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El
Diario de Hoy
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La malvada Ley del Menor Infractor es en gran parte culpable
del desborde de la delincuencia marera, de las muertes de miles de personas
y del desmadre y la violencia que se ha adueñado de las calles,
barriadas y poblados del país. La impunidad es la madre del crimen
y lo que la ley ha venido a hacer es rodear a los menores infractores
de tal cúmulo de garantías y protecciones, que éstos
se sienten con toda la libertad para cometer las mayores barbaridades,
incluyendo el oficio de asesinos por encargo.
Un sabio pensador estadounidense a quien tuvimos el privilegio de conocer
y tratar, Henry Hazlitt, señaló que la lección fundamental
de la economía es una: no sólo hay que valorar las consecuencias
directas e inmediatas de una ley o suceso, sino, lo más importante,
establecer cuáles serán sus efectos a mediano y largo plazo.
En un mismo espíritu desde hace siglos se nos dice que el
camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones;
es seguro que los atolondrados que promovieron esa legislación
creían obrar en grande beneficio de la niñez y la adolescencia
de El Salvador.
Por desgracia, la realidad demostró que nuestros temores al oponer
la ley hace ya varios años, estaban más que fundamentados.
Literalmente se aprobó una ley para suizos en un país
donde no los hay y que apenas iba saliendo de una etapa de extrema violencia,
confusión moral y cívica, desorden social. Las bandas guerrilleras
acababan de incorporarse al proceso político, lo que
les permitió continuar de manera infatigable en su tarea de socavar
valores, envenenar cabezas y atizar conflictos. Plantar la semilla de
las maras fue una de esas faenas.
Los linchamientos en Guatemala
Entre las disparatadas medidas de las leyes para suizos está
la de no poder llevar control de los menores criminales, por lo que ni
jueces ni autoridades tienen la capacidad de medir el grado de peligrosidad
de alguien, o castigar la reincidencia. Es claro que la policía,
a su manera, más o menos sabe quiénes delinquen en forma
reiterada y a qué grupos pertenecen, pero esa información
no se agrega a expedientes. Por otro lado, los y las jóvenes honrados
no tienen forma de demostrar su buena conducta, lo que les afecta al pedir
trabajo o cuando se les acusa injustamente. Las leyes para suizos
desprotegen al inocente y amparan al culpable. Y culpables son de los
más abominables delitos, desde asesinato y violación, hasta
asaltos, robos y venta de droga. Las maras, de hecho, son las principales
traficantes de estupefacientes, lo que a su vez está hundiendo
en la perdición a muchos jóvenes y adultos.
El país está llegando a una encrucijada: o pone bajo control
a las maras y su ejército de menores infractores que
delinquen con impunidad, o cae en el caos. Que el problema no es sólo
nuestro lo evidencia la anarquía y el horror que se está
sufriendo en Nueva Orleans y las zonas devastadas por el Katrina: las
autoridades tienen orden de disparar a matar para controlar
a saqueadores, asesinos y violadores, como también ocurre en Nicaragua
(y de lo que nadie habla) y México. Al no actuar con firmeza o
se cae en el horror haitiano o la gente lincha a criminales y jueces como
sucede regularmente en Guatemala.

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