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| Tributo. El campeón mundial de Fórmula
Uno se cubre con la copa, en su baño de gloria. Foto
EDH/AP |
DPA
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
El español Fernando Alonso conquistó ayer su primer título
mundial de Fórmula 1 al terminar en tercera posición en
el Gran Premio de Brasil, que ganó el colombiano Juan Pablo Montoya.
El 28o. campeón mundial y el primero español se convierte,
a sus 24 años, un mes y 27 días, en el ganador del título
más joven en 55 años de Fórmula 1, superando la marca
que poseía el brasileño Emerson Fittipaldi.
Es imposible decir algo. Estoy tremendamente feliz, es un día
muy emocionante, muy importante para mí, toda mi familia y todos
mis amigos. Luchamos siempre por este sueño.
El título es lo máximo que puedo conseguir en mi vida y
me ha llegado ahora, y quiero dar las gracias a toda la afición,
a toda España, afirmó el piloto, que tuvo que cortar
su discurso abruptamente porque la emoción ahogaba sus palabras.
A falta de dos carreras, Alonso (Renault) acumula 117 puntos, por 94 de
Raikkonen (McLaren-Mercedes), que ayer sólo pudo ser segundo tras
su compañero de equipo. El español ganó el título
gracias a un espectacular arranque encadenando tres victorias en Malasia,
Bahrein y San Marino, a otros tres triunfos, y a una gran regularidad
que le llevó 13 veces al podio en 17 carreras.
Alonso tuvo una carrera de lo más plácida. Mantuvo su pole
position en la primera vuelta, no opuso resistencia al adelantamiento
de Montoya en la segunda vuelta y su temprana entrada en boxes (vuelta
21) permitió a Raikkonen superarlo.
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| Consuelo Juan Pablo Montoya ganó ayer
y es tercero del mundo. Foto EDH/AP |
Con Michael Schumacher cuarto a gran distancia, de ahí hasta el
final su única preocupación fue mantener el ritmo, no cometer
errores y llegar hasta la meta.
Rodando como un reloj en el entorno de 1:13 minutos por vuelta, el español
se paseó hacia la meta para sellar su título mundial.
Tras cruzar la línea de llegada Alonso saludó a todo el
equipo, que lo esperaba en el muro de boxes con una enorme pancarta que
decía World Champion.
Cuando se bajó del coche, el español se quitó con
parsimonia el casco, los auriculares y el buzo ignífugo, se secó
la cara, se mesó los cabellos y entonces estalló: dio un
enorme grito con los brazos en alto, se subió a su coche y saludó
al público, y posteriormente se lanzó hacia sus mecánicos,
que lo levantaron en volandas.
Flavio Briatore, jefe de Renault y representante de Alonso, calificó
a su piloto de fantástico. Hemos batido todos
los récords, lo que hemos conseguido es impresionante, aseguró
el italiano, que sentenció que el español se lo merece.
Mientras Alonso caminaba cómodo hacia la gloria y los festejos,
a Montoya y Raikkonen sólo les quedó luchar por el premio
menor, la victoria en el Gran Premio.
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| Idolatría. La Alonsomanía
se apoderó de los brasileños. Foto
EDH/AP |
La clave de la batalla estuvo en la última entrada en boxes: Montoya
repostó 6,2 segundos en la vuelta 54 y Raikkonen 5,8 en la 58,
pero cuando salió otra vez a pista lo hizo justo detrás
del colombiano.
Sólo un error podía arrebatar al colombiano el séptimo
triunfo de su carrera, y no lo cometió.
Raikkonen salió doblemente derrotado: perdió el Mundial
con Alonso y la carrera de Interlagos frente a su compañero de
equipo.
McLaren, con el doblete, es líder de constructores.
Emoción y entusiasmo en Brasil por Fernando
Una emocionada explosión de alegría y aplausos entusiasmados
de más de 60 mil personas sacudió ayer el autódromo
de Interlagos, donde el español Fernando Alonso se coronó
campeón mundial de Fórmula Uno.
El desenlace de la carrera justificó con creces la fiesta preparada
en Sao Paulo para celebrar un momento histórico, tanto para Alonso
que se convirtió en el primer español campeón
mundial de Fórmula 1 y para los brasileños, que por
primera vez pudieron ser testigos de la decisión de un título
de la categoría reina del automovilismo.
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| Samba. Los brasileños hicieron suyo el
triunfo de Alonso. Foto EDH/AP |
La expectativa por la prueba se hacía sentir como electricidad
desde horas antes de su inicio, y era casi tan visible como las nubes
negras que cubrían el autódromo, como un preanuncio de las
lluvias torrenciales previstas por los meteorólogos, pero que al
final no cayeron.
Los expertos del automovilismo se dedicaban a especular en torno a la
estrategia que adoptaría Alonso para confirmarse como campeón.
Intentará ganar el título y también la carrera,
pronosticaba el piloto brasileño Luciano Burti.
Esa era también la expectativa de un grupo de algunas decenas de
admiradores brasileños y españoles de Alonso dos de
ellos luciendo atuendos de torero que se concentraban cerca de la
recta de llegada de la pista, listos para festejar el título con
su ídolo.
En los boxes del autódromo, los padres de los pilotos compartían
la expectativa. El del español, José Luis Alonso, eludía
el acoso de la prensa, y prefería esperar en silencio el momento
en que su hijo se convirtiera en el más joven campeón de
la historia de la Fórmula 1.
Cuando faltaban seis vueltas para el final, el jefe de Renault, Flavio
Briatore, se retiró para adentro de los boxes, quizás para
escapar a la insoportable tensión de los últimos minutos.
Pero no hubo incidentes, y el español, quien antes de la prueba
había alabado la pasión de los brasileños por el
automovilismo, pudo ver al público de Interlagos contaminado por
la Alonsomanía, conmovido por la oportunidad de ver
completarse ante sus ojos un nuevo capítulo de la historia de la
Fórmula Uno. Y destronar al rey hasta entonces, Michael Schumacher.

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