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México ayuda a su vecino del norte

Solidaridad. Más allá del envío de las provisiones, los observadores de la relación del país azteca con los Estados Unidos destacan que su peso simbólico fue enorme


Publicada 20 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Cooperación . Un convoy de 47 camiones llevó suministros y alivio a más de tres mil afectados por Katrina. Fotos EDH /Tthe New york Times

The New York Times
John MacCormack
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

LAREDO, Texas.- Más de un siglo y medio después de su última incursión en Texas, el Ejército Mexicano ya volvió a regresar, cruzando el Río Grande (Bravo, en México).

En lugar de mosquetes y planes de batalla, la unidad militar llevaba consigo cocinas portátiles, plantas purificadoras de agua y otras provisiones de alivio para víctimas del huracán Katrina en un convoy de 47 camiones hasta KellyUSA, en San Antonio, donde había 3,400 evacuados.

A su llegada, el general que no se andaba con juegos y que estaba a cargo puso a sus tropas a trabajar, prometiendo comidas calientes en dos horas.

Los camiones –así como 183 soldados desarmados entre cuyas filas venían dentistas, médicos y enfermeras– fueron despachados desde Ciudad de México bajo las órdenes del Presidente mexicano, Vicente Fox.

Su avance fue cubierto febrilmente por organizaciones noticiosas de México. Algunos reporteros acompañaron al convoy en su recorrido y muchos más esperaron su llevada al Puente Colombia de Solidaridad, localizado 32 kilómetros más al norte de Laredo.

“Ha estado en los noticieros de manera constante. Sesenta millones de personas mexicanas están viendo estas imágenes ahora”, expresó Primitivo López, periodista de Televisa, al tiempo que un helicóptero que sobrevolaba el área transmitía en vivo el cruce de los primeros camiones del ejército por el puente citado, poco después de las 20 horas.

En rueda de prensa junto al río, el general mexicano Francisco Ortiz Valadez estaba hombro con hombro junto a oficiales del Ejército de Estados Unidos, al tiempo que la caravana de camionetas, vehículos para la tropa y tracto -camiones –algunos ondeando orgullosamente grandes banderas mexicanas– era inspeccionada.

“Traemos con nosotros, sobre todo, lo que se necesita para preparar comida para la gente que fue afectada por el huracán”, informó el general, cuyos soldados llevaban bandas de plástico amarillo en los brazos que leían “ayuda humanitaria”.

Después, el general brigadier Joe Pársec, el subcomandante general del 5 Ejército Estadounidense en el Fuerte Sam Houston, elogió a los soldados mexicanos, diciendo: “Me impresionan sus capacidades y profesionalismo”.

Tras una expedita inspección del servicio de Aduanas e Inmigración, el convoy fue escoltado hasta las afueras de Laredo con sirenas y luces intermitentes por parte de agentes de la policía en motocicletas, para luego ser escoltados en la Interestatal 35 por autos de la Patrulla Fronteriza y el Departamento de Seguridad Pública de Texas.

Más allá de lo que el envío de provisiones les suministrará a evacuados del huracán Katrina, observadores de las relaciones entre México y Estados Unidos destacan que su peso simbólico fue enorme.

“Yo no creo que eso tenga algo que ver con los bienes. El contenido es irrelevante. Es el hecho que ellos lo están haciendo; y eso tiene que ver con todo el esfuerzo con miras a incrementar la cooperación entre ambos países”, dijo Roderic Camp, experto en México por el Colegio Claremont McKenna, en Los Ángeles.

La ayuda de México también incluye un barco naval con provisiones enviadas por Fox a las áreas afectadas por el meteoro.

“Esencialmente, estamos hablando de un país pobre que envía provisiones al país más rico del mundo. Habría sido difícil que Bush rechazara el ofrecimiento, y en la misma medida resulta muy vergonzoso para la Administración”, indicó Peter Ward, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Texas, en Austin, quien se especializa en política mexicana.

Con mucha frecuencia del lado receptor de la ayuda estadounidense, los mexicanos están impacientes por ayudar y quizás asombrados en secreto ante lo mal que fue manejada la respuesta al huracán, según Richard Craig, experto en México por la Universidad Estatal de Kent, en Ohio.

“Muy en el fondo, prevalece un sentir de retribución”, detalló. “Los mexicanos pudieran sentir que ellos fueron capaces de manejar sus propias emergencias, como el terremoto de 1985, mejor de lo que nosotros manejamos las nuestras propias”.

Dejando a un lado el análisis, el convoy era como si el circo hubiera llegado al pueblo. Camioneros que pasaban por ahí tocaban el claxon, otros motoristas saludaban con la mano y personas en la carretera lanzaban vítores y saludaban. Cerca del poblado de Van Ormy, Texas, más de 70 personas esperaron junto a una rampa de entrada.

“Le estamos dando la bienvenida al Ejército Mexicano. Nuestra familia ha vivido aquí desde aproximadamente 1800. Nosotros estuvimos aquí la última vez que ellos vinieron acá, en 1836”, manifestó Art Martínez, de 30 años.

Margarita Romero, de 53 años, tomaba fotografías y saludaba, haciendo una pausa de cuando en cuando para enjugarse las lágrimas.

“Es muy hermoso”, expresó Romero, ciudadana estadounidense nacida en México. “Es un día muy feliz para ser mexicano. Me siento muy orgullosa de que nuestros vecinos nos estén tendiendo una mano”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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