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| Préstamos. Una forma de hacer que las
remesas sean rentables es que se destinen al financiamiento de actividades
atendidas por las microfinanzas. Foto
The New York
Times |
The New York Times
Betsy Cumings
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Algunas semanas, José Edgardo Andrande gana menos de 200 dólares.
Otras, su pago asciende a 1,200. Pero vuelve a bajar a 500 dólares
a la siguiente semana, indicó Andrande, de 42 años,
un trabajador originario de El Salvador, quien desde hace 24 años
ha trabajado como repartidor, electricista, en restaurantes y en trabajos
de construcción en Estados Unidos.
No obstante, a pesar de la fluctuación, envía a casa 700
dólares para sostener a sus dos hijos y a su madre en su natal
San Salvador.
Mientras la población hispana en Estados Unidos sigue en ascenso,
tras aumentar 10 por ciento, hasta 41.3 millones, el año pasado,
frente a 37.4 millones en 2002, algo más crece con ella: el dinero,
conocido como envíos, que aquellos que trabajan en las cocinas
de restaurantes estadounidenses y podan los prados en los suburbios envían
a su país. El flujo de dinero fue de 32,000 millones de dólares
en 2004, en comparación con 28,000 millones en 2002. Y en esto
se encuentra la oportunidad para los empresarios.
Créditos
En años recientes, surgió una industria de compañías
que no solamente transfieren por bajas tarifas el dinero de los trabajadores
inmigrantes hasta su país de origen, sino que también les
ofrecen una forma de establecer crédito en Estados Unidos y aprender
a lograr que su dinero rinda más.
Andrande se convenció recientemente. Usa Mi Pueblo, una unidad
de la Corporación Internacional de Microfinanzas, compañía
de Washington creada en 2003 para ayudar a los inmigrantes a manejar el
poder de sus envíos a sus países natales e impulsar su potencial
de ganancias e inversiones en Estados Unidos.
En septiembre pasado, Microfinanzas creó Mi Pueblo para ofrecer
cuentas, transferencias de dinero, crédito, préstamos y
servicios de administración de fondos a inmigrantes de América
Latina. El motivo de los inmigrantes es venir aquí, conseguir
un empleo y trabajar duro para enviar dinero a casa para sostener a sus
familiares, explicó Atsumasa Tochisako, director ejecutivo
de Microfinanzas. Pero, desafortunadamente, en un país desarrollado
como Estados Unidos, no existe una infraestructura financiera adecuada
de servicios financieros preparada para servir a esos inmigrantes.
En tanto Microfinanzas abre cuentas, actualmente solamente para salvadoreños,
mediante un programa piloto en Maryland, Virginia, Delaware y Washington,
se suma a un creciente grupo de pequeñas instituciones financieras,
desde uniones crediticias hasta bancos independientes, que asumen un papel
cada vez mayor en el negocio de los envíos.
Tochisako indicó que el mercado de los envíos apenas comienza
a ser explotado en Estados Unidos. Además, espera transformar los
envíos, de solamente un medio para sostener a los familiares en
casa, en una nueva fuente de financiamiento internacional que podría
darles poder a los inmigrantes para mejorar su situación financiera
aquí y en el extranjero, e incluso volverse empresarios.
Iniciar un negocio
Todo esto suena atractivo para Andrande. Es una buena idea iniciar
un negocio, pero debo tener el dinero, comentó. La mayoría
de los bancos ven a Andrande, un trabajador por contrato, como un acreedor
riesgoso.
Pero no Microfinanzas Internacional. Le ha otorgado dos créditos
por 5,000 dólares este año, 2,000 de los cuales ya ha pagado.
Y, sin un préstamo, sus ganancias tras el envío de 700 dólares
para sus dos hijos y su madre en El Salvador no cubrirían su renta
de 610 dólares en Washington y otros gastos para su esposa y sus
dos hijas que viven aquí.
Aunque los envíos son una práctica que se remonta a hace
varias décadas, no ha sido observada, sino hasta hace poco en Estados
Unidos. El interés entre los centros bancarios aumenta, debido
en gran medida a que las cantidades de dólares crecen cada año,
afirmó Donald F. Terry, gerente del fondo de inversión multilateral
del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington, un prestamista multimillonario
para las naciones latinoamericanas y del Caribe.
El mismo tiempo, los inmigrantes sienten más valor para crear cuentas
en firmas financieras en sus comunidades.
Hace varios años, en Durham, Carolina del Norte, los latinos eran
asaltados constantemente porque llevaban grandes sumas de efectivo cuando
acudían a los sitios de transferencia para enviar dólares
a casa. Se corría la voz de que, los viernes en la noche,
los trabajadores latinos eran alcancías ambulantes, dijo
Randy Chambers, tesorero de la Unión de Crédito Latino en
Durham, que fue creada en junio de 2000 para eliminar tal delincuencia,
y cuenta hoy con cinco sucursales y 35,000 miembros en todo el estado.
Después de cambiar sus cheques y comprar comida, podrían
tener aún de 200 a 700 dólares, en su bolsillo. No
sentían confianza para abrir cuentas en los bancos locales, aseveró
Chambers. Muchos de ellos eran blancos ambulantes, incluyendo a uno que
fue baleado frente a su casa por los 25 dólares que llevaba en
el bolsillo, y hoy es parapléjico, agregó.
Divisas
México es el mayor receptor de se envíos, con 16,600 millones
de dólares enviados allí en 2004, según estadísticas
del Banco Interamericano de Desarrollo. Pero, para otros países,
a pesar de que tal vez reciban menos dinero (810 millones en Nicaragua,
por ejemplo, y 1,300 millones en Perú), los envíos son cruciales
para su estabilidad económica.
Este país se sostiene de los envíos, aseguró
José Napoleón Duarte, hijo del presidente salvadoreño
de 1984 a 1989, del mismo nombre, y gerente financiero de la Fundación
José Napoleón Duarte, una compañía de microfinanciamiento
en San Salvador. La compañía ayuda a algunos de los residentes
del país a recibir los 2,500 millones de dólares enviados
cada año, lo que representa hasta 25 por ciento de la economía
del país.
Es imperativo ayudar a los inmigrantes en Estados Unidos a mantener el
flujo de los envíos, según afirman los especialistas. Pero
el problema hasta ahora ha sido que los inmigrantes que envían
dinero suelen pagar elevadas cuotas. Por ejemplo, el líder del
mercado, Western Union, cobra de 12 hasta 70 dólares, dependiendo
de la cantidad enviada y el destino.
La compañía afirma que sus precios son competitivos y sus
numerosos destinos justifican las tarifas.

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