerza
del euro frente al dólar y a 10 años de búsqueda
de alternativas al combustible fósil en Europa, lo que ha vuelto
al continente un poco menos vulnerable a las alzas en el precio del petróleo
crudo.
La mayor diferencia, según los economistas, es que los europeos
están distraídos por otras cosas, como el estancamiento
económico en Italia o el desempleo de dos dígitos en Alemania.
En comparación con estos problemas, pagar 1.30 euros por un litro
de gasolina no parece una calamidad.
"Los estadounidenses viven en un mundo maravilloso, con crecimiento
de 3.75 por ciento y empleo casi para todos", afirmó Jvrg
Krdmer, economista del Grupo HVB, en Munich. "Pueden darse el lujo
de preocuparse por el precio del combustible. Nosotros tenemos otros problemas".
En Alemania, el influyente sondeo GfK de la confianza de los consumidores
creció en agosto por primera vez en cinco meses, a pesar de que
los precios del petróleo alcanzaban precios sin precedentes. Una
razón del renovado optimismo son las encuestas que revelan que
el gobierno alemán podría ser desbancado en elecciones el
18 de diciembre.
Impuestos
Muchos aquí culpan al Canciller Gerhard Schroeder por no remediar
el elevado desempleo crónico de Alemania, que recientemente impuso
un récord desde la Segunda Guerra Mundial. Su rival conservadora,
Angela Merkel, ha puesto la creación de empleos y los cambios fiscales
en los primeros lugares de su agenda.
Aún así, pocas personas esperan que los conservadores abolirán
lo que conocen como eco-impuesto sobre el combustible, que fue promovido
por el Partido Verde en 1998, cuando asumió el Ministerio del Medio
Ambiente en una coalición con los social demócratas.
Por principio de cuentas, Alemania necesita desesperadamente los ingresos
generados por el impuesto para reducir su déficit presupuestal.
En segundo lugar, los alemanes no protestan realmente por el gravamen,
que suma 15 centavos por litro al precio de la gasolina (en total, los
impuestos representan dos terceras partes del precio de la gasolina en
Alemania; el combustible diesel, que es más eficiente, es gravado
con una tarifa menor para alentar su uso).
Hay evidencias de que los consumidores alemanes usan menos gasolina, o
al menos compran menos. La asociación de vendedores de gasolina
de Alemania, la MWV, registró una baja del 5 por ciento en las
ventas desde principios del año.
Asimismo, la industria de la gasolinera sospecha que más alemanes
cruzan la frontera hacia países como Polonia y la República
Checa, donde los impuestos sobre el combustible son menores. Recientemente,
la policía alemana multó a un hombre que conducía
una camioneta e intentaba introducir 2,000 litros de diesel desde Luxemburgo,
otro país con bajos impuestos.
Sin embargo, los costos de la energía apenas han influido en el
debate político. Cuando Jurgen Trittin, el ministro de ecología,
instó a los alemanes, en una entrevista con el diario Bild, a dejar
sus autos en casa y usar más el transporte público, fue
ignorado totalmente por los lectores, muchos de los cuales aseguraron
que necesitan automóviles para ir al trabajo.
Parte de esta residencia podría deberse a la fatiga.
Los alemanes, como la mayoría de los europeos, cambiaron sus hábitos
para reducir el uso de combustible fósil hace tres décadas,
después de la sacudida petrolera de principios de los 70. Para
algunas personas aquí, los llamados en favor de la conservación
de la energía no son tan mal recibidos como innecesarios.
Al margen de excepciones como Colombo, los italianos parecen cambiar sus
autos por los trenes. Ferrovia dello Stato, que dirige gran parte del
sistema ferroviario de Italia, reporta que su número de pasajeros
aumentó notablemente este año, lo que atribuye en gran medida
a los precios del combustible.
No obstante, en Italia los precios del petróleo ocupan un segundo
lugar frente a otras preocupaciones. La competitividad de Italia se deterioró
en los últimos años. Su industria textil se ve afectada
por una disputa comercial entre Europa y China. Y su economía se
encuentra al borde de una recesión.
En Francia, los crecientes precios del petróleo acechan como un
problema político. Los trabajadores en la industria camionera,
podrían agitarse en busca de alivios.

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