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El
Diario de Hoy
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El objetivo final de cara a las venideras elecciones es conservar nuestras
libertades, dijo el Presidente Saca en su discurso del quince de septiembre.
El precio de la libertad, se nos advierte desde hace siglos, es la vigilancia
eterna, su permanente defensa.
El voto es una de las más efectivas armas para salvaguardar la
libertad, el Orden de Derecho y la democracia. Por el contrario, el voto
desinformado, el voto confundido, el voto del resentimiento, el voto manipulado
y el voto de la insensatez pueden derrumbar la democracia y abrir puertas
a la dictadura o a la anarquía.
El voto en favor de la libertad, a su vez, es producto de la conducción
racional de la cosa pública, de la prudencia del gobernante, del
vigoroso debate de los problemas de una nación, de la forma cómo
se enfrentan la demagogia y las prédicas del odio.
Esas realidades obligan no sólo a votar por la libertad, sino asimismo
a procurar que la institucionalidad y las políticas del Estado
respondan a iniciativas y planteamientos sensatos que se conjuguen entre
sí de manera lógica y armoniosa.
Leyes mal concebidas, programas populistas, velados ataques a determinados
sectores, la incomprensión de lo que mueve y fundamenta una economía
libre, pueden echar a perder un triunfo electoral y sentar las condiciones
para una futura y catastrófica derrota. Hay que estar a la defensiva
frente a quintas columnas, funcionarios incapaces, venales consejeros
y las abundantes cosechas de ocurrencias que obran como trampas en el
camino.
Problemas grandes, remedios peores
Hay demasiado en juego en primer lugar el desarrollo económico
del país para no reflexionar en las consecuencias reales
de cada decisión, de cada ley, de cada acto. Esto, a su vez, sólo
se puede lograr a través de un análisis racional y a fondo
de leyes, medidas, reglamentos y propuestas.
Un gobierno puede tener toda la intención de favorecer la educación
o ayudar a las comunidades, pero pese a ello embarrancarse en programas
estériles o francamente nocivos. Repartir dinero despierta en la
población espectativas falsas, que a la corta pueden beneficiar
más a los traficantes de ilusiones y al demagogo, que simplemente
ofrecen el triple además de agitar a quienes no les llegan las
dádivas. No en balde los chinos indican que al regalar pescado
se beneficia a un hombre un día, pero al enseñarle a pescar
se le beneficia toda la vida.
¿Cómo se enseña a pescar en nuestro tiempo?
Se consigue al proteger y fortalecer las fuentes de trabajo, al incrementar
la inversión, consolidar la seguridad jurídica, liberar
al productor y al comerciante de actos arbitrarios y acosos del poder
público. En la medida en que se incrementen las actividades empresariales
y la competencia eleve la demanda de técnicos y trabajadores calificados,
por si sola la gente aprenderá a pescar.
La permanente obligación de un gobierno es superar las tentaciones
populistas y examinar muy a fondo, con el concurso de las mejores cabezas
de una nación, cada iniciativa de ley y cada programa, para que
al llevarse a la práctica los resultados no sean peores que el
problema que se quiso solucionar. Las sociedades libres son el fruto de
leyes y prácticas coherentes entre sí, donde cada pieza
encaja con el resto en beneficio de libertades esenciales.

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