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Comentario de la semana
Hacia la redefinición de la ONU

Siendo imperiosa la necesidad de reformar Naciones Unidas, ojalá que, aunque tímidos, los acuerdos alcanzados, puedan servir de base para la modernización y eficiencia del máximo foro político internacional

Publicada 17 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Eduardo Torres*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Recuerdo, por parte de analistas internacionales serios, haber escuchado en el marco de las celebraciones del 50o. aniversario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que el principal logro de esa institución internacional había sido evitar —durante el contexto de la Guerra Fría— una “confrontación nuclear”.

Ciertamente, la Organización jugó un papel importante de distensión, desde su creación —luego de la Segunda Guerra Mundial—, hasta la caída del Muro de Berlín, a pesar de las agendas institucionales y no institucionales surgidas desde las entrañas mismas de su inflada burocracia internacional. Nadie humanamente sabe, por lo tanto, lo que pudo haber sucedido de no haberse mantenido canales abiertos para la diplomacia —bajo el marco previsto por la Carta de Naciones Unidas—, durante los 50 años de “confrontación entre súper potencias”.

Lástima entonces que tiranos como Sadam Hussein irrespetaran con tanta desfachatez las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, máxima instancia de la Organización, incumpliendo desde el fin de la “Guerra del Golfo” en 1991, resolución tras resolución sin efectivo costo real. Hay que recordar que siendo de origen sunita, entre otras cosas, Sadam Hussein mandó a masacrar a iraquíes kurdos y chiitas, por habérsele sublevado luego de haber sido derrotado en Kuwait y —supuestamente— obligado a capitular en Iraq sus aspiraciones expansionistas, por las tropas de la coalición internacional.

En realidad lástima, porque hubo también expectativa positiva con la “Cumbre del Milenio”, realizada hace cinco años bajo total ropaje de la Organización. Pudo la ONU haberse reenfocado al tomar como una de sus prioridades el combate a la pobreza, verdadero flagelo de la humanidad. Empero, muy pocos parecerían estar conformes con lo que hoy, en su 60o. aniversario, ofrece la Organización.

Peor aún: a la víspera del inicio de la actual Cumbre en Nueva York, en palabras de la revista británica “The Economist”, el “comité independiente que investigó la administración en Iraq del programa de Naciones Unidas ‘petróleo por alimentos’ —realizado durante el régimen de Sadam Hussein—, castigó virtualmente cada área de la institución internacional, incluyendo al Consejo de Seguridad”. “El reporte”, continúa la revista, “pinta un oscuro cuadro de corrupción, tanto dentro como fuera del sistema de las Naciones Unidas, con evidencias de sobornos, retornos, traspasos y otras negociaciones ilícitas ocurridas en la vastedad del amplio programa”.

Así, luego de meses de deliberaciones, se llegó a la actual Cumbre de 60 años con un documento borrador que entre otras cosas intentó entre las reformas propuestas, ampliar el Consejo de Seguridad de la ONU, cuyos miembros permanentes, todos con derecho a veto de las decisiones estratégicas, son Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China.

Alemania, Japón, Brasil y la India formaron una alianza que, al no haber conseguido el apoyo de la Unión Africana (53 votos), quedó imposibilitada de lograr dos terceras partes (128 de los 191 estados miembros), que se requiere para aprobar una reforma.

Hay, a su vez, diferentes criterios entre las naciones más industrializadas, sobre cómo apoyar la lucha contra la pobreza, aunque parecería ser que el compromiso de aportar el 0.7% del Producto Interno Bruto de estas naciones, para el desarrollo de los países más pobres, léase los africanos, continuará. Según “The Economist”, la razón por la cual pobreza —para el mundo industrializado— implica África, es porque en América Latina, “todos los países, a excepción de un par (Haití y Nicaragua), están oficialmente clasificados como de ‘renta media’, y todos (excepto Cuba) son democracias”.

Afortunadamente, dice la revista, hay esperanza de que mejore la lucha contra la pobreza, debido a que los gobiernos democráticos de América Latina han iniciado grandes e innovadores esfuerzos para atacarla. Los programas, se afirma en el artículo “No siempre con nosotros”, publicado en el marco de la Cumbre en Nueva York, se centran en el pago de efectivo para familias pobres, como condición, por ejemplo, de que mantengan a sus hijos en las escuelas y que los lleven con regularidad a citas médicas.

Cinco millones de familias reciben este tipo de pagos en México, y 7.5 millones en Brasil. Este tipo de “esquemas de transferencia de efectivo”, como se les denomina, entre otras diferencias con la “inversión social”, van directamente hacia los más pobres.

Válido el esfuerzo que El Salvador realiza por acceder a los fondos del Milenio, a pesar de ser país de “renta media”. Siendo imperiosa la necesidad de reformar Naciones Unidas, ojalá que, aunque tímidos, los acuerdos alcanzados, puedan servir de base para la modernización y eficiencia del máximo foro político internacional.

*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.

 


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