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Derrotar al Likud es sano para Israel

El presagio. Quizás las mayorías de los moderados finalmente se unan por mera necesidad y sepulten el pasado, en vez de permitir que los manipulen minorías fanáticas que buscan enterrar el futuro


Publicada 26 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Contendientes políticos. El actual primer ministro Ariel Sharon (izquierda) y Benjamín (Bibi) Netanyahu. Foto EDH / The New York Times


The New York Times
Thomas L. Friedman
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

Hoy, Israel y todo Oriente Medio serán testigos de unas elecciones de enorme importancia. Ostensiblemente es una votación con respecto a cuándo debería el Partido Likud llevar a cabo sus elecciones primarias. Sin embargo, en realidad, es una votación relacionada con quién conducirá al Likud a las siguientes elecciones: el Primer Ministro actual, Ariel Sharon, o su retador, Benjamín (Bibi) Netanyahu. Si yo pudiera votar, no hay duda por quién lo haría: Bibi. Sí, recen para que él aplaste a Sharon y ocasione su salida total del partido. Es ahí donde pertenece Sharon.

¿Por qué, preguntan ustedes? Porque el Partido Likud bajo Netanyahu, y sin Ariel Sharon, será libre para ser él mismo; para representar a la lunática derecha en Israel, convertirse en un partido extremista y avanzar hasta que caiga por un despeñadero.

Entonces, Sharon también sería libre para ser él mismo, para formar un nuevo partido con otras figuras de centro-derecha y centro-izquierda, un partido que pueda darle a Israel una sólida mayoría para alcanzar un acuerdo final con los palestinos -siempre y cuando ellos logren poner en orden su participación y convertir la Franja de Gaza, su mini Estado, en algo más similar a
Dubai y menos parecido a Mogadishu.

“Ariel Sharon se escindirá del Partido Likud y fundará su propio partido centrista solamente después de haberse convencido que él ha perdido el control del Likud”, dijo David Makovsky, del Instituto Washington para Política del Cercano Oriente, el autor de un reciente estudio sobre el retiro de la Franja de Gaza.

“Una escisión del Likud tendría probabilidades de realinear a los partidos políticos de Israel para que así reflejen más fidedignamente las verdaderas opiniones de los israelíes. Justo en estos momentos, dos tercios de la ciudadanía israelí favorecen una solución de dos estados con los palestinos. Una porción de estos dos tercios estaba en el Likud y era representada por Sharon. Yo me referiría a ellos en términos de negociadores duros. Sin embargo, muchos de los que están en el tercio restante y que se oponen a cualquier acuerdo también estaban en el Partido Likud. Llamémosles los integrantes de la ‘línea dura’. Muchos de ellos consideran que Bibi Netanyahu es su abanderado”.

Una nueva coalición compuesta por seguidores de Sharon, provenientes del Likud, así como los moderados Partidos Laborista y Shinui, “podrían revitalizar al centro israelí, mismo que fue diezmado por el terror y la violencia que se extendieron del 2000 al 2004, al unir bajo una sola bandera política a esos dos tercios que desean un trato con los palestinos que se fundamente en las fronteras seguras”, manifestó Makovsky. “Eso podría ser un boleto ganador, siempre y cuando Hamas no regrese a los ataques suicidas y con misiles que, si el pasado constituye un prólogo, solamente apuntalarían a Bibi Netanyahu”.

Nuevas tendencias


Todo el debate con respecto al retiro de la Franja de Gaza expuso las verdaderas tendencias políticas del Israel actual, precisamente porque la presencia de 8,000 judíos viviendo en un tercio de la Franja de Gaza, rodeados por 1.3 millones de palestinos, se había convertido en una locura: desconectados de cualquier lógica estratégica, moral, demográfica, nacionalista o religiosa. Por tanto, quienes apoyaron la continuación del statu quo en Gaza de manera indefinida, entre los cuales estuvo la totalidad del ala de línea dura del Partido Likud, realmente se identificaron a sí mismos como judíos extremistas y mesiánicos que son un peligro para el futuro de Israel y el pueblo judío.

En las propias palabras de Ari Shavit, ensayista en el periódico Haaretz, “Después del retiro, ahora es claro que estos son dos estados diferentes: Israel por un lado, y el “estado” Likud por el otro. Israel quiere soberanía, una frontera y una clara identidad nacional; por su parte, el “estado” Likud quiere asentamientos, una población mixta y una identidad borrosa. Israel desea la democracia, la racionalidad y la iluminación; el “estado” Likud quiere corrupción, palmaditas en la espalda y tormentas emocionales. En el pasado, al “estado” Likud se le podría haber dado el crédito por representar al pueblo. Pero, ya no más.

“Debido a lo anterior, ya llegó el momento de elegir: Israel o el ‘estado’ Likud. La república israelí o la república del Comité Central del Partido Likud. Sin dividir al Likud, será imposible dividir la tierra. Sin la definición de una frontera para el Likud, resultará imposible delimitar una frontera para Israel”.

Siria ya fue obligada a salir de Líbano. Israel ya se retiró de la Franja de Gaza de manera unilateral. Egipto ya sostuvo lo que casi fueron sus primeras elecciones multipartidistas. La Autoridad Nacional Palestina imploró con la muerte de Yasser Arafat, y los integrantes del Partido Baath (en Iraq) ya fueron destruidos.

Las leyes de la gravedad finalmente están forzando a que surja un poco de política real en Oriente Medio, con la excepción de los países productores de petróleo.
Si Israel es el presagio, quizás las mayorías de moderados finalmente se unan por mera necesidad y empiecen a sepultar el pasado, en vez de seguir permitiendo que los manipulen minorías fanáticas que buscan enterrar el futuro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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