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La Nota del Día
Libertad y sensatez van de la mano

Las sociedades libres son el fruto de leyes y prácticas coherentes entre sí, donde cada pieza encaja con el resto en beneficio de libertades esenciales

Publicada 20 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

El objetivo final de cara a las venideras elecciones es conservar nuestras libertades, dijo el Presidente Saca en su discurso del quince de septiembre. El precio de la libertad, se nos advierte desde hace siglos, es la vigilancia eterna, su permanente defensa.

El voto es una de las más efectivas armas para salvaguardar la libertad, el Orden de Derecho y la democracia. Por el contrario, el voto desinformado, el voto confundido, el voto del resentimiento, el voto manipulado y el voto de la insensatez pueden derrumbar la democracia y abrir puertas a la dictadura o a la anarquía.

El voto en favor de la libertad, a su vez, es producto de la conducción racional de la cosa pública, de la prudencia del gobernante, del vigoroso debate de los problemas de una nación, de la forma cómo se enfrentan la demagogia y las prédicas del odio.

Esas realidades obligan no sólo a votar por la libertad, sino asimismo a procurar que la institucionalidad y las políticas del Estado respondan a iniciativas y planteamientos sensatos que se conjuguen entre sí de manera lógica y armoniosa.

Leyes mal concebidas, programas populistas, velados ataques a determinados sectores, la incomprensión de lo que mueve y fundamenta una economía libre, pueden echar a perder un triunfo electoral y sentar las condiciones para una futura y catastrófica derrota. Hay que estar a la defensiva frente a quintas columnas, funcionarios incapaces, venales consejeros y las abundantes cosechas de ocurrencias que obran como trampas en el camino.

Problemas grandes, remedios peores

Hay demasiado en juego —en primer lugar el desarrollo económico del país— para no reflexionar en las consecuencias reales de cada decisión, de cada ley, de cada acto. Esto, a su vez, sólo se puede lograr a través de un análisis racional y a fondo de leyes, medidas, reglamentos y propuestas.

Un gobierno puede tener toda la intención de favorecer la educación o ayudar a las comunidades, pero pese a ello embarrancarse en programas estériles o francamente nocivos. Repartir dinero despierta en la población espectativas falsas, que a la corta pueden beneficiar más a los traficantes de ilusiones y al demagogo, que simplemente ofrecen el triple además de agitar a quienes no les llegan las dádivas. No en balde los chinos indican que al regalar pescado se beneficia a un hombre un día, pero al enseñarle a pescar se le beneficia toda la vida.

¿Cómo “se enseña a pescar” en nuestro tiempo? Se consigue al proteger y fortalecer las fuentes de trabajo, al incrementar la inversión, consolidar la seguridad jurídica, liberar al productor y al comerciante de actos arbitrarios y acosos del poder público. En la medida en que se incrementen las actividades empresariales y la competencia eleve la demanda de técnicos y trabajadores calificados, “por si sola la gente aprenderá a pescar”.

La permanente obligación de un gobierno es superar las tentaciones populistas y examinar muy a fondo, con el concurso de las mejores cabezas de una nación, cada iniciativa de ley y cada programa, para que al llevarse a la práctica los resultados no sean peores que el problema que se quiso solucionar. Las sociedades libres son el fruto de leyes y prácticas coherentes entre sí, donde cada pieza encaja con el resto en beneficio de libertades esenciales.

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