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Manuel
Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Algunos salvadoreños, incluyendo a los partidarios del FMLN,
sueñan con una política económica similar a la del
Gobierno del Presidente Chávez en Venezuela, pensando que ésta
lleva a altas tasas de crecimiento de la economía. Por supuesto,
Venezuela ha tenido la ventaja de tener petróleo, cuyo precio se
ha multiplicado cuatro veces en los últimos años, mientras
que los precios de todos los productos tradicionales de El Salvador el
café, los cereales, los camarones han caído a niveles
muy bajos. Podría esperarse, entonces, que el Producto Interno
Bruto (PIB) de Venezuela hubiera crecido mucho más que El Salvador,
particularmente en los años más recientes, no necesariamente
por las políticas de Chávez, sino por los precios del petróleo.
Para todas estas personas, por tanto, la realidad mostrada en la gráfica
anexa debe ser una sorpresa muy desagradable. La gráfica muestra
el PIB real de los dos países, medido en dólares con paridad
de poder de compra de 1995 (es decir, ajustados por lo que compra un dólar
en los dos países). Esta medida ha sido desarrollada por el Banco
Mundial para poder comparar los PIB de distintos países. Como se
ve en la gráfica, El Salvador ha crecido consistentemente más
que Venezuela desde 1992.
No sólo eso. La gráfica muestra que desde 2001, al poco
tiempo de que Chávez tomara las riendas del país, y coincidiendo
con los aumentos de los precios del petróleo, el PIB de Venezuela
cayó sustancialmente, de tal forma que en 2003 era apenas un 84%
de lo que había sido en 2001. Es decir, el PIB de Venezuela no
sólo no ha crecido, sino que ha disminuido en un 16%, llegando
a niveles que son más bajos que los que tenía en 1992. Esto
es una crisis económica, no lo que los seguidores del FMLN dicen
que hay en este país.
Por supuesto, la caída del PIB en Venezuela no puede atribuirse
al aumento de los precios del petróleo. Venezuela lo exporta. La
caída del PIB ha sido causada por las políticas de Chávez,
que sus seguidores quisieran ver aplicadas en este país. Pero Chávez
ha tenido suerte. Si los precios del petróleo no hubieran subido,
los terribles efectos de sus políticas serían aún
peores.
Esta gráfica no debería ser sorpresa para nadie. Las políticas
estatistas no llevan al crecimiento, sino a la verticalidad y el estancamiento.
Los salvadoreños deberíamos saber esto muy bien, pero parece
que tenemos la memoria corta. El Salvador tuvo su época de medidas
populistas, devaluaciones y gran verbosidad política, a la Chávez,
durante los años 80. En esa época se dieron todas las políticas
que muchos ahora proponen y sus resultados fueron catastróficos.
En el área monetaria, por ejemplo, el Banco Central creaba dinero
a manos llenas, creyendo infantilmente que con eso iba a subir el ingreso
de los salvadoreños. Por supuesto, si crear dinero tuviera dicho
efecto, no habría países pobres. Bastaría que los
bancos centrales pusieran a funcionar sus imprentas a toda velocidad para
que todos los países tuvieran el mismo ingreso por habitante que
Suecia. En realidad, el imprimir dinero de esa manera tiene dos efectos.
El primero es subir la tasa de inflación. El segundo es disminuir
las reservas internacionales del Banco Central, lo cual lleva a devaluaciones,
que a su vez incrementan aún más la tasa de inflación
en un círculo vicioso.
Realmente tenemos la memoria corta. Ahora la gente se queja de la inflación
causada por los precios crecientes del petróleo, que alcanzó
4.5% en 2004. Se les ha olvidado lo que fueron las inflaciones causadas
por la creación de colones de los años 80, que alcanzaron
cifras arriba del 30%. Se les ha olvidado lo que es una devaluación
del 100%, como cuando la tasa de cambio del colón subió
de 2.50 a 5.00 en un solo salto, causando que los precios de todas las
cosas importadas se duplicaran de la noche a la mañana y que, por
supuesto, los precios de lo producido en el país también
subieran enormemente.
En el área de los incentivos, el Gobierno los daba de dos tipos.
Uno consistía de privilegios fiscales. El otro eran préstamos
a tasas subsidiadas de interés otorgados a actividades que
generarían desarrollo. Los resultados de estos incentivos
fueron tan desastrosos que dejaron quebrados tanto al fisco como al sistema
bancario sin que hubieran generado más que corrupción y
desperdicio. Por supuesto, como sucede siempre, los incentivos eran dados
a los amigos y a los aliados políticos, que forraron sus billeteras
con ellos sin producir ningún crecimiento al país.
Venezuela ahora tiene un sistema como éste. Es un sistema tan corrupto
e ineficiente que, aunque tiene petróleo, su PIB medido en dólares
constantes con paridad de compra ha disminuido desde que Chávez
subió al poder. La Venezuela actual, al igual que El Salvador de
los años 80, son ejemplos de lo que no hay que hacer.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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