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Palabras
El egoísmo causa tristeza

El egoísmo puede llevarnos a un estado de tristeza y soledad.


Publicada 23 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


palabrasbalaguer@gmail.com
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Tristeza, porque nos impide degustar y compartir lo dulce y maravilloso de la vida. Soledad, porque nos aísla del mundo, de Dios y de las personas amadas.

Debemos tratar a los seres queridos con la misma ternura, respeto y amor que deseamos para nosotros mismos.

Si desechamos el egoísmo de nuestra existencia, estaremos en camino de construir un mundo mejor cada día. Y, sobre todo, una mejor persona humana y cósmica.

Alejados, pues, del egoísmo nos alejaremos de la tristeza y de la soledad existencial. Regresaremos a casa, es decir, a nuestro ser verdadero, conquistando con su despertar el mismo mundo físico y material de sus anhelos.

Rodeados de lo bueno del mundo, del milagro verde de Natura, de las flores nuevas del amor, no estaremos solos y viejos. Seremos seres nuevos abrazados y dichosos, iniciando el día.

Compartiendo, no estarás solo en la tristeza ni en la felicidad. Siempre habrá un alma junto a ti, partiendo en dos tu dolor y multiplicando tu alegría.

Cuando muere el egoísmo, nace la dulzura de amar.


DÍA A DÍA

Inventando “derechos”

La Ley de Defensa del Consumidor inventa “derechos”, en este caso a cierta educación. Y para “educar” a los consumidores van a crear un ejército de individuos que andarán por todo el territorio en tales faenas. En qué consiste “educar al consumidor” escapa a nuestras entendederas; ¿van a enseñarle cómo se compran tomates o la manera de interpretar un contrato? Según la Ley, estos “educadores” van a recomendar negocios y prácticas honestas, lo que no suena ni legal ni constitucional ni moral. Y cuando el educando consumidor meta las extremidades, ¿cargará con la culpa su maistro? Es un contrasentido que se eduque a consumidores en una ciencia inexistente, pero que no se eduque a escolares en moral y cívica, o a campesinos en buenas prácticas agrícolas. No hay para reeducar mareros pero sí para “educar consumidores”.

O la ley se muere por sí sola por inaplicable y disparatada, o nuestra sociedad pagará un tremendo costo en conflictos, desconfianza entre clases, chantajes, impresiones “en castellano”, quiebras y cierres.

 


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