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Mario
Rosenthal*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD),
que en El Salvador se canaliza por medio de la Procuraduría General
de Derechos Humanos, cada año publica un informe en que clasifica
la posición relativa de cada país en el desarrollo humano,
según ciertas normas que se han establecido como si fueran las
calificaciones de exámenes de escolares o universitarios, o puestos
ganados en un concurso.
Los países ricos y desarrollados no siempre tienen las calificaciones
más altas, porque lo que se mide es el adelanto que se ha logrado
desde el último informe sobre las materias que, según sus
normas, contribuyen al desarrollo humano, como salud, educación,
vivienda y alimentación.
No es de sorprenderse que China (continental no Taiwán) y la India
han logrado las más altas calificaciones para 2005, ya que han
tenido una mejoría en los campos necesarios para el desarrollo
humano, que los países ricos. No sabemos si se sorprenderán
nuestros lectores cuando se den cuenta de que El Salvador, en vez de mejorar
su clasificación en la materia de desarrollo humano, ha retrocedido,
según el informe del PNUD de 2005.
La publicación de los informes sobre el desarrollo humano ha coincidido
con la reunión de la Cumbre Milenio 2005, aclamada por la revista
The Economist como la máxima reunión de diplomáticos
y burócratas de todos los tiempos, convocada para repasar lo logrado
en el cumplimento de las metas establecidas en la reunión del Milenio
2000 y discutir las reformas necesarias para aumentar la eficiencia de
las Naciones Unidas en su trabajo de mantener la paz y reducir la pobreza
extrema.
Una comisión emanada de la Asamblea General de las Naciones Unidas
ha logrado un consenso sobre las reformas que recomienda, basada en la
experiencia de los últimos cinco años, que será sometida
a la Asamblea General. Se anticipa que el documento logrado por el consenso
quedará muy lejos de las altas metas originales, por los muchos
compromisos necesarios para lograr la aprobación de dos tercios
de los miembros que se necesitan para reformar la Carta de la Organización.
No obstante, el representante de los EE.UU. en la ONU, John Bolton, se
expresó en el sentido de que si no se lograra todo lo deseado,
este consenso por lo menos es un paso adelante. En los próximos
días comentaremos sobre las conclusiones a que llegue la reunión
del Milenio 2005.
La lucha contra la pobreza y en favor del desarrollo humano son temas
que se discuten mucho a dos niveles de la sociedad: en las altas esferas
de los gobiernos y entre los pobres. En el fondo, lo que se discute es
la responsabilidad de las autoridades hacia las sociedades que dirigen
y, por otro lado, los derechos de los pobres. Éstos son conceptos
nuevos para la humanidad. No hace mucho que ambos principios se resolvían
en la práctica de la misma manera y con la misma palabra: ninguna.
No existía responsabilidad de las autoridades hacia los pobres
y los pobres no tenían derecho alguno.
Todo esto ha cambiado, la responsabilidad de las autoridades hacia los
pobres ha sido reconocida a la par de los Diez Mandamientos, y los derechos
de los pobres están firmemente establecidos en las leyes de todos
los países de la tierra, aunque los cínicos alegan que los
cambios son limitados a las teorías utópicas, que sólo
existen en la imaginación de los soñadores y no en la práctica
que todavía es regida por el poder, sea del dinero o de las armas.
Nosotros somos de la opinión que basta tomar en cuenta que el milenario
principio de la no intervención ha sido vulnerado y vuelto obsoleto
con las invasiones de los aliados a Afganistán e Iraq, en favor
de pueblos indefensos ante gobiernos genocidas, y pensar si esto hubiera
sido posible en los casos de Hitler en Alemania y Stalin en la Unión
Soviética, hace apenas medio siglo y hoy mismo en los sufridos
pueblos de Cuba y Nicaragua, antes de censurar al Milenio 2005 por lo
poco en que se han comprometido los participantes.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

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