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Paredes que hablan

Los repellos de la antigua penitenciaría de Santa Tecla ocultaban una diversidad de trazos. Los relatos hablan de las vidas que transcurrieron en ese encierro

Publicada 20 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Recuperan. Los repellos antiguos serán sustituidos, por eso
rescatarán los graffitis. Foto EDH

Morena Azucena
mlazucena@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


La reclusión no puede ser peor: el frío y la oscuridad se cala en las paredes gruesas y viejas. En la pequeña bóveda, no hay nada alrededor, sólo unos orificios donde pasa el aire y dos dibujos a lápiz que ya lucen gastados.

El primero se asemeja a un búho. Sus ojos y alas parecen estar orientados al techo, con ansias de libertad. El segundo parece ser la representación popular del diablo, sí, el de cachos y cara malévola.

Su creador o creadores vivieron el encierro a flor de piel. Fueron presos que estuvieron confinados en la celda de castigo de la Penitenciaría de Santa Tecla, edificio construido por el arquitecto José Jerez en 1902.

Hoy, este espacio “le habla” al nuevo inquilino: el Museo de la Ciudad. El producto de una iniciativa de tecleños que pretenden documentar la riqueza patrimonial del municipio.

“Encontramos estos dibujos en las primeras capas de pintura de las paredes. Eso quiere decir que pertenecen a la primera década de su funcionamiento”, comentó el presidente de la asociación, Carlos Mejía.

Estas formas han sido interpretadas por Jorge Mejía, el director de ese centro cultural. Él sostiene que, para los reos, el tecolote era símbolo de justicia. Para ellos, con su poder lograrían la libertad o salir más rápido de la prisión.

Incluso, cree que el ave era un canal de comunicación con el diablo, la figura que está a su lado. “Recordemos que el búho, en la época prehispánica, significaba muerte. Y para los presos probablemente esta ave se tornó en todo un icono”, sostuvo Mejía.

Técnicas. Carlos Mejía retira los graffitis con una técnica llamada decapage, ésta permite conservarlos. Foto EDH

Evidencias

El búho y el diablo no son los únicos graffitis. Hay otros 14 dibujos y mensajes que documentan las cuatro etapas históricas que registra el inmueble.

Incluso, los miembros del museo han encontrado la numeración original de las celdas; entre ellas se destacan los primeros tres espacios, ubicados en la parte poniente y oriente de la estructura.

Las grafías más recientes corresponden a la época del conflicto armado –estima Mejía–. Éstas se encuentran en las capas de pintura más superficiales y cercanas al repello, y por algunos mensajes que hacen referencia a organizaciones populares.

La sorpresa visual más grande es un mural de color oscuro que reproduce unas pencas de maguey, el cual pudo haber sobrepasado los cuatro metros de ancho.

Evidencias. Estas grafías eran el único medio de expresión de los presos. Foto EDH

Estas dimensiones y formas son las que sorprenden a los miembros del museo, pues hasta el momento no se explican cómo los prisioneros podían hacer estas expresiones en medio de las limitaciones y del personal de seguridad.

“Nos han dicho que estos implementos eran infiltrados en la comida, o los visitantes las traían en sus ropas”, indicó Mejía.

Sobre los materiales, se cree que eran pigmentos naturales y hechos con procedimientos artesanales. Sólo uno de los graffitis presenta pintura de aceite.

Éstas no son conclusiones finales, aún falta estudiarlos y desvelarlos, con el fin de capturar las voces de los que un día vivieron tras las rejas.


Grafías para la memoria

Desde hace tres semanas, el equipo de restauración del Museo de la Ciudad de Santa Tecla se ha dado a la tarea de hacer un levantamiento de los graffitis que tapizan las paredes de la ex penitenciaría, actual sede de este centro cultural.

Patrimonio. Las botellas y las piezas arqueológicas son de la colección del museo. Foto EDH

Para resguardarlos, la restauradora Leticia Escobar ha empleado una técnica llamada decapage, la misma que se utilizó en los murales del Palacio Nacional.

Escobar dice que es un procedimiento delicado, debido a las condiciones frágiles en las que se encuentran muchos de los dibujos y mensajes. No obstante, serán trasladados de las paredes a una manta especial en la que quedarán plasmados.

“Primero consolidamos la pintura original, luego, con una goma natural de almidón, preparamos un engrudo semipastoso. Se aplica en el papel de mantequilla, se inserta en el mural que queremos rescatar, a forma de que no queden grumos; después, dejamos que se seque y luego lo pasamos (el mural) a una tela”, explicó.

Este procedimiento de emergencia se debe a que los repellos del edificio serán reemplazados, pues los antiguos están en malas condiciones. Y lo más importante –según Escobar–, es que en un futuro estas evidencias serán parte de las exposiciones que tendrá el museo, que pretende abrir las puertas el próximo año.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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