|

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Se suele decir, con acierto, que un economista es el experto que nos
explicará mañana, por qué no se han cumplido hoy
sus predicciones de ayer (esto también aplica para los comentaristas
deportivos). ¡Ah!, nos dicen que es porque se basan en estadísticas.
Justamente porque las estadísticas pueden ser manipuladas para
demostrar casi cualquier cosa
, es que si queremos distinguir la
información confiable de la que no lo es tanto, vale la pena entender
qué son los indicadores económicos: qué indican,
y qué limitaciones tienen.
¿Limitaciones? Claro, porque algunos de ellos, tomados en forma
aislada, pueden dar resultados notablemente
falsos. Por lo tanto,
para no tener sorpresas, siempre es importante analizar más de
uno a la vez, reduciendo de tal modo las posibilidades de obtener conclusiones
erróneas. Evitando de tal modo caer en supersticiosas numerologías
astrológicas (sobre todo hoy. Mire la fecha
).
Por ejemplo, para conocer la tendencia económica de un país
en el mediano y largo plazo, los indicadores más representativos
son los que se refieren a tres temas claves: empleo, productividad e inversiones.
Veamos qué dice cada uno de ellos.
Comencemos con el empleo, cuya medición es compleja, siendo las
principales fuentes de datos los censos. Los relevamientos domiciliarios
son generalmente los más confiables, pues los que se hacen directamente
a los empleadores tienden a contabilizar doble a la gente con más
de un empleo, y por tanto distorsionan las cifras.
¿Por qué es importante el empleo? En primer lugar, porque
una persona sin empleo es una familia sin ingresos, lo cual es muy malo
y debe evitarse. Y además, porque el nivel de producción
de un país depende, entre otras cosas, de la cantidad de personas
empleadas, de las horas trabajadas y de la educación y entrenamiento
de los trabajadores.
Veamos en segundo lugar la productividad, que suele definirse como la
producción total de un país en un año, dividida por
alguna unidad que mida la cantidad de trabajo efectuado en dicho período.
¿Cuál? La cantidad de trabajadores, o el total de horas
trabajadas.
¿Por qué normalmente sólo se habla de la productividad
del trabajo? Porque es la más fácil de medir (y así
nos evitamos trabajo
). Pero, ¿de qué otras podría
hablarse? De la productividad de la tierra, que es básicamente
fija, y de la productividad del capital, que es difícil de medir
en forma directa, pero que está muy relacionada con la del trabajo.
En efecto, cuanto mayor capital exista en un país, mayor será
la productividad por trabajador, lo cual se traduce en una mayor producción.
Esto no se deberá a que la gente ponga más empeño
ni se esfuerce más, sino simplemente a que sus tareas se verán
favorecidas por la existencia de máquinas, o de sistemas automáticos.
O quizás de autopistas de triple carril, si lo que estamos analizando
es la productividad de un motorista.
La productividad se suele expresar en números índices,
cuyas variaciones porcentuales a lo largo del tiempo pueden compararse
con las de otros países. ¿Un ejemplo típico del resultado
que ofrecen? Por ejemplo, que en promedio, en el período 1990-2000,
los 30 países más industrializados del mundo incrementaron
su productividad a razón de 2.1% anual.
Finalmente, veamos las inversiones. Sin dudas, el nivel de inversiones
que existe en un país en un momento determinado, es un indicador
vital para saber qué (¡y cuánto!) se producirá
durante los próximos años. En términos generales,
se dice que existe una inversión cuando se destinan recursos económicos
para montar fábricas, construir maquinarias, diseñar software,
fabricar equipos, hacer viviendas, etc.
Como suele ocurrir con las estadísticas (y van
), normalmente
hay anomalías a la hora de identificar qué es consumo y
qué es inversión. Ocurre que si bien es fácil establecer
que las pupusas que usted compra el domingo por la noche son consumo,
al igual que la ropa para que su hijo vaya a la escuela, no todos los
bienes son tan fácilmente clasificables.
Más aún, no siempre se siguen reglas consistentes a la hora
de contabilizarlos. Por ejemplo, los gastos que hacen los gobiernos en
carreteras o en educación son registrados como consumo en muchos
países, aun cuando algunos de ellos deberían ser considerados
como inversión.
Asimismo, los automóviles comprados por las familias, pese a tener
una duración superior a un año, son considerados en la mayoría
de los países como consumo. En síntesis, los números
que indican las estadísticas de consumo tienden a estar sobredimensionados,
mientras que los que indican las estadísticas de inversión,
subdimensionados.
Pero esto no es tan grave, ya que en casi todos los países ocurre
lo mismo, razón por la cual las comparaciones no resultan ser tan
distorsionadas. Lo concreto es que las estadísticas dicen (y tómelo
como una referencia general, porque tampoco es cuestión de descreer
de todo dato que vea
), que la inversión en los países
desarrollados oscila alrededor de un 20% del total de su producción,
mientras que en los países subdesarrollados que crecen mucho, como
los del sudeste asiático, está en el orden del 30% del total
de su producción.
Con los números de empleo, de productividad, y de inversiones,
podrá conocer la tendencia económica de mediano y largo
plazo de un país. Eso sí, interpretándolos en forma
conjunta, y sin confiarse si alguno es demasiado bueno, o
demasiado malo. De lo contrario hay peligro de que tanto numerito
suelto nos deje ciegos, como Steve Wonder, el que cantaba Superstition.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista
de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

|