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Recuperan. Los repellos antiguos serán
sustituidos, por eso
rescatarán los graffitis. Foto EDH |
Morena Azucena
mlazucena@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
La reclusión no puede ser peor: el frío y la oscuridad se
cala en las paredes gruesas y viejas. En la pequeña bóveda,
no hay nada alrededor, sólo unos orificios donde pasa el aire y
dos dibujos a lápiz que ya lucen gastados.
El primero se asemeja a un búho. Sus ojos y alas parecen estar
orientados al techo, con ansias de libertad. El segundo parece ser la
representación popular del diablo, sí, el de cachos y cara
malévola.
Su creador o creadores vivieron el encierro a flor de piel. Fueron presos
que estuvieron confinados en la celda de castigo de la Penitenciaría
de Santa Tecla, edificio construido por el arquitecto José Jerez
en 1902.
Hoy, este espacio le habla al nuevo inquilino: el Museo de
la Ciudad. El producto de una iniciativa de tecleños que pretenden
documentar la riqueza patrimonial del municipio.
Encontramos estos dibujos en las primeras capas de pintura de las
paredes. Eso quiere decir que pertenecen a la primera década de
su funcionamiento, comentó el presidente de la asociación,
Carlos Mejía.
Estas formas han sido interpretadas por Jorge Mejía, el director
de ese centro cultural. Él sostiene que, para los reos, el tecolote
era símbolo de justicia. Para ellos, con su poder lograrían
la libertad o salir más rápido de la prisión.
Incluso, cree que el ave era un canal de comunicación con el diablo,
la figura que está a su lado. Recordemos que el búho,
en la época prehispánica, significaba muerte. Y para los
presos probablemente esta ave se tornó en todo un icono,
sostuvo Mejía.
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| Técnicas. Carlos Mejía retira los
graffitis con una técnica llamada decapage, ésta permite
conservarlos. Foto EDH |
Evidencias
El búho y el diablo no son los únicos graffitis. Hay otros
14 dibujos y mensajes que documentan las cuatro etapas históricas
que registra el inmueble.
Incluso, los miembros del museo han encontrado la numeración original
de las celdas; entre ellas se destacan los primeros tres espacios, ubicados
en la parte poniente y oriente de la estructura.
Las grafías más recientes corresponden a la época
del conflicto armado estima Mejía. Éstas se
encuentran en las capas de pintura más superficiales y cercanas
al repello, y por algunos mensajes que hacen referencia a organizaciones
populares.
La sorpresa visual más grande es un mural de color oscuro que reproduce
unas pencas de maguey, el cual pudo haber sobrepasado los cuatro metros
de ancho.
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| Evidencias. Estas grafías eran el único
medio de expresión de los presos. Foto
EDH |
Estas dimensiones y formas son las que sorprenden a los miembros del
museo, pues hasta el momento no se explican cómo los prisioneros
podían hacer estas expresiones en medio de las limitaciones y del
personal de seguridad.
Nos han dicho que estos implementos eran infiltrados en la comida,
o los visitantes las traían en sus ropas, indicó Mejía.
Sobre los materiales, se cree que eran pigmentos naturales y hechos con
procedimientos artesanales. Sólo uno de los graffitis presenta
pintura de aceite.
Éstas no son conclusiones finales, aún falta estudiarlos
y desvelarlos, con el fin de capturar las voces de los que un día
vivieron tras las rejas.
Grafías para la memoria
Desde hace tres semanas, el equipo de restauración del Museo de
la Ciudad de Santa Tecla se ha dado a la tarea de hacer un levantamiento
de los graffitis que tapizan las paredes de la ex penitenciaría,
actual sede de este centro cultural.
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| Patrimonio. Las botellas y las piezas arqueológicas
son de la colección del museo. Foto EDH |
Para resguardarlos, la restauradora Leticia Escobar ha empleado una técnica
llamada decapage, la misma que se utilizó en los murales del Palacio
Nacional.
Escobar dice que es un procedimiento delicado, debido a las condiciones
frágiles en las que se encuentran muchos de los dibujos y mensajes.
No obstante, serán trasladados de las paredes a una manta especial
en la que quedarán plasmados.
Primero consolidamos la pintura original, luego, con una goma natural
de almidón, preparamos un engrudo semipastoso. Se aplica en el
papel de mantequilla, se inserta en el mural que queremos rescatar, a
forma de que no queden grumos; después, dejamos que se seque y
luego lo pasamos (el mural) a una tela, explicó.
Este procedimiento de emergencia se debe a que los repellos del edificio
serán reemplazados, pues los antiguos están en malas condiciones.
Y lo más importante según Escobar, es que en
un futuro estas evidencias serán parte de las exposiciones que
tendrá el museo, que pretende abrir las puertas el próximo
año.

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