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Óscar
Rodríguez Blanco s. d.b.*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Muchas personas que han tenido la oportunidad de hablar personalmente
con Su Santidad Benedicto XVI lo describen como un hombre de Dios, amable,
humilde, respetuoso con toda clase de personas, de ideas claras y firmes,
abierto al diálogo y comprensivo, con una profunda formación
humanística y una amplia preparación teológica y
cultural.
En su primera aparición pública se definió como un
humilde trabajador en la viña del Señor y en el inicio
de su pontificado dijo que su opción fundamental ha sido no el
de hacer su voluntad siguiendo sus propias ideas, sino el ponerse con
toda la Iglesia a escuchar la voluntad del Señor, dejándose
conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien dirija
a la iglesia en esta hora de nuestra historia.
El Papa Benedicto consciente del ministerio que Dios le ha confiado, ha
trazado con mucha claridad de ideas, los desafíos que presenta
el mundo y por eso se propone conducir a los hombres fuera del desierto
de la pobreza, del hambre y de la sed, del abandono, de la soledad, del
amor quebrantado, de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas
que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre, hacia
el lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquél
que nos da la vida y la vida en plenitud (Homilía de inicia).
Para cumplir con estas aspiraciones nos recuerda las palabras de su antecesor
Juan Pablo II: ¡Abrid, más todavía, abrid de
par en par las puertas a Cristo! Y añade: Quien deja entrar
a Cristo no pierde nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre,
bella y grande.
El 27 de abril, dirigiéndose a los peregrinos que se ha-bían
congregado en la Plaza de la Basílica de San Pedro, les dijo: Es
necesario, destacar con firmeza, la necesidad de poner a Cristo como centro
de toda existencia humana. Juan Pablo II había sabido construir
su extraordinaria personalidad inspirándose en el evangelio de
Cristo, ahora Benedicto XVI, con el mismo entusiasmo, nos exhorta a centrar
todos nuestros proyectos en Cristo. Con gran humildad y sencillez explica
a los peregrinos la razón que le movió a escoger el nombre
de Benedicto al ser elegido Obispo de Roma y sucesor de Pedro: He
querido llamarme Benedicto XVI para relacionarme idealmente al venerado
Pontífice Benedicto XV, que ha guiado a la Iglesia en un período
atormentado por el primer conflicto mundial. Fue valiente y auténtico
profeta de paz y actuó con extrema valentía desde el inicio,
para evitar el drama de la guerra y después limitar las nefastas
consecuencias.
El Papa en fidelidad a su compromiso de pastor universal no ha dejado
de invitar a la paz y a la reconciliación entre las naciones. Al
iniciar su pontificado se había propuesto poner su ministerio
al servicio de la reconciliación y de la armonía entre los
hombres y los pueblos, profundamente convencido de que el gran bien de
la paz es sobre todo don de Dios, don frágil y precioso que debe
ser invocado, tutelado y construido día tras día con el
aporte de todos.
No ha dejado de pedir a todo hombre de buena voluntad que tenga la valentía
de comprometerse activamente en favor de la paz y del diálogo,
que es lo único que puede asegurar la paz entre las naciones.
En un mensaje que envió esta semana a un grupo de representantes
religiosos que se reunieron en Lyon, Francia, para orar, dialogar y para
hacer crecer un humanismo de paz les dijo: La violencia, sea la
que sea, no puede ser una manera de resolver los conflictos.
Hipoteca gravemente el futuro y no respeta ni a las personas ni a los
pueblos. El obispo de Roma invita a implorar de Dios el don de la
paz, apoyándose en la promesa de Cristo: Mi paz os dejo,
mi paz os doy, para que sean capaces de acoger todas las exigencias
y ser de este modo constructores de armonía y de paz.
El domingo pasado, recordando los ataques del 11 de septiembre de 2001
en Nueva York y Washington, después de haber rogado a Dios por
las víctimas del terrorismo en el mundo entero, hizo un llamado
para que se renuncie al odio y se construya un mundo en donde reine la
justicia, la solidaridad y la paz.
Benedicto XVI es el Papa que Dios ha querido enviar a su pueblo, es la
cabeza visible de la iglesia.
*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora
(Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com

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