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Alonso I Rey de Asturias

El piloto de Renault se hizo del título de la Fórmula 1, tras 7 años de dominio alemán

Publicada 26 de septiembre 2005 , El Diario de Hoy

Tributo. El campeón mundial de Fórmula Uno se cubre con la copa, en su baño de gloria. Foto EDH/AP


DPA
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

El español Fernando Alonso conquistó ayer su primer título mundial de Fórmula 1 al terminar en tercera posición en el Gran Premio de Brasil, que ganó el colombiano Juan Pablo Montoya.

El 28o. campeón mundial y el primero español se convierte, a sus 24 años, un mes y 27 días, en el ganador del título más joven en 55 años de Fórmula 1, superando la marca que poseía el brasileño Emerson Fittipaldi.

“Es imposible decir algo. Estoy tremendamente feliz, es un día muy emocionante, muy importante para mí, toda mi familia y todos mis amigos. Luchamos siempre por este sueño.

El título es lo máximo que puedo conseguir en mi vida y me ha llegado ahora, y quiero dar las gracias a toda la afición, a toda España”, afirmó el piloto, que tuvo que cortar su discurso abruptamente porque la emoción ahogaba sus palabras.

A falta de dos carreras, Alonso (Renault) acumula 117 puntos, por 94 de Raikkonen (McLaren-Mercedes), que ayer sólo pudo ser segundo tras su compañero de equipo. El español ganó el título gracias a un espectacular arranque encadenando tres victorias en Malasia, Bahrein y San Marino, a otros tres triunfos, y a una gran regularidad que le llevó 13 veces al podio en 17 carreras.

Alonso tuvo una carrera de lo más plácida. Mantuvo su “pole position” en la primera vuelta, no opuso resistencia al adelantamiento de Montoya en la segunda vuelta y su temprana entrada en boxes (vuelta 21) permitió a Raikkonen superarlo.

Consuelo Juan Pablo Montoya ganó ayer y es tercero del mundo. Foto EDH/AP

Con Michael Schumacher cuarto a gran distancia, de ahí hasta el final su única preocupación fue mantener el ritmo, no cometer errores y llegar hasta la meta.

Rodando como un reloj en el entorno de 1:13 minutos por vuelta, el español se paseó hacia la meta para sellar su título mundial.

Tras cruzar la línea de llegada Alonso saludó a todo el equipo, que lo esperaba en el muro de boxes con una enorme pancarta que decía “World Champion”.

Cuando se bajó del coche, el español se quitó con parsimonia el casco, los auriculares y el buzo ignífugo, se secó la cara, se mesó los cabellos y entonces estalló: dio un enorme grito con los brazos en alto, se subió a su coche y saludó al público, y posteriormente se lanzó hacia sus mecánicos, que lo levantaron en volandas.

Flavio Briatore, jefe de Renault y representante de Alonso, calificó a su piloto de “fantástico”. “Hemos batido todos los récords, lo que hemos conseguido es impresionante”, aseguró el italiano, que sentenció que el español “se lo merece”.

Mientras Alonso caminaba cómodo hacia la gloria y los festejos, a Montoya y Raikkonen sólo les quedó luchar por el premio menor, la victoria en el Gran Premio.

Idolatría. La “Alonsomanía” se apoderó de los brasileños. Foto EDH/AP

La clave de la batalla estuvo en la última entrada en boxes: Montoya repostó 6,2 segundos en la vuelta 54 y Raikkonen 5,8 en la 58, pero cuando salió otra vez a pista lo hizo justo detrás del colombiano.

Sólo un error podía arrebatar al colombiano el séptimo triunfo de su carrera, y no lo cometió.

Raikkonen salió doblemente derrotado: perdió el Mundial con Alonso y la carrera de Interlagos frente a su compañero de equipo.
McLaren, con el “doblete”, es líder de constructores.

Emoción y entusiasmo en Brasil por Fernando

Una emocionada explosión de alegría y aplausos entusiasmados de más de 60 mil personas sacudió ayer el autódromo de Interlagos, donde el español Fernando Alonso se coronó campeón mundial de Fórmula Uno.

El desenlace de la carrera justificó con creces la fiesta preparada en Sao Paulo para celebrar un momento histórico, tanto para Alonso —que se convirtió en el primer español campeón mundial de Fórmula 1— y para los brasileños, que por primera vez pudieron ser testigos de la decisión de un título de la categoría reina del automovilismo.

Samba. Los brasileños hicieron suyo el triunfo de Alonso. Foto EDH/AP

La expectativa por la prueba se hacía sentir como electricidad desde horas antes de su inicio, y era casi tan visible como las nubes negras que cubrían el autódromo, como un preanuncio de las lluvias torrenciales previstas por los meteorólogos, pero que al final no cayeron.

Los expertos del automovilismo se dedicaban a especular en torno a la estrategia que adoptaría Alonso para confirmarse como campeón.
“Intentará ganar el título y también la carrera”, pronosticaba el piloto brasileño Luciano Burti.

Esa era también la expectativa de un grupo de algunas decenas de admiradores brasileños y españoles de Alonso —dos de ellos luciendo atuendos de torero— que se concentraban cerca de la recta de llegada de la pista, listos para festejar el título con su ídolo.

En los boxes del autódromo, los padres de los pilotos compartían la expectativa. El del español, José Luis Alonso, eludía el acoso de la prensa, y prefería esperar en silencio el momento en que su hijo se convirtiera en el más joven campeón de la historia de la Fórmula 1.
Cuando faltaban seis vueltas para el final, el jefe de Renault, Flavio Briatore, se retiró para adentro de los boxes, quizás para escapar a la insoportable tensión de los últimos minutos.

Pero no hubo incidentes, y el español, quien antes de la prueba había alabado la pasión de los brasileños por el automovilismo, pudo ver al público de Interlagos contaminado por la “Alonsomanía”, conmovido por la oportunidad de ver completarse ante sus ojos un nuevo capítulo de la historia de la Fórmula Uno. Y destronar al rey hasta entonces, Michael Schumacher.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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