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El
Diario de Hoy
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Encima del agua que inunda barrios, poblados y cantones flotan espesos
mantos de basura, como han podido ver los lectores de EL DIARIO DE HOY
y MAS! La basura tapa los tragantes y las tuberías de desagüe,
reduce el paso en los cauces y se acumula debajo de puentes y bóvedas.
El resultado está a la vista: el agua se desborda inundando calles,
pasajes y terrenos aledaños. Los pobres vecinos de esos lugares
son víctimas de sus descuidos en tirar la basura donde pueden,
pero más todavía, víctimas de la enorme ineficiencia
de las alcaldías, que tienen a las ciudades del Gran Salvador convertidas
en basureros.
Al lanzar la basura en las cunetas, en los cauces secos, debajo de puentes
y bóvedas, a la orilla de caminos y carreteras y frente a la casa
del vecino, la gente que lo hace literalmente escupe hacia arriba, con
lo que el salivazo le cae encima.
El problema se deriva de tres causas: la primera, que a un número
de individuos les mata caminar un poco más para colocar la basura
en los puntos de recolección; les es más fácil, en
su tremenda pereza, tirarla al tragante.
La segunda, que los camiones que recogen ripio y desperdicios los abandonan
en los caminos. Durante un tiempo, las autoridades obligaban a esos camioneros
a recoger lo que tiraban y, además, a limpiar otro trecho igual,
pero protestaron los defensores de los derechos humanos, los
amparó la Corte, se oyeron reclamos de los suecos y los obispos
holandeses, los comunistas presentaron una pieza de correspondencia y
el resultado es que siguen las veras de los caminos sirviendo de basureros;
La tercera, que las alcaldías del área metropolitana están
en bancarrota y no dan siquiera un mediocre servicio recogiendo basura
por falta de dinero. Pero les falta dinero porque mantienen a un ejército
de activistas políticos que andan, cuando andan y no descansan,
de casa en casa envenenando a la gente, inculcándoles odio de clases.
Hay fondos para mantener activistas políticos (son casi cuatro
mil en San Salvador), pero no para tener limpia la ciudad.
Que no se pierda esa agua
Hay dos conclusiones más en esto de las inundaciones: Uno, que
se inundan las ciudades y los ríos crecen a raudales, a causa de
la deforestación. Con la reforma agraria y los repartos de tierra
a los combatientes han cortado cuanto árbol y arbusto
existe para venderlo como leña, dejando desnuda la campiña
y provocando que el agua corra incontenible.
Dos, que es una tragedia perder toda esa agua, que en gran parte tendría
que recogerse en reservorios para abastecerla a la población, para
regar, para lavar y para criar peces mejorando la dieta de la gente. Hay
dinero para que Juana de Arco ande persiguiendo y dando garrotazos a los
comerciantes, pero no para embalsar el agua y mejorar su consumo en ciudades
y zonas rurales. Como nos dicen los técnicos israelitas que nos
visitan, ¡qué diéramos por tener estos niveles de
lluvia en nuestro desértico país!
Por diversos motivos entre ellos que el clima se ha vuelto más
extremo, padecemos de inundaciones y sequías, lo que sólo
podrá controlarse o mitigarse manejando mejor los torrentes de
agua que caen cada invierno.

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