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Analizando
¿Por qué no logramos prosperar?

El valor y la cantidad del servicio que una persona aporta no dependen de la cantidad de trabajo realizado sino del valor de lo producido y esto, a la vez, dependerá en gran parte del capital disponible

Publicada 27 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Manuel F. Ayau Cordón*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Ciudad de Guatemala. (AIPE).- La solución al problema de la pobreza es que cada quien produzca más –utilizando la menor cantidad de recursos posibles y en el menor tiempo posible– de aquellas cosas que otros desean, para que nos paguen más y para así también nosotros poder pagar más y comprar más. No hay duda de que si queremos más tenemos que producir más.

El aumento de nuestra capacidad de producción se logra con capital, es decir, con el equipo, herramientas, instrumentos y maquinarias que aprendemos a utilizar para que nuestro trabajo rinda más y aumente lo producido en el tiempo disponible, sin más trabajo. Por ejemplo, una persona puede transportar considerablemente más carga con un camión que con una mula y una carreta. Y allí, precisamente, encontramos la función social del capital: aumentar la productividad del trabajo.

El valor y la cantidad del servicio que una persona aporta no dependen de la cantidad de trabajo realizado sino del valor de lo producido y esto, a la vez, dependerá en gran parte del capital disponible.

No es tan importante quién es el dueño del capital, sino que esté disponible para que el trabajo rinda más. Por eso gana más, con menor esfuerzo muscular, el chofer del camión que el arriero de la carreta, aunque ninguno de los dos sea dueño del camión ni de la carreta. El chofer gana más por su mayor productividad. Entonces, la solución del problema de la pobreza estriba en cómo hacer para que la gente produzca más y a eso se le llama productividad.

Fácil es comprender que la diferencia entre un país pobre y uno rico, como nos recuerda Ludwig von Mises, estriba en la cantidad de capital per cápita de que dispone esa sociedad. Esta es simplemente otra forma de decir que en un país con muchas fábricas la gente estará mejor porque produce más y porque tendrá más cosas de las que disfrutar.

La sociedad remunerará al dueño de la fábrica, pero como para hacer rendir al capital se necesitan trabajadores, mientras más capital se invierta en la nación, mayor será la demanda por la mano de obra y ello aumenta los salarios porque la mayor productividad permite pagar más al trabajador y porque baja el costo de producción debido al capital invertido.

Y, segundo, porque cada vez que alguien invierte capital, más alto tendrá que ser el salario que ofrece para atraer a buenos trabajadores que harán rendir y cuidar mejor ese capital productivo. Entonces, todos los trabajadores terminan ganando más al aumentar la demanda por la mano de obra.

La solución de la pobreza es aumentar el capital disponible. Si sólo aumenta la productividad de algunos, los salarios seguirán bajos. Es un proceso gradual. Como se dijo, cada vez que alguien invierte capital tiene que atraer trabajadores de alguna otra ocupación ofreciendo pagarles más, ocupación que abandonarán salvo que la empresa donde están les equipare el sueldo a lo ofrecido por el nuevo inversor.

Así vemos que cuando se realiza una nueva inversión en alguna zona, todos los salarios tienden a subir.

Así también, los nuevos y mejores empleos van sustituyendo a los malos.

No se deben menospreciar los malos empleos, pues hasta que no surjan mejores, es preferible un mal empleo que ningún empleo y desemplear a la gente, estableciendo por ejemplo un salario mínimo, no sólo es peor sino que atrasa el proceso que logrará subir todos los salarios, ya que cada empleo que se destruye aumenta la oferta de mano de obra e impulsa hacia abajo a los salarios.

En buena parte, la pobreza latinoamericana se debe a la espantosa ignorancia económica de tantos de nuestros políticos y burócratas que con malas leyes y regulaciones logran todo lo contrario a lo que al país y a la ciudadanía les conviene.

*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin. © www.aipenet.com


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