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Rodrigo Chávez*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Chile celebrará sus elecciones presidenciales en ediciembre de
este año. En dicha elección, la candidata de la coalición
de centro-izquierda, Michelle Bachelet, vencerá sin mayor problema
a sus dos rivales de derecha: Joaquín Lavín, de la Unión
Democrática Independiente (UDI) y Sebastián Piñera,
de Renovación Nacional (RN).
La gran pregunta en Chile no es quién será su próximo
Presidente sino cuál es el futuro de la derecha chilena y su incidencia
en el sistema de partidos políticos. El problema de la derecha
chilena es que, a pesar de que Chile ha sido el principal impulsor del
modelo neoliberal en América Latina, los votantes chilenos no votan
por la derecha.
La última elección presidencial que la derecha chilena ganó
fue en 1958 con Jorge Alessandri e incluso en dicha elección Alessandri
ganó con sólo el 31% de los votos, seguido por el candidato
de la izquierda, Salvador Allende, con el 28% y Eduado Frei, del PDC,
con el 20%.
Chile ha sido por tradición un país dividido en tres bloques
electorales: derecha, izquierda y el centro, representado por el PDC.
Por ejemplo, en la elección presidencial de 1970, la izquierda
obtuvo el 36% de los votos, la derecha el 35% y el PDC el 28%. En la elección
municipal de 1992, los resultados fueron similares: Izquierda-24%, PDC-29%
y la derecha un 30%.
El problema para la derecha es que el Gobierno del general Augusto Pinochet
unificó al PDC y a los partidos de izquierda en un solo bloque.
Esto automáticamente impide que el bloque de derecha gane una elección
presidencial.
Sin embargo, el equipo del general Pinochet entendió que la derecha
chilena estaba en desventaja contra un bloque unificado de la izquierda
y el PDC. Por ende, diseñó un sistema electoral que beneficia
a las minorías políticas, en este caso, a los partidos de
derecha.
En dicho sistema, llamado sistema binominal, Chile se divide en 60 distritos
que eligen dos diputados cada uno y en 19 distritos que eligen dos senadores
cada uno. El partido que obtiene el primer lugar en votos se lleva un
diputado o senador, y el partido que obtiene el segundo lugar obtiene
el segundo diputado o senador.
Para que el partido que obtenga el primer lugar se lleve ambos diputados,
debe doblar en votos al segundo lugar. Entonces, si la coalición
de PDC e izquierda obtiene el 52% de los votos, sólo obtendría
la mitad del Congreso. Una coalición de derecha en cambio con sólo
el 37% de los votos, podría obtener un número similar de
diputados.
Adicionalmente, el equipo de Pinochet creó la figura de nueve senadores
vitalicios, nombrados por las fuerzas armadas. Este número aseguraba
a los partidos de derecha el control del Senado. Por ejemplo, en la elección
de 1997, la coalición de izquierda y PDC obtuvo 20 senadores y
los partidos de derecha 18.
Sin embargo, al sumar a los nueve senadores vitalicios al bloque de derecha,
éste tendría 27 senadores y por ende el control del Senado.
Entonces, la derecha chilena ha tenido más poder político
que el que sus votos le indicarían. Esto le ha permitido tener
mayor presencia en el escenario político chileno y crecer electoralmente.
En la última elección presidencial del año 2000,
la derecha obtuvo el 48% de los votos, lo cual es la votación más
alta en su historia. Por lo tanto, la derecha chilena estaba logrando
modificar el comportamiento electoral de los chilenos de votar en tres
bloques. El poder de la derecha se basaba en tres pilares: el sistema
binominal, los senadores vitalicios y su unidad electoral en elecciones
presidenciales.
Sin embargo, este año dos de los tres pilares han desaparecido.
Recientemente, una reforma constitucional eliminó la figura de
los senadores vitalicios y los dos partidos de derecha, UDI y RN, decidieron
competir por separado en la elección presidencial de este año.
Esto sólo puede llevarnos a una conclusión: la derecha chilena
tendrá un muy mal resultado electoral en diciembre y su poder político
se verá disminuido en el siguiente Congreso.
Adicionalmente los dos candidatos de derecha: Joaquín Lavín
y Sebastián Piñera, han dicho que están dispuestos
a reformar el sistema binominal. Es decir a reformar un sistema electoral
diseñado para beneficiarlos.
La derecha chilena ha dado modelos económicos a la derecha salvadoreña.
Tal vez es tiempo que la derecha salvadoreña le dé lecciones
de política a la derecha chilena, sobre todo en cómo ganar
elecciones y en no dividirse.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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