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Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La firma a la que me referiré hoy no es The
firm, película en la cual Tom Cruise hace el papel de un
joven abogado que súbitamente se encuentra en un mundo de dinero
y de poder, al ser contratado por una oficina de asesores legales.
Dicha película describe a una firma que en realidad
es sólo una fachada, ya que detrás de ella se esconde una
operación de lavado de dinero de la mafia (¡ooops!). Y Fachada
es justamente el nombre con el que se la tradujo.
Las firmas (o empresas, como más comúnmente
se las denomina en español), suelen ser mucho menos cinematográficas
que The firm, ya que se trata de organizaciones que buscan
sus ganancias a través de métodos bastante más sanos:
produciendo bienes y servicios que sean capaces de satisfacer las necesidades
de los consumidores.
La imaginación popular, incentivada por el morbo de algunos (Hollywood
incluído), siempre muestra a las empresas estereotipadas como antros
de perdición
, dirigidas por Don Corleone. Y aunque conozco
a algunos a quienes les gusta sentirse como Marlon Brando en El Padrino,
más temprano que tarde los clientes se encargan de impedírselo.
La economía siempre había mostrado relativamente poco interés
en estudiar el fenómeno de las empresas, hasta que el economista
británico Ronald Coase, premio Nobel en 1991, escribió un
breve ensayo llamado La naturaleza de la firma, con el cual
dio origen a una nueva rama de esta ciencia.
Coase explicó, con fundamentos técnicos, el motivo por cual
existen las empresas. Y luego sus seguidores profundizaron los estudios
que les permitieron determinar por qué algunas empresas crecen
a diferente ritmo que otras, cuál es el ciclo de vida promedio
en las distintas industrias, o cuándo es conveniente para una empresa
decidir subcontratar algunas actividades.
¡Ah!, ¿usted quiere saber por qué existen las empresas?
Porque constituyen la forma más eficiente de reducir lo que los
economistas llaman costos de transacción, los cuales
son simplemente los costos en que hay que incurrir para hacer intercambios
comerciales.
¿Ejemplo? Veamos lo que le pasaría a Pepe Nomegustanloscontratos
(apellido largo. Llamémoslo simplemente Pepe). Se trata de un muchacho
con alma quijotesca, y bastante confundido, pero de buen corazón.
Imagine que Pepe abre un restaurante, y que haciendo honor a su tremendo
apellido, en vez de firmar un contrato de alquiler con el dueño
de un local, decidiese salir todos los días a buscar un lugar distinto
adonde atender a sus clientes
.
Y que en vez de tener contratos laborales con los meseros y los cocineros,
Pepe anduviese todos los días buscando personas nuevas que sepan
hacer esos oficios
Más aún, imagine que Pepe, en vez de tener contratos de
abastecimiento con sus proveedores, aun cuando fueran de hecho, estuviese
averiguando todos los días a quién comprarle los ingredientes
para cocinar, y negociase los precios cada vez
(¡qué
mal te veo!, Pepe).
Es que al final de cuentas, una empresa no es más que un simple
(¡o complejo!, no importa) conjunto de arreglos contractuales entre
los cuatro factores productivos: tierra, trabajo, capital y factor empresarial.
En efecto, el empresario es quien aporta este cuarto factor,
que consiste en coordinar a los tres primeros. Cabe asimismo destacar
que el empresario no necesariamente el dueño del capital.
Las empresas no son entidades físicas con vida propia, y es por
esa razón que a diferencia de las personas naturales,
se las llama personas jurídicas. Todas estas cosas
creemos saberlas muy bien
, pero la respuesta a la próxima
pregunta suele dejarnos sorprendidos. Ahí va:
¿Quién paga los salarios de los trabajadores, las cuentas
a los proveedores, los préstamos a los bancos, los impuestos al
Gobierno, y todos los demás costos? Respuesta: los clientes (¡¿what!?).
Contrariamente a lo que muchas veces repetimos sin pensar, no es la
empresa quien paga, ya que ésta es simplemente la entidad
jurídica que coordina los desembolsos. Si los clientes no compran,
no habrá pisto para pagar nada
La forma más simple de verlo es con el ejemplo del restaurante
(no el de Pepe, que quebró hace rato
, sino con otro que aún
funcione). Cada vez que vamos a comer, con la cuenta no sólo estamos
pagando los alimentos consumidos, sino también el alquiler del
local, el salario de meseros y cocineros, y los impuestos que debe afrontar
el negocio. ¿De dónde más podría obtener el
dueño del restaurante el dinero para pagar todos esos costos, si
no es de la cuenta que nos cobra?
Analicemos específicamente la forma en que se remunera a los cuatro
factores productivos: a la tierra se la remunera con el alquiler del local,
al trabajo con el salario pagado a los trabajadores. ¿Al capital
y al factor empresarial? Con las ganancias, cuando las hay. Todo el dinero
con que se pagan esas cuentas proviene de las ventas (¡vivan los
clientes!).
A quienes les gustaría que no hubiera empresas, habría que
preguntarles cómo sería el mundo si no existieran estas
figuras que ayudan a reducir los costos de transacción, sean empresas
grandes o pequeñas, porque para el caso es lo mismo.
Sin empresas todos estaríamos on your own/with no direction
home, como dice la canción que pasan en una publicidad televisiva
de Coca Cola. ¿El nombre? Like a rolling stone, de
Bob Dylan, en versión de los Stones (¿How does it feel?).
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía
(ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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