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Manuel
Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Muchos salvadoreños viajan a países que devalúan
sus monedas, y regresan con la impresión de que en estos países
la vida es más barata que en El Salvador. Esto sucede en Centro
América pero la sensación es más marcada cuando se
visita países como Argentina, que han sufrido enormes devaluaciones.
Los viajeros citan ejemplos de cenas baratísimas en restaurantes,
cosas de cuero fino compradas a precios de regalo, magníficos cortes
de pelo obtenidos por una nimiedad. Al comparar los precios en estos países
con los de El Salvador, mucha de esta gente piensa: La vida en estos
países es barata, en El Salvador es cara. Al pensar de esta
forma, sin embargo, estas personas olvidan un detalle muy importante:
que sienten la vida barata en estos países sólo porque arriban
a ellos con dólares.
El problema de los residentes de estos países es que ellos no ganan
en dólares, sino en la misma moneda devaluada en la que están
denominados los precios bajos. Es decir, sus salarios son también
baratos, y en realidad lo son más que los precios de las cosas.
Cuando visite uno de estos países y se maraville de que puede pagar
una cena para dos con tragos y vino y excelente servicio con $10, piense
de inmediato en todo lo que tienen que hacer todos los que trabajan en
el restaurante para ganarse $10 entre todos.
Cuando se maraville al ver que le ofrecen un abrigo de cuero legítimo
finísimo a una quinta parte del precio en los mercados internacionales,
sienta la misma lástima que sentiría al ver a alguien vendiendo
sus joyas a una quinta parte del precio por una necesidad económica.
Si usted ve que un corte de pelo vale $0.25, piense que la barbería
tiene que cortar el pelo a cuatro personas para ganarse un dólar.
Usted podrá pensar que si los salarios son igualmente baratos que
los precios de las cosas, todo esto no importa. Eso, sin embargo, ignoraría
que hay cosas que tienen que pagarse en dólares, tales como las
importaciones y la deuda externa del país. Por supuesto, con una
moneda devaluada los aparatos electrónicos que hoy toda la clase
media del país posee (75% de todos los hogares, por ejemplo, tiene
televisión) se vuelven un lujo de los ricos.
Peor aún, el peso en la economía familiar del precio del
petróleo, que también tiene que pagarse en dólares,
se vuelve mucho peor mientras más se devalúa la moneda.
Si usted siente que el precio del petróleo está muy alto
en El Salvador, piense en lo mucho más alto que sería si
tuviéramos una moneda en continua devaluación. El reciente
aumento de 20% de $50 a $60, por ejemplo, se hubiera traducido en un aumento
de 44% si además se hubiera devaluado la moneda en un 20%, una
tasa de devaluación muy común en la América Latina.
El equivalente en su economía familiar sería igual a que
si hubiera subido a $72.
Este precio, es necesario recordar, se filtra en la economía no
sólo a través del precio de la gasolina, sino del de la
electricidad y la energía en general, afectando todos los precios
en la economía.
Pero quizás el peor efecto de las devaluaciones en una economía
barata es la que ellas tienen en el peso de la deuda externa.
Por supuesto, dicha deuda está denominada en dólares. Si
el ingreso del país y los impuestos estuvieran denominados en colones,
y el colón se devaluara en un 350%, la cantidad de colones que
sería necesario recolectar en impuestos para pagar la deuda externa
se multiplicaría por 3.5 veces.
Si se devaluara así como en los 80, el peso actual de la deuda
subiría de 40% a 140% del PIB. Si a usted le parece exagerada una
devaluación del 350%, recuerde que ésta fue la tasa a la
que se devaluó en los años 80, la última vez que
el país creyó en los cantos de sirena de los que dicen que
las devaluaciones son buenas para la economía. Sólo en 1985
el colón se devaluó en 100%, de 2.50 a 5.00 por dólar.
Es decir, las devaluaciones reducen el ingreso real de los trabajadores,
porque sus salarios compran menos cosas importadas, aunque los precios
internacionales de éstas no aumenten y porque el Gobierno tiene
que cobrar más impuestos para pagar la deuda externa, aunque dicha
deuda no aumente en términos de dólares.
Cuando oiga esta idea de que el país es caro y los
que devalúan baratos, recuerde el desastre que fue
para el país el ser barato en los años 80. Sólo
los masoquistas sienten progreso en vender barato el trabajo local contenido
en las exportaciones para comprar caras las importaciones y para volver
la deuda cada vez más alta con respecto al ingreso del país.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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