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Fotos EDH / Nelson Dueñas
/ Erick Barahona
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Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Exhausta, llegó a la cofradía. Recorrer la escabrosa geografía
del pueblo y soportar las inclemencias del calor la sofocaron. Pasaban
30 minutos del mediodía cuando el viaje finalizó frente
a la casa de doña Ellita, una de las tantas capitanas a cargo de
los santos patronos venerados en Panchimalco.
La fiesta era en honor a la Santa Cruz de Roma. Los festejos patronales
de septiembre. Una de las principales celebraciones de los panchos y el
primer reto para Johanna Marroquín, primera mujer que se suma al
grupo de historiantes de ese municipio.
Presa del cansancio y el sudor, dejó caer su cuerpo sobre un andén
y aspiró una bocanada de aire. Desde que aceptó el compromiso
de actuar como el Primer Embajador Cristiano, la ex integrante del Ballet
Folclórico Nacional sabía que el sacrificio sería
grande.
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| Atavia. Don Manuel entrega
a Johana su corona. Fotos EDH / Nelson
Dueñas / Erick Barahona |
Con la piel brillosa por la humedad, el cabello empapado de sudor y las
piernas temblorosas, disfrutaba la satisfacción de verse parte
de uno de los orgullos culturales de Panchimalco.
Llegó al pueblo en mayo pasado, sin imaginar el reto que la aguardaba.
Arribó como parte de un grupo de universitarios con una misión
específica: elaborar una investigación antropológica.
Yo propuse como tema extraer la percepción que los residentes
tienen de Los historiantes... hoy soy parte de ellos, recordó.
En casa del Gracejo
Tras decenas de entrevistas con niños, jóvenes y adultos
de la zona, Johanna contactó con alguien que conocía a los
integrantes de la danza-teatro. Fue así como se enteró de
que ellos, en su mayoría, residen en los cantones. Y visitarlos
a todos era algo imposible, exclamó sonriente.
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| Venerada. La Santa Cruz de Roma es honrada.
Fotos EDH / Nelson Dueñas / Erick
Barahona |
Finalmente, conoció a don Manuel Cruz André, quien además
de caracterizar al Gracejo Cristiano Cascarillo es quien cuida de todo
el patrimonio del grupo y se encarga de reclutar a los aprendices.
Esa simpatía que la caracteriza le bastó para ganar la confianza
de don Manuel, quien la convidó a unírseles días
después para conocer a los demás y conversar de mitos y
tradiciones.
Ni lenta ni perezosa, Johanna acudió a la cita con libreta y cámara
en mano. Entre fotos y entrevistas, transcurrió el tiempo hasta
que don Manuel le preguntó si ella ya había bailado antes.
Le dije que sí, pero solo la adaptación que ofrece
el Ballet Nacional y nada tiene que ver con la representación de
ellos, confesó.
Los dimes y diretes continuaron por varios minutos hasta que los señores
convencieron a Johanna, y ésta aceptó el reto de formar
parte de ese patrimonio salvadoreño.
Ahora, está ávida de interiorizar más de esos secretos
que celosamente guardan los moros y cristianos. No solo para contribuir
en su difusión, sino también para vivirlos.
Mientras exhalaba con grandes esfuerzos, Johanna experimentaba parte de
ese cansancio físico que sus compañeros asumen con sacrificio.
La fe que profesan a sus santos les da la resistencia necesaria para danzar
por horas y mantener viva esa herencia de la colonización española.
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| Fotos EDH / Nelson Dueñas
/ Erick Barahona |
Legado que Johanna tiene ganas de preservar y difundir entre las nuevas
generaciones. Sus ideales ya buscan camino que recorrer. Y al margen del
tiempo y la familia, que desde ya se limita, está empeñada
en hacer suya esa forma de vida que en Panchimalco es motivo de orgullo.
Johanna quiere salvar el patrimonio
Entre sonrisas y bromas, Johanna dejaba pasar el tiempo. Rodeada de gente
de la comunidad, historiantes y universitarios, la nueva integrante de
los Moros y Cristianos cumplía con sus compromisos.
La chica está deseosa de reunir un grupo de niños y preadolescentes
de la zona, para organizar un nuevo grupo de historiantes.
La idea y el entusiasmo de la muchacha, como todos la identifican,
es compartida por ese reclutador que por años ha custodiado el
patrimonio de los bailarines.
Y es que la mayoría de los actuales protagonistas ya pisa los 60
y el entusiasmo por integrarse a Los historiantes se ha desvanecido entre
las nuevas generaciones. Pensamos apoyarnos en las escuelas, para
buscar talentos, agregó la también maestra.
Don Manuel Cruz espera que esos niños asuman la mística
de la tradición y entreguen sus emociones a la lucha por preservar
esa herencia española.
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| En familia. Los participantes han hecho de su
tradición un estilo de vida. Fotos EDH
/ Nelson Dueñas / Erick Barahona |
Johanna también quiere transcribir los guiones de las seis historias
que interpreta la agrupación. Escritos que guarda el único
ensayador del grupo, Rafael Jorge, un hombre de 80 años que temen
pueda abandonarlos en cualquier momento.
La historiante
- Johanna Marroquín es originaria de Guazapa, donde nació
y creció como cualquier niña de la zona rural del país.
- Comenzó su recorrido por el mundo de la danza, a los 18 años,
pero se dedicó totalmente a ella hasta que ingresó a la
Universidad.
- Luego formó parte del Ballet Folclórico Nacional, hasta
hace algunos meses.
- Hoy, es integrante de Los Historiantes, coreógrafa del Ballet
Folclórico del IPSFA y del Ballet Juvenil Raíces.

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