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Teresa
Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Como ocurrió con el ataque terrorista a las Torres Gemelas en
Nueva York, era difícil imaginarse que en EE.UU. un fenómeno
natural pudiera hacer desaparecer una ciudad, y que esa nación
no estaba preparada para hacer frente a una tragedia de semejante magnitud.
El mundo entero ha presenciado con dolor cómo la fuerza destructora
del agua barrió Nueva Orleans, una de las urbes más encantadoras,
por la variedad de culturas y tradiciones representantes de un rico pasado
histórico.
Las imágenes dantescas de los habitantes huyendo de la furia de
los elementos, mientras el agua continuaba destruyendo cuanto a su paso
encontraba; los intentos de los fugitivos por salvar lo más preciado
de sus haberes, y la dramática situación de los ancianos,
cuya vulnerabilidad no les permitía movilizarse a la velocidad
que el caos demandaba.
Al inicio, los refugios establecidos de antemano parecieron ser la solución,
pero a medida que los días fueron pasando y los damnificados aumentaban,
los lugares se saturaron y hubo desesperación, quejas y acusaciones
ante la imposibilidad de hacer frente a la tragedia.
Con el tiempo, el horror aumenta, ya que a medida que las aguas bajan,
con desesperante lentitud, descubren su macabro secreto: las personas
que no pudieron salir, sepultadas en sus casas, en estado de descomposición,
son testigos mudos de la destrucción y un testimonio de la implacable
acción de la naturaleza. Y así como los Estados Unidos han
sido siempre los primeros en acudir a aliviar el dolor ajeno, el mundo
entero se ha solidarizado con ellos.
Las situaciones extremas revelan la realidad del ser humano, tanto en
el bien como en el mal. La tragedia de Nueva Orleans ha dejado grandes
lecciones. Solidaridad, espíritu de servicio, caridad y generosidad,
borrando diferencias e ideolo- gías para tratar de aliviar el dolor
ajeno. Pero también la tragedia y el caos, que llevan a la desesperación,
tienden a borrar las barreras que establecen las leyes, los principios
y las conveniencias y el hombre se convierte en un ser primitivo y destructor.
Comenzó el pillaje, el vandalismo, el abuso del fuerte sobre el
más débil, el desacato al orden establecido y el olvido
de la civilización, lo que llevó a las autoridades a tomar
decisiones tan severas como disparar a matar.
Siempre Hollywood y el mundo del espectáculo toman un papel protagónico
cuando de situaciones de emergencia nacional se trata, pronto aparecieron
los famosos de la pantalla solidarizándose con la agonía
de la ciudad ahogada. Algunas celebridades hicieron acto de presencia
y ayudaron a repartir víveres y expresar sus sentimientos de pena
con los afectados. Pero los montos de las donaciones económicas,
como que no cuadran con la capacidad de las superestrellas.
No es novedad que un artista cobre 15, 20 ó 30 millones de dólares
por una película y que la recaudación en un fin de semana
del film en cartelera supere esas cifras. Las bodas y las fiestas de cumpleaños
que ellos acostumbran celebrar cuestan siempre millones. Pero sus contribuciones
para Nueva Orleans no están al mismo nivel, con lo que no se cumple
el principio de justicia de que hay que dar, en la medida en que se recibe.
Alguien donó su guitarra para que fuera subastada, otro dio un
concierto para donar la recaudación y algunos aportaron sumas comparativamente
modestas, como de 1 millón o $1.5 millones, de Stephen Spielberg,
para iniciar una fundación. Nada que pudiera compararse con los
millonarios ingresos que en ese gremio se suelen manejar.
Y es que la capacidad de dar es un don que poseen las almas escogidas,
que se practica con elegancia de espíritu, sabiendo que da el que
quiere, no el que tiene, porque es un privilegio de los seres nobles.
Que es importante en la educación de los hijos el enseñarles
a dar, así como enseñarles a recibir para que puedan combatir
el egoísmo y logren establecer una correcta escala de valores en
que el prójimo, en especial en los momentos de necesidad, ocupe
un lugar especial. Lo dejó bellamente escrito San Francisco de
Asís en su famosa oración: Porque es dando, cuando
verdaderamente recibimos.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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