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Alojan en iglesia a unos cien ancianos, mujeres y niños

El Coen, ausente. El miedo de los pequeños a una posible erupción y el insoportable olor a azufre hicieron que la mayoría de los residentes abandonara la zona del caserío San Blas


Publicada 16 de septiembre 2005 , El Diario de Hoy

Largo viaje. Unos pequeños descansan en un corredor de la iglesia, después de viajar en pick ups y camiones durante más de 25 kilómetros. Fotos EDH /Mauricio Castro


Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Un frío que se colaba hasta los huesos daba la despedida a 114 habitantes del casco de la finca San Blas, localizada justo a los pies del volcán Ilamatepec de Santa Ana.

El despertar inusitado de los niños llorando por las noches, producto del temor que sienten a que el coloso haga erupción de una vez por todas, además del insoportable olor a azufre, obligó a sus padres a tomar la decisión de evacuar por sus propios medios para proteger emocionalmente a los pequeños.

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El miércoles por la noche, los directivos de la finca se reunieron ante el clamor de los pobladores de querer salir del lugar. Allí acordaron, que sólo las mujeres, niños y ancianos se fueran; los hombres cuidarían de sus pertenencias.

En la cima del volcán
La subida al cráter permitió observar varios de los
fenómenos del coloso.
Derrumbes
Unas piedras, dejadas al borde del cráter el miércoles, habían desaparecido. Parece que cayeron seis metros de tierra a la laguna.
Gases
El olor a azufre y la emanación de gases es intensa en la cima del volcán. Hay momentos en que dificulta la respiración y la visión.
La laguna
Al parecer, los derrumbes de las laderas han estrechado la laguna. Las piedras sueltas de la orilla permanecen calientes.

De inmediato, Adilson Calderón, presidente de la directiva, solicitó ayuda a los Comandos de Salvamento y a otras organizaciones no gubernamentales para resguardar a los moradores.

En tan sólo unas horas de coordinación ciudadana, ayer a las 11:00 de la mañana, salió un camión, un pick up y una ambulancia repletos de personas, quienes al volver su mirada atrás, no sólo veían a la desafiante montaña.

Cerca de 25 miembros de Comandos y voluntarios de las iglesias católicas y luterana, así como de otras organizaciones humanitarias como Redes, apoyaron las tareas de evacuación.

Los pobladores fueron llevados a la iglesia San Isidro, de Santa Ana, lugar que se convirtió en albergue de la noche a la mañana, ya que no estaba contemplado dentro de los 32 refugios que el Comité de Emergencia Nacional (Coen), ha preparado si el volcán hace erupción. La institución tampoco participó de las labores.

Unidas. Las mujeres preparan los alimentos en una casa situada en las inmediaciones del albergue. Fotos EDH /Mauricio Castro

Ya en el albergue sólo 98 personas optaron por quedarse, el resto prefirió buscar abrigo en casas de familiares. Una galera anexa a la parroquia las albergará mientras persista el peligro en la zona de San Blas.

Cuánto tiempo tendrán que permanecer allí, es lo que más le preocupa a Calderón. “Por los recursos con que contamos, sólo hemos traído lo básico de ropa para los niños... y para comer... pues allí, lo que siempre comemos, arroz y sopita de frijoles”, dice.

Roberto Cruz, de Comandos, informó que debido a la escasez de colchonetas prevén que descansen dos personas en cada una. Paradójicamente, a pocos metros de distancia, las tiendas de campaña de uno de los albergues oficiales (el Instituto Nacional de San Isidro) lucían vacías.

Carlos Enrique Canizales, director de la unidad de Salud de Izalco, llegó al lugar para hacer un censo de los habitantes para brindarles asistencia médica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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