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Opinando
Septiembre y valores cívicos

No sé a quién corresponde, pero lo cierto es que ya es hora de introducir ajustes en las festividades de septiembre, fundamentalmente incorporar un cambio de mentalidad, de una forma simbólica

Publicada 15 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Desde hace varios años vengo escuchando, con relación a las fiestas patrias del mes de septiembre, cosas como las siguientes: “Hoy estuvo bien alegre porque los desfiles eran interminables”, como si las dimensiones son proporcionales a la cantidad de fervor patriótico. “Estuvo tan solemne y vistoso que hasta desmayados hubo”. Los tales desmayos a menudo son causados por hipoglicemia, insolación y deshidratación, no por otras causas. “Hubo tanto patriotismo que hasta los niños de kinder marcharon por las calles”. Los niños en realidad no entienden por qué los involucran y habitualmente son llevados por maestros y padres de familia.

Un maestro apunta: “Los himnos de los países latinoamericanos sólo hablan de guerras, batallas, gritos de guerra, armas, invasiones extranjeras, rugidos de cañones y otras expresiones de violencia”. Un padre de familia acota: “El público no alcanza a comprender la verdadera motivación de las fiestas patrias y mucho menos de los desfiles”. Estudiantes de una conocida institución educativa capitalina opinan: “Nos obligan a ensayar tanto que nos hace falta el tiempo para estudiar”. “Lo que le gusta al público son las cachiporristas, ni cerca que se acuerdan de por qué marchamos por las calles” y “El mero día aguantamos una gran asoleada, hambre y sed, y todavía nos amenazan con bajarnos la nota si faltamos ese día”.

Siempre he visto con buenos ojos conmemorar el nacimiento de nuestra querida patria, evocar la gesta gloriosa de la independencia de España, recordar con respeto los próceres y todo lo que signifique exaltar los símbolos patrios; sin embargo, también es trascendente fortalecer un sentimiento patriótico genuino y realista, no como una actividad aislada, sino como un proceso permanente que contribuya a construir una nación identificada con sus raíces y, por supuesto, menos vulnerable a las corrientes que nos llegan del exterior.
Lo primero lo vemos todos los años en el mes de septiembre, pero lo segundo, no ocurre con la frecuencia y profundidad deseables.

¿Será que ya es hora de modificar, o cambiar de ser posible, la manera de celebrar las fiestas patrias, con el propósito de inculcar realmente los valores cívicos? ¿Por qué no transitar hacia un patriotismo más objetivo que conduzca hacia un país en el que los salvadoreños puedan vivir y trabajar más tranquilos y felices? Desde esta manera de ver las cosas, las celebraciones de septiembre, que mayormente involucran a los escolares y a la institución castrense, podrían ampliarse hacia todos los habitantes de la república y enriquecerse como se explica a continuación.

En el transcurso de todo el mes podrían desarrollarse actividades culturales en todas las ciudades del país, como conciertos de música clásica y autóctona; presentación de obras de teatro que traten temáticas alusivas a la época; ferias de libros, como la que acaba de finalizar y que por cierto fue un éxito en toda la línea; ferias de cocina autóctona, que incluyan por ejemplo los dulces artesanales que utilizan frutas locales como materia prima y productos alimenticios que se encuentran en franco proceso de extinción ante la invasión pacífica de las comidas rápidas de origen foráneo; certámenes literarios que incluyan la prosa, el cuento, la poesía, la historia, etc. Concursos de fotografía, repujado, dibujo y pintura sobre la campiña nacional; eventos deportivos en todos los estadios y gimnasios de la república, intercalando presentaciones artísticas y cápsulas sobre la historia de El Salvador.

Se podrían galardonar a los científicos salvadoreños que más se destacan en el ámbito nacional como internacional, a los hermanos que viven y trabajan en el extranjero, no necesariamente en los Estados Unidos, y que ponen en alto el terruño, sea en el campo profesional como empresarial, a las instituciones educativas más sobresalientes, a las organizaciones que luchan por rescatar los valores haciendo prevalecer la ética en todos los acontecimientos que rodean a la persona, etc.

No sé a quién corresponde, pero lo cierto es que ya es hora de introducir ajustes en las festividades de septiembre, fundamentalmente incorporar un cambio de mentalidad, de una forma simbólica tradicionalista a una objetiva que implique modificaciones de actitud en procura de una integralidad. En este sentido, a los jóvenes escolares debe enseñarse que tan importante como respetar los símbolos patrios es no lanzar la basura al suelo, sino depositarla donde corresponde y que no sólo se hace patria cantando con entusiasmo y gallardía el Himno Nacional, también cumpliendo a cabalidad y hasta con sacrificios sus obligaciones como estudiantes.

Para lograr lo antes expuesto es preciso sacudir algunas telarañas en muchas circunvoluciones cerebrales pero no es empresa difícil y mucho menos imposible, todo depende del nivel de determinación de los responsables. En efecto, podrían colaborar las instituciones del Estado como Educación, autónomas como el ISSS, el sector productivo que reiteradamente apoya campañas educativas, la banca, organizaciones gremiales y muchas asociaciones civiles. Todo es empezar.

* Dr. en Medicina y Columnista de El Diario de Hoy.



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