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Conquistadora de los moros y cristianos

La tradición machista, que alejó al sexo femenino de la danza-teatro Los historiantes, caducó en mayo de 2005. Una bailarina cambió las creencias

Publicada 16 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Fotos EDH / Nelson Dueñas / Erick Barahona

Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


Exhausta, llegó a la cofradía. Recorrer la escabrosa geografía del pueblo y soportar las inclemencias del calor la sofocaron. Pasaban 30 minutos del mediodía cuando el viaje finalizó frente a la casa de doña Ellita, una de las tantas capitanas a cargo de los santos patronos venerados en Panchimalco.

La fiesta era en honor a la Santa Cruz de Roma. Los festejos patronales de septiembre. Una de las principales celebraciones de los panchos y el primer reto para Johanna Marroquín, primera mujer que se suma al grupo de historiantes de ese municipio.

Presa del cansancio y el sudor, dejó caer su cuerpo sobre un andén y aspiró una bocanada de aire. Desde que aceptó el compromiso de actuar como el Primer Embajador Cristiano, la ex integrante del Ballet Folclórico Nacional sabía que el sacrificio sería grande.

Atavia. Don Manuel entrega a Johana su corona. Fotos EDH / Nelson Dueñas / Erick Barahona

Con la piel brillosa por la humedad, el cabello empapado de sudor y las piernas temblorosas, disfrutaba la satisfacción de verse parte de uno de los orgullos culturales de Panchimalco.

Llegó al pueblo en mayo pasado, sin imaginar el reto que la aguardaba. Arribó como parte de un grupo de universitarios con una misión específica: elaborar una investigación antropológica.

“Yo propuse como tema extraer la percepción que los residentes tienen de Los historiantes... hoy soy parte de ellos”, recordó.

En casa del Gracejo


Tras decenas de entrevistas con niños, jóvenes y adultos de la zona, Johanna contactó con alguien que conocía a los integrantes de la danza-teatro. Fue así como se enteró de que ellos, en su mayoría, residen en los cantones. “Y visitarlos a todos era algo imposible”, exclamó sonriente.

Venerada. La Santa Cruz de Roma es honrada.  Fotos EDH / Nelson Dueñas / Erick Barahona

Finalmente, conoció a don Manuel Cruz André, quien además de caracterizar al Gracejo Cristiano Cascarillo es quien cuida de todo el patrimonio del grupo y se encarga de reclutar a los aprendices.

Esa simpatía que la caracteriza le bastó para ganar la confianza de don Manuel, quien la convidó a unírseles días después para conocer a los demás y conversar de mitos y tradiciones.

Ni lenta ni perezosa, Johanna acudió a la cita con libreta y cámara en mano. Entre fotos y entrevistas, transcurrió el tiempo hasta que don Manuel le preguntó si ella ya había bailado antes.

“Le dije que sí, pero solo la adaptación que ofrece el Ballet Nacional y nada tiene que ver con la representación de ellos”, confesó.

Los dimes y diretes continuaron por varios minutos hasta que los señores convencieron a Johanna, y ésta aceptó el reto de formar parte de ese patrimonio salvadoreño.

Ahora, está ávida de interiorizar más de esos secretos que celosamente guardan los moros y cristianos. No solo para contribuir en su difusión, sino también para vivirlos.

Mientras exhalaba con grandes esfuerzos, Johanna experimentaba parte de ese cansancio físico que sus compañeros asumen con sacrificio. La fe que profesan a sus santos les da la resistencia necesaria para danzar por horas y mantener viva esa herencia de la colonización española.

Fotos EDH / Nelson Dueñas / Erick Barahona

Legado que Johanna tiene ganas de preservar y difundir entre las nuevas generaciones. Sus ideales ya buscan camino que recorrer. Y al margen del tiempo y la familia, que desde ya se limita, está empeñada en hacer suya esa forma de vida que en Panchimalco es motivo de orgullo.

Johanna quiere salvar el patrimonio

Entre sonrisas y bromas, Johanna dejaba pasar el tiempo. Rodeada de gente de la comunidad, historiantes y universitarios, la nueva integrante de los Moros y Cristianos cumplía con sus compromisos.

La chica está deseosa de reunir un grupo de niños y preadolescentes de la zona, para organizar un nuevo grupo de historiantes.

La idea y el entusiasmo de “la muchacha”, como todos la identifican, es compartida por ese reclutador que por años ha custodiado el patrimonio de los bailarines.

Y es que la mayoría de los actuales protagonistas ya pisa los 60 y el entusiasmo por integrarse a Los historiantes se ha desvanecido entre las nuevas generaciones. “Pensamos apoyarnos en las escuelas, para buscar talentos”, agregó la también maestra.

Don Manuel Cruz espera que esos niños asuman la mística de la tradición y entreguen sus emociones a la lucha por preservar esa herencia española.

En familia. Los participantes han hecho de su tradición un estilo de vida. Fotos EDH / Nelson Dueñas / Erick Barahona

Johanna también quiere transcribir los guiones de las seis historias que interpreta la agrupación. Escritos que guarda el único ensayador del grupo, Rafael Jorge, un hombre de 80 años que temen pueda abandonarlos en cualquier momento.

La historiante

- Johanna Marroquín es originaria de Guazapa, donde nació y creció como cualquier niña de la zona rural del país.
- Comenzó su recorrido por el mundo de la danza, a los 18 años, pero se dedicó totalmente a ella hasta que ingresó a la Universidad.
- Luego formó parte del Ballet Folclórico Nacional, hasta hace algunos meses.
- Hoy, es integrante de Los Historiantes, coreógrafa del Ballet Folclórico del IPSFA y del Ballet Juvenil Raíces.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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