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Una mirada de fe
Benedicto XVI, un hombre de paz

El obispo de Roma invita a implorar de Dios el don de la paz, apoyándose en la promesa de Cristo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”, para que sean capaces de acoger todas las exigencias.

Publicada 18 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Óscar Rodríguez Blanco s. d.b.*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Muchas personas que han tenido la oportunidad de hablar personalmente con Su Santidad Benedicto XVI lo describen como un hombre de Dios, amable, humilde, respetuoso con toda clase de personas, de ideas claras y firmes, abierto al diálogo y comprensivo, con una profunda formación humanística y una amplia preparación teológica y cultural.

En su primera aparición pública se definió como “un humilde trabajador en la viña del Señor” y en el inicio de su pontificado dijo que su opción fundamental ha sido no el de hacer su voluntad siguiendo sus propias ideas, sino el ponerse con toda la Iglesia a escuchar la voluntad del Señor, dejándose conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien dirija a la iglesia en esta hora de nuestra historia.

El Papa Benedicto consciente del ministerio que Dios le ha confiado, ha trazado con mucha claridad de ideas, los desafíos que presenta el mundo y por eso se propone conducir a los hombres “fuera del desierto de la pobreza, del hambre y de la sed, del abandono, de la soledad, del amor quebrantado, de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre, hacia el lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquél que nos da la vida y la vida en plenitud” (Homilía de inicia). Para cumplir con estas aspiraciones nos recuerda las palabras de su antecesor Juan Pablo II: “¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!” Y añade: Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande.

El 27 de abril, dirigiéndose a los peregrinos que se ha-bían congregado en la Plaza de la Basílica de San Pedro, les dijo: “Es necesario, destacar con firmeza, la necesidad de poner a Cristo como centro de toda existencia humana”. Juan Pablo II había sabido construir su extraordinaria personalidad inspirándose en el evangelio de Cristo, ahora Benedicto XVI, con el mismo entusiasmo, nos exhorta a centrar todos nuestros proyectos en Cristo. Con gran humildad y sencillez explica a los peregrinos la razón que le movió a escoger el nombre de Benedicto al ser elegido Obispo de Roma y sucesor de Pedro: “He querido llamarme Benedicto XVI para relacionarme idealmente al venerado Pontífice Benedicto XV, que ha guiado a la Iglesia en un período atormentado por el primer conflicto mundial. Fue valiente y auténtico profeta de paz y actuó con extrema valentía desde el inicio, para evitar el drama de la guerra y después limitar las nefastas consecuencias.

El Papa en fidelidad a su compromiso de pastor universal no ha dejado de invitar a la paz y a la reconciliación entre las naciones. Al iniciar su pontificado se había propuesto “poner su ministerio al servicio de la reconciliación y de la armonía entre los hombres y los pueblos, profundamente convencido de que el gran bien de la paz es sobre todo don de Dios, don frágil y precioso que debe ser invocado, tutelado y construido día tras día con el aporte de todos”.

No ha dejado de pedir a todo hombre de buena voluntad que tenga la valentía de comprometerse activamente en favor de la paz y del diálogo, que es lo único que puede asegurar la paz entre las naciones.

En un mensaje que envió esta semana a un grupo de representantes religiosos que se reunieron en Lyon, Francia, para orar, dialogar y para hacer crecer un humanismo de paz les dijo: “La violencia, sea la que sea, no puede ser una manera de resolver los conflictos.

Hipoteca gravemente el futuro y no respeta ni a las personas ni a los pueblos”. El obispo de Roma invita a implorar de Dios el don de la paz, apoyándose en la promesa de Cristo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”, para que sean capaces de acoger todas las exigencias y ser de este modo constructores de armonía y de paz.

El domingo pasado, recordando los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, después de haber rogado a Dios por las víctimas del terrorismo en el mundo entero, hizo un llamado para que se renuncie al odio y se construya un mundo en donde reine la justicia, la solidaridad y la paz.

Benedicto XVI es el Papa que Dios ha querido enviar a su pueblo, es la cabeza visible de la iglesia.

*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com


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