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Jorge
Alfaro*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El proyecto de Plan de Nación llevado a cabo por la Comisión
Nacional de Desarrollo, creada en 1997, está fundamentado en tres
ejes de acción: desarrollo interno, reconversión del sector
productivo y la concreción de la integración centroamericana.
El proyecto de introducción de la mezcla del etanol en la gasolina
cumple a la perfección los objetivos del plan, está en manos
del Gobierno y la industria azucarera asegurar la viabilidad del proyecto,
poniendo a disposición los tres tipos de instrumentos necesarios
para que éste se lleve a cabo: financieros, económicos e
institucionales.
Proveer los instrumentos financieros es responsabilidad de la empresa
privada, y la expectativa generada por esta ley y el CAFTA hacen que los
retornos esperados de la industria sean suficiente garantía de
la inversión.
Los instrumentos económicos están dados, con una macroeconomía
estable, una ley vigente del azúcar que protege a la única
agroindustria que tenemos, y con tratados que permiten la exportación
de nuestros excedentes, tenemos los cimientos necesarios para comenzar.
Los instrumentos institucionales hay que crearlos para esta industria
naciente, ya que para el corriente año la factura de petróleo
para El Salvador será de $900 millones, por lo tanto, no suena
descabellado crear un proyecto que deje parte de ese dinero circulando
dentro de nuestra economía, sin alterar el patrón de comportamiento
del consumidor de gasolina.
El proyecto de ley contempla la mezcla del 10% de etanol y 90% de derivado
de petróleo para la gasolina regular y especial. Se importan 20
millones de galones de este combustible al mes, lo que equivaldría
a producir 2 millones de galones de etanol para suplir la demanda de mezcla,
a un precio de $1.60 por galón de etanol en lugar de $4 por galón
de derivado de petróleo representa un ahorro de aproximadamente
$5 millones mensuales para el país sólo por la sustitución.
Sin embargo, éste no es el gran beneficio del proyecto, la Asociación
Azucarera en conjunto con el Ministerio de Economía estiman que
la demanda nacional anual de etanol será de 15 millones de galones,
tanto para la mezcla en gasolina como para alternativas energéticas
al búnker. Sólo con la conversión de la producción
nacional de melaza a etanol se puede suplir esa demanda, aunque la manera
más eficiente de hacerlo es utilizando los jugos de caña,
dejando de producir el excedente de azúcar que nos vemos obligados
a vender al mercado mundial a un precio menor que el costo de producción
de nuestros ingenios, no por nuestras ineficiencias, sino por subsidios
en otros países.
Ningún país ha iniciado un proyecto de etanol sin la ayuda
del Gobierno, y es su responsabilidad con la asesoría de la industria
azucarera la creación de los instrumentos institucionales, que
aseguren la creación y viabilidad de este proyecto, ofreciendo
la certidumbre en las inversiones en plantas de alcohol a los ingenios,
en tierras a los cañeros y en maquinaria a los transportistas,
además de la distribución equitativa de los ingresos entre
ellos, que vale la pena recalcar que son industrias en manos de salvadoreños.
Cualquiera podría argumentar que hace 20 años un proyecto
similar fracasó, sin embargo, en esa ocasión el Gobierno,
en lugar de apoyar a la empresa privada, tomó el rol de empresario;
en este proyecto las condiciones están dadas para lograr desarrollo
interno, reconvertir a este sector productivo e integrarnos a Centroamérica
que son los pilares del Plan de Nación, además aunque mis
razones no sean las correctas, creo que es preferible tener $70 millones
circulando en El Salvador que verlos por televisión pagando jugadores
de fútbol en Qatar o financiando a un déspota que juega
a ser Dios.
*Lic. en Economía y Negocios. jorgealfaro@elsalvador.com

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