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La dolarización y los países baratos

Las devaluaciones reducen el ingreso real de los trabajadores, porque sus salarios compran menos cosas importadas, aunque los precios internacionales de éstas no aumenten


Publicada 23 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Manuel Hinds*

El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Muchos salvadoreños viajan a países que devalúan sus monedas, y regresan con la impresión de que en estos países la vida es más barata que en El Salvador. Esto sucede en Centro América pero la sensación es más marcada cuando se visita países como Argentina, que han sufrido enormes devaluaciones.

Los viajeros citan ejemplos de cenas baratísimas en restaurantes, cosas de cuero fino compradas a precios de regalo, magníficos cortes de pelo obtenidos por una nimiedad. Al comparar los precios en estos países con los de El Salvador, mucha de esta gente piensa: “La vida en estos países es barata, en El Salvador es cara”. Al pensar de esta forma, sin embargo, estas personas olvidan un detalle muy importante: que sienten la vida barata en estos países sólo porque arriban a ellos con dólares.

El problema de los residentes de estos países es que ellos no ganan en dólares, sino en la misma moneda devaluada en la que están denominados los precios bajos. Es decir, sus salarios son también baratos, y en realidad lo son más que los precios de las cosas.

Cuando visite uno de estos países y se maraville de que puede pagar una cena para dos con tragos y vino y excelente servicio con $10, piense de inmediato en todo lo que tienen que hacer todos los que trabajan en el restaurante para ganarse $10 entre todos.

Cuando se maraville al ver que le ofrecen un abrigo de cuero legítimo finísimo a una quinta parte del precio en los mercados internacionales, sienta la misma lástima que sentiría al ver a alguien vendiendo sus joyas a una quinta parte del precio por una necesidad económica. Si usted ve que un corte de pelo vale $0.25, piense que la barbería tiene que cortar el pelo a cuatro personas para ganarse un dólar.

Usted podrá pensar que si los salarios son igualmente baratos que los precios de las cosas, todo esto no importa. Eso, sin embargo, ignoraría que hay cosas que tienen que pagarse en dólares, tales como las importaciones y la deuda externa del país. Por supuesto, con una moneda devaluada los aparatos electrónicos que hoy toda la clase media del país posee (75% de todos los hogares, por ejemplo, tiene televisión) se vuelven un lujo de los ricos.

Peor aún, el peso en la economía familiar del precio del petróleo, que también tiene que pagarse en dólares, se vuelve mucho peor mientras más se devalúa la moneda. Si usted siente que el precio del petróleo está muy alto en El Salvador, piense en lo mucho más alto que sería si tuviéramos una moneda en continua devaluación. El reciente aumento de 20% de $50 a $60, por ejemplo, se hubiera traducido en un aumento de 44% si además se hubiera devaluado la moneda en un 20%, una tasa de devaluación muy común en la América Latina. El equivalente en su economía familiar sería igual a que si hubiera subido a $72.

Este precio, es necesario recordar, se filtra en la economía no sólo a través del precio de la gasolina, sino del de la electricidad y la energía en general, afectando todos los precios en la economía.

Pero quizás el peor efecto de las devaluaciones en una economía “barata” es la que ellas tienen en el peso de la deuda externa. Por supuesto, dicha deuda está denominada en dólares. Si el ingreso del país y los impuestos estuvieran denominados en colones, y el colón se devaluara en un 350%, la cantidad de colones que sería necesario recolectar en impuestos para pagar la deuda externa se multiplicaría por 3.5 veces.

Si se devaluara así como en los 80, el peso actual de la deuda subiría de 40% a 140% del PIB. Si a usted le parece exagerada una devaluación del 350%, recuerde que ésta fue la tasa a la que se devaluó en los años 80, la última vez que el país creyó en los cantos de sirena de los que dicen que las devaluaciones son buenas para la economía. Sólo en 1985 el colón se devaluó en 100%, de 2.50 a 5.00 por dólar.

Es decir, las devaluaciones reducen el ingreso real de los trabajadores, porque sus salarios compran menos cosas importadas, aunque los precios internacionales de éstas no aumenten y porque el Gobierno tiene que cobrar más impuestos para pagar la deuda externa, aunque dicha deuda no aumente en términos de dólares.

Cuando oiga esta idea de que el país es “caro” y los que devalúan “baratos”, recuerde el desastre que fue para el país el ser “barato” en los años 80. Sólo los masoquistas sienten progreso en vender barato el trabajo local contenido en las exportaciones para comprar caras las importaciones y para volver la deuda cada vez más alta con respecto al ingreso del país.


*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.


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