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La Nota del Día
“Leyes para suizos” y criminales impunes

El país está llegando a una encrucijada: o pone bajo control a las maras y su ejército de “menores infractores” que delinquen con impunidad, o cae en el caos

Publicada 13 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La malvada “Ley del Menor Infractor” es en gran parte culpable del desborde de la delincuencia marera, de las muertes de miles de personas y del desmadre y la violencia que se ha adueñado de las calles, barriadas y poblados del país. La impunidad es la madre del crimen y lo que la ley ha venido a hacer es rodear a los “menores infractores” de tal cúmulo de garantías y protecciones, que éstos se sienten con toda la libertad para cometer las mayores barbaridades, incluyendo el oficio de asesinos por encargo.

Un sabio pensador estadounidense a quien tuvimos el privilegio de conocer y tratar, Henry Hazlitt, señaló que la lección fundamental de la economía es una: no sólo hay que valorar las consecuencias directas e inmediatas de una ley o suceso, sino, lo más importante, establecer cuáles serán sus efectos a mediano y largo plazo. En un mismo espíritu desde hace siglos se nos dice que “el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”; es seguro que los atolondrados que promovieron esa legislación creían obrar en grande beneficio de la niñez y la adolescencia de El Salvador.

Por desgracia, la realidad demostró que nuestros temores al oponer la ley hace ya varios años, estaban más que fundamentados. Literalmente se aprobó una “ley para suizos” en un país donde no los hay y que apenas iba saliendo de una etapa de extrema violencia, confusión moral y cívica, desorden social. Las bandas guerrilleras acababan de “incorporarse al proceso político”, lo que les permitió continuar de manera infatigable en su tarea de socavar valores, envenenar cabezas y atizar conflictos. Plantar la semilla de las maras fue una de esas faenas.

Los linchamientos en Guatemala

Entre las disparatadas medidas de las “leyes para suizos” está la de no poder llevar control de los menores criminales, por lo que ni jueces ni autoridades tienen la capacidad de medir el grado de peligrosidad de alguien, o castigar la reincidencia. Es claro que la policía, a su manera, más o menos sabe quiénes delinquen en forma reiterada y a qué grupos pertenecen, pero esa información no se agrega a expedientes. Por otro lado, los y las jóvenes honrados no tienen forma de demostrar su buena conducta, lo que les afecta al pedir trabajo o cuando se les acusa injustamente. Las “leyes para suizos” desprotegen al inocente y amparan al culpable. Y culpables son de los más abominables delitos, desde asesinato y violación, hasta asaltos, robos y venta de droga. Las maras, de hecho, son las principales traficantes de estupefacientes, lo que a su vez está hundiendo en la perdición a muchos jóvenes y adultos.

El país está llegando a una encrucijada: o pone bajo control a las maras y su ejército de “menores infractores” que delinquen con impunidad, o cae en el caos. Que el problema no es sólo nuestro lo evidencia la anarquía y el horror que se está sufriendo en Nueva Orleans y las zonas devastadas por el Katrina: las autoridades tienen orden de “disparar a matar” para controlar a saqueadores, asesinos y violadores, como también ocurre en Nicaragua (y de lo que nadie habla) y México. Al no actuar con firmeza o se cae en el horror haitiano o la gente lincha a criminales y jueces como sucede regularmente en Guatemala.


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