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| El ingreso. En Ciudad Delgado, un grupo de pandilleros
de la 18 inicia a un nuevo integrante, por medio de una golpiza. |
Texto: Óscar Tenorio y Geraldine Varela
Diseño: Juan Durán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Las pandillas juveniles son el segundo fenómeno sociológico
de violencia más importante de la historia contemporánea
de El Salvador, luego de la guerra que concluyó hace trece años.
Ya en tiempos de paz, centenares de personas han muerto y otro tanto han
resultado lesionados, debido a los ataques y disputas de esos grupos.
Muchos se han interesado en el asunto, sin embargo, la información
y los planes disponibles son dispersos.
Aunque todos coinciden en que una pandilla es un grupo de jóvenes
que se reunen para vacilar y delinquir, no existe un concepto homogenizado
y aceptado acerca de qué son estos grupos. Todo depende desde donde
se vea, ya que para unos son víctimas -del sistema social y económico
actual-, mientras que otros los consideran victimarios, criminales.
Y aunque ese fenómeno es el que más afecta a las clases
populares de la sociedad, por mucho tiempo se ha creído, según
diferentes estudios, que las condiciones de pobreza en las que viven los
niños y jóvenes son las que propician el auge y mantenimiento
de maras en comunidades. Sin embargo, parece que el anterior es sólo
un mito, que se desvanece cada día que pasa.
Análisis de la División de Servicios Juveniles, de la Policía,
revelan que no es en sí la pobreza el caldo de cultivo
de las pandillas, sino las condiciones en las que viven los jóvenes
en sus hogares y las formas en que las familias se relacionan y entienden.
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| Asedio urbano. La imagen fue captada en la colonia
Majucla, en Cuscatancingo, que es controlada por la mara Salvatrucha. |
El hacinamiento, la violencia física y verbal, las agresiones
sexuales y el alcoholismo son algunas de las características en
común entre los hombres y mujeres que forman parte de las pandillas.
Tampoco existe una idea clara acerca del número de pandilleros
que hay en el país. Diferentes instituciones de gobierno y organismos
no estatales manejan distintas cifras.
Hace dos años, se dijo que en el país habían 30 mil
mareros.
El cálculo fue hecho por la policía a partir de un seguimiento
de grupos de distintas pandillas que operaban en la región. Otros,
incluidas fuentes de Gobierno, afirman que el total de pandilleros no
sobrepasa los doce mil.
Enfoques
Algunos funcionarios de Gobierno, analistas de universidades y representantes
de ong también sostienen que el fenómeno de las pandillas
debe de tratarse de manera integral desde las siguientes tres grandes
áreas: prevención, aplicación de la ley y rehabilitación.
Sólo si se camina en esas tres direcciones, insisten, se pueden
lograr grandes resultados a mediano y largo plazo.
En los últimos años, los gobiernos han privilegiado el camino
del castigo y la represión, por considerar que los pandilleros
son grupos de delincuentes que atacan sin causa aparente.
De esta manera, han implementado planes como el Mano Dura
y el Súper Mano Dura para acabar con los
mareros. Además, han realizado diferentes modificaciones a las
leyes vigentes para endurecer las penas.
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| Mano Dura. Capturado en Sonsonate el 11 de febrero
de 2005. Este sería el número calculado de pandilleros,
según estimaciones oficiales. |
Algunos funcionarios de la policía, en especial de la División
de Servicios Juveniles y de la Familia, sostienen que lo anterior lo único
que ha provocado es un agravamiento de la problemática, al punto
que las maras han adquirido características propias del crimen
organizado.
Otras instituciones, como la Oficina de Justicia Juvenil de la Corte Suprema
de Justicia, le han criticado al Gobierno que esos planes han sido desarrollados
con propósitos políticos y electorales, de acuerdo a diferentes
coyunturas. En este sentido, el manejo de percepciones ha sido fundamental.
Sólo hasta en los últimos meses, el Gobierno ha comenzado
a impulsar algunos programas dirigidos a la prevención y rehabilitación,
como el Plan Mano Amiga y Mano Extendida.
Visiones
El tratamiento del fenómeno es aún más difícil
porque tampoco existe una política estatal para el tratamiento
de las pandillas, que incluya los tres grandes ejes antes planteados.
Lo anterior provoca que en áreas como la rehabilitación
y reinserción de pandilleros, cada institución - ya sea
estatal o privada- desarrolle planes como mejor le parece.
Es aquí donde se encuentra una gran variedad de proyectos que van
desde tratamientos técnicos, como el Polígono Industrial
Don Bosco, hasta valoraciones más subjetivas y religiosas.
Por lo anterior, las diferentes fuentes consultadas durante este trabajo
- desde la policía hasta académicos y abogados-, han coincidido
en que debería realizarse un gran congreso nacional
acerca del tema de pandillas, para buscar puntos en común, conciliar
diferencias y desarrollar la política de Estado que tanto reclaman.
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Las pandillas son grupos de jóvenes
que se unen para delinquir. Comparten varios valores.
Hugo Ramírez /Jefe de la división
de Servicios Juveniles de la PNC
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En ese intento, el Ministerio de Gobernación instaló a
finales de junio un grupo consultivo, integrado por representantes de
diferentes instituciones, para homogenizar pensamientos y conocer experiencias
y alternativas.
Aunque se espera mucho de ese grupo, ya existen algunos avances, como
estar de acuerdo en que las pandillas se han transformado hasta convertirse
en estructuras con un modo de actuar propio del crimen organizado. También
han estado de acuerdo en que se debe reforzar el trabajo investigativo
y la consecuente robustez de pruebas, porqe sólo así se
podrá superar este nuevo y decisivo reto.
Las pandillas y sus causas
Por mucho tiempo, se ha creído que la pobreza es la generadora
del problema de las pandillas. Esto, es una verdad a medias, según
recientes estudios.
Aunque el problema surge y afecta, en gran medida, a las zonas más
pobres del país, en especial las áreas urbanas, lo que incide
para que un joven ingrese a las pandillas son las condiciones en las que
viven.
La violencia, física y verbal, el hacinamiento y la pertenencia
a hogares disfuncionales, son características comunes entre pandilleros.
Sin embargo, el estudio Maras y pandillas en Centroamérica,
del Instituto de Opinión Pública (Iudop), de la UCA, hace
un aporte muy interesente: las pandillas se desarrollan en sectores donde
gozan de ciertos recursos y han tenido oportunidad de estudiar.
Los datos muestran que hay más presencia pandilleril en aquellos
lugares donde las casas tienen el servicio de agua y alcantarillas,
dice parte del estudio.

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