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| Inocencia. Gerber jugando con una prima en la
casa que ambos comparten, en un arrabal de la ciudad de San Sebastián,
departamento de San Vicente.
Fotos EDH / Felipe Ayala |
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Justo ayer, Gerber Enrique Ayala cumplió su primer año
de vida.
Eso nada tendría de extraordinario si no fuera porque el infante
no pudo quebrar la piñata ni comer pastel por sí mismo,
pues le falta la mano izquierda y su pierna derecha está enclenque.
Como Gerber todavía no puede hablar, su padre, que también
tiene el mismo nombre, aún no tiene los aprietos en que, supone,
su hijo lo pondrá cuando deba explicarle su minusvalía.
FGR
no tiene peritos
- Según la Fiscalía, la indagación no avanza
porque no tienen peritos para que analicen el expediente clínico.
- Con el peritaje se sabría en que etapa de la asistencia hubo
negligencia médica.
- Los dos especialistas, un pediatra y un infectólogo, se excusaron.
Uno dijo que había sido profesor de los médicos involucrados;
el otro, que no es su especialidad. |
Si hoy mismo le preguntara sobre su pierna, sería fácil
una respuesta. Pero cómo explicarle lo del muñón,
si él mismo no lo sabe, pese a que han pasado ocho meses desde
el incidente.
Sobre la falta de fuerza de la pierna, le diría que la desgracia
le llegó el 21 de enero, cuando sólo tenía cuatro
meses.
Ese día, una promotora de salud a quien conocen sólo como
Marlene, llegó a casa a ponerle una vacuna que lo inmunizaría
contra cinco enfermedades.
Ahí comenzó el calvario. La fiebre no lo abandonó
y no paró de llorar.
Al siguiente día, en la unidad de salud local, una doctora les
dio medicina para la fiebre y para una supuesta infección de la
garganta, que no era tal sino una irritación de tanto llorar.
Para la pierna y nalga inflamados les recetó lienzos de agua tibia
con orégano.
Como la fiebre ni el llanto menguaban, acudieron a dos médicos
particulares y a la unidad del Seguro Social de Cojutepeque. Dos médicos
dijeron que la vacuna había sido mal aplicada.
Cuando el niño empeoró, decidieron llevarlo al Hospital
Bloom. El glúteo y la pierna estaban gruesos y duros como un trozo
de madera.
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| Exigencia. Gerber quiere saber por qué
le amputaron la mano.
Fotos EDH / Felipe Ayala |
En la emergencia, le aplicaron suero en las venas, pues el niño
lucía deshidratado. Nada
hizo sospechar a Gerber, el padre, cuando vio que a los pocos minutos
le retiraron el suero para luego colocárselo en otro sitio.
A los pocos días el brazo izquierdo se puso morado y frío.
Preguntaban pero nadie les daba respuestas.
Como a la semana y media, a Gerber le sajaron en tres partes la pierna
para sacarle la pus acumulada. La mano izquierda también fue operada
para descongestionar la circulación.
Para entonces le habían dicho que la infección de la pierna
hizo que un virus se alojara en la mano y obstaculizara la circulación.
Gerber no les creyó.
Me pareció raro que el virus sólo invadiera la mano
donde le pusieron el suero. Dicen que si el suero se sale de la vena,
causa gangrena. Creo que eso fue lo que pasó, sostiene el
hombre que dice ser de poca escolaridad.
Los médicos lograron zanjarle el problema de la pierna y del glúteo
causados por la vacuna, pero no el de la mano. A los pocos días
lo hicieron firmar la autorización de amputación.
Le dijeron que incluso tras la amputación, la vida del niño
corría peligro.Pero no fue asi. El niño sanó y luego
vino la lid por saber qué pasó.
El padre del niño sabe que la mala aplicación de la vacuna
provocó la minusvalía de Gerber, incluso la amputación,
pues si no hubieran ido al Bloom, dicen, el menor estaría completo.
Ocho meses han pasado. El padre del infante ha denunciado a la promotora
de salud, quien a pesar de que suele encontrársela, no les ha ofrecido
ni una disculpa.
También ha pedido a la Fiscalía que investigue un posible
caso de mala praxis.
Funcionarios del Bloom dieron sus explicaciones en aquel momento y el
Ministerio de Salud anunció una comisión para investigar.
El caso en la Fiscalía no ha avanzado y menos la supuesta investigación
de Salud.
El desánimo crece en Gerber Vladimir cuando ve a su pequeño
que, al gatear, la ausencia de la mano izquierda hace que cuando apoya
el muñón, la nariz y la frente casi besen el suelo.

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