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Un hombre muere en el río Acelhuate

Tragedia. Vecinos del Barrio La Vega vieron flotar el cuerpo. Socorristas corrieron río abajo por varias horas para poder rescatarlo


Publicada 27 de septiembre 2005 , El Diario de Hoy

Un miembro de la Cruz Roja toma de la mano el cuerpo del hombre que fue arrastrado por la corriente. Hasta ayer por la noche, no había sido identificado por las autoridades. Foto EDH /Wilfredo Diaz


Lorena Baires
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Cuando las aguas que inundaron los barrios del centro bajaron, la corriente del río mecía el cuerpo de un hombre, cerca de la Calle Quinta Mansión, en el Barrio La Vega.

Los gritos de los vecinos alertaron a los socorristas, que intentaban liberar los tragantes obstruidos por los escombros y la basura. Eran las 5:10 de la tarde cuando inició la carrera.

La fuerza con que bajó el caudal, no permitió que los cuerpos de rescate pudieran meterse a la corriente para sacar el cuerpo. El hombre parecía mayor de 30 años y estaba desnudo.
“Por la Chacra hay una cascadita, los cadáveres se detienen allí por las piedras. Hay que correr hacia allá”, gritaba Jesús Arévalo, un octogenario de la zona.

Los rescatistas corrían con lazos en las manos, las sirenas de las ambulancias se escuchaban por doquier y los curiosos llenaban los pasos a desnivel y puentes de las cercanías. Todos querían ver el cuerpo flotar.

José Ortiz, de 72 años, sale de su vivienda inundada. Foto EDH /Wilfredo Diaz

La noticia corrió pronto por las comunidades de los alrededores. “¡Y el muerto!”, preguntaban los periodistas. “¡Dicen que lo tienen en El Coro, ya lo sacaron!, decía la gente al paso de los carros y transeúntes.

Cuando la luz del sol era escasa, socorristas de la Cruz Roja y de la Asociación Los Gavilanes tomaron la mano del hombre y lo colocaron a la orilla de la creciente.

Su frente estaba cortada de lado a lado, los huesos de sus manos quedaron expuestos, y la expresión de su rostro denotaba angustia.

El terreno dificultó un poco las labores de rescate, debido a que estaba húmedo y liso. A las 6:30 de la tarde, la policía trasladó al hombre hacia otra zona para que fuera reconocido. Nadie sabía quien era, no tenía ropa y nadie lo vio caer. Era desconocido.

“Por lealtad, no dejé en la corriente al jefe”

José María Ortiz, de 72 años, destapaba ayer uno de los tragantes cercanos a su vivienda en la Calle Quinta Mansión, del Barrio La Vega.

Eran las 3:30 de la tarde. Sintió la fuerza del agua correr en segundos y se vio en medio de aquél río que amenazaba con ahogarlo.

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Él es el empleado que por años ha tenido la familia Orellana.
“Mi patrón es mucho mayor que yo, pero por lealtad y en agradecimiento a todo lo que me han dado por años, no lo abandoné en la corriente”, repetía.

Como mucha dificultad, logró subir a su jefe a un lugar alto dentro de la casa, para que no se mojara.

A las 4:30 de la tarde era rescatado. René Orellana, el jefe, mira con cariño a Ortiz y se abrazan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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