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Contendientes políticos. El actual primer
ministro Ariel Sharon (izquierda) y Benjamín (Bibi) Netanyahu.
Foto EDH / The New York Times
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The New York Times
Thomas L. Friedman
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Hoy, Israel y todo Oriente Medio serán testigos de unas elecciones
de enorme importancia. Ostensiblemente es una votación con respecto
a cuándo debería el Partido Likud llevar a cabo sus elecciones
primarias. Sin embargo, en realidad, es una votación relacionada
con quién conducirá al Likud a las siguientes elecciones:
el Primer Ministro actual, Ariel Sharon, o su retador, Benjamín
(Bibi) Netanyahu. Si yo pudiera votar, no hay duda por quién lo
haría: Bibi. Sí, recen para que él aplaste a Sharon
y ocasione su salida total del partido. Es ahí donde pertenece
Sharon.
¿Por qué, preguntan ustedes? Porque el Partido Likud bajo
Netanyahu, y sin Ariel Sharon, será libre para ser él mismo;
para representar a la lunática derecha en Israel, convertirse en
un partido extremista y avanzar hasta que caiga por un despeñadero.
Entonces, Sharon también sería libre para ser él
mismo, para formar un nuevo partido con otras figuras de centro-derecha
y centro-izquierda, un partido que pueda darle a Israel una sólida
mayoría para alcanzar un acuerdo final con los palestinos -siempre
y cuando ellos logren poner en orden su participación y convertir
la Franja de Gaza, su mini Estado, en algo más similar a
Dubai y menos parecido a Mogadishu.
Ariel Sharon se escindirá del Partido Likud y fundará
su propio partido centrista solamente después de haberse convencido
que él ha perdido el control del Likud, dijo David Makovsky,
del Instituto Washington para Política del Cercano Oriente, el
autor de un reciente estudio sobre el retiro de la Franja de Gaza.
Una escisión del Likud tendría probabilidades de realinear
a los partidos políticos de Israel para que así reflejen
más fidedignamente las verdaderas opiniones de los israelíes.
Justo en estos momentos, dos tercios de la ciudadanía israelí
favorecen una solución de dos estados con los palestinos. Una porción
de estos dos tercios estaba en el Likud y era representada por Sharon.
Yo me referiría a ellos en términos de negociadores duros.
Sin embargo, muchos de los que están en el tercio restante y que
se oponen a cualquier acuerdo también estaban en el Partido Likud.
Llamémosles los integrantes de la línea dura.
Muchos de ellos consideran que Bibi Netanyahu es su abanderado.
Una nueva coalición compuesta por seguidores de Sharon, provenientes
del Likud, así como los moderados Partidos Laborista y Shinui,
podrían revitalizar al centro israelí, mismo que fue
diezmado por el terror y la violencia que se extendieron del 2000 al 2004,
al unir bajo una sola bandera política a esos dos tercios que desean
un trato con los palestinos que se fundamente en las fronteras seguras,
manifestó Makovsky. Eso podría ser un boleto ganador,
siempre y cuando Hamas no regrese a los ataques suicidas y con misiles
que, si el pasado constituye un prólogo, solamente apuntalarían
a Bibi Netanyahu.
Nuevas tendencias
Todo el debate con respecto al retiro de la Franja de Gaza expuso las
verdaderas tendencias políticas del Israel actual, precisamente
porque la presencia de 8,000 judíos viviendo en un tercio de la
Franja de Gaza, rodeados por 1.3 millones de palestinos, se había
convertido en una locura: desconectados de cualquier lógica estratégica,
moral, demográfica, nacionalista o religiosa. Por tanto, quienes
apoyaron la continuación del statu quo en Gaza de manera indefinida,
entre los cuales estuvo la totalidad del ala de línea dura del
Partido Likud, realmente se identificaron a sí mismos como judíos
extremistas y mesiánicos que son un peligro para el futuro de Israel
y el pueblo judío.
En las propias palabras de Ari Shavit, ensayista en el periódico
Haaretz, Después del retiro, ahora es claro que estos son
dos estados diferentes: Israel por un lado, y el estado Likud
por el otro. Israel quiere soberanía, una frontera y una clara
identidad nacional; por su parte, el estado Likud quiere asentamientos,
una población mixta y una identidad borrosa. Israel desea la democracia,
la racionalidad y la iluminación; el estado Likud quiere
corrupción, palmaditas en la espalda y tormentas emocionales. En
el pasado, al estado Likud se le podría haber dado
el crédito por representar al pueblo. Pero, ya no más.
Debido a lo anterior, ya llegó el momento de elegir: Israel
o el estado Likud. La república israelí o la
república del Comité Central del Partido Likud. Sin dividir
al Likud, será imposible dividir la tierra. Sin la definición
de una frontera para el Likud, resultará imposible delimitar una
frontera para Israel.
Siria ya fue obligada a salir de Líbano. Israel ya se retiró
de la Franja de Gaza de manera unilateral. Egipto ya sostuvo lo que casi
fueron sus primeras elecciones multipartidistas. La Autoridad Nacional
Palestina imploró con la muerte de Yasser Arafat, y los integrantes
del Partido Baath (en Iraq) ya fueron destruidos.
Las leyes de la gravedad finalmente están forzando a que surja
un poco de política real en Oriente Medio, con la excepción
de los países productores de petróleo.
Si Israel es el presagio, quizás las mayorías de moderados
finalmente se unan por mera necesidad y empiecen a sepultar el pasado,
en vez de seguir permitiendo que los manipulen minorías fanáticas
que buscan enterrar el futuro.

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