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| Un miembro de la Cruz Roja toma de la mano el
cuerpo del hombre que fue arrastrado por la corriente. Hasta ayer
por la noche, no había sido identificado por las autoridades.
Foto EDH /Wilfredo Diaz |
Lorena Baires
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Cuando las aguas que inundaron los barrios del centro bajaron, la corriente
del río mecía el cuerpo de un hombre, cerca de la Calle
Quinta Mansión, en el Barrio La Vega.
Los gritos de los vecinos alertaron a los socorristas, que intentaban
liberar los tragantes obstruidos por los escombros y la basura. Eran las
5:10 de la tarde cuando inició la carrera.
La fuerza con que bajó el caudal, no permitió que los cuerpos
de rescate pudieran meterse a la corriente para sacar el cuerpo. El hombre
parecía mayor de 30 años y estaba desnudo.
Por la Chacra hay una cascadita, los cadáveres se detienen
allí por las piedras. Hay que correr hacia allá, gritaba
Jesús Arévalo, un octogenario de la zona.
Los rescatistas corrían con lazos en las manos, las sirenas de
las ambulancias se escuchaban por doquier y los curiosos llenaban los
pasos a desnivel y puentes de las cercanías. Todos querían
ver el cuerpo flotar.
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| José Ortiz, de 72 años, sale de
su vivienda inundada. Foto
EDH /Wilfredo Diaz |
La noticia corrió pronto por las comunidades de los alrededores.
¡Y el muerto!, preguntaban los periodistas. ¡Dicen
que lo tienen en El Coro, ya lo sacaron!, decía la gente al paso
de los carros y transeúntes.
Cuando la luz del sol era escasa, socorristas de la Cruz Roja y de la
Asociación Los Gavilanes tomaron la mano del hombre y lo colocaron
a la orilla de la creciente.
Su frente estaba cortada de lado a lado, los huesos de sus manos quedaron
expuestos, y la expresión de su rostro denotaba angustia.
El terreno dificultó un poco las labores de rescate, debido a que
estaba húmedo y liso. A las 6:30 de la tarde, la policía
trasladó al hombre hacia otra zona para que fuera reconocido. Nadie
sabía quien era, no tenía ropa y nadie lo vio caer. Era
desconocido.
Por lealtad, no dejé en la corriente al jefe
José María Ortiz, de 72 años, destapaba ayer uno
de los tragantes cercanos a su vivienda en la Calle Quinta Mansión,
del Barrio La Vega.
Eran las 3:30 de la tarde. Sintió la fuerza del agua correr en
segundos y se vio en medio de aquél río que amenazaba con
ahogarlo.
Él es el empleado que por años ha tenido la familia Orellana.
Mi patrón es mucho mayor que yo, pero por lealtad y en agradecimiento
a todo lo que me han dado por años, no lo abandoné en la
corriente, repetía.
Como mucha dificultad, logró subir a su jefe a un lugar alto dentro
de la casa, para que no se mojara.
A las 4:30 de la tarde era rescatado. René Orellana, el jefe, mira
con cariño a Ortiz y se abrazan.

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