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Diario de Hoy
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El alcalde de San Salvador renunció al FMLN, lo que él
mismo venía anticipando desde que tuvo la osadía de ponerse
del lado de los antischafiquistas después de las elecciones de
2004. La regla es implacable: desconocer la autoridad del supremo cabecilla,
sea éste quien sea, es purgado sin miramiento alguno. Y los sospechosos
de desviaciones ideológicas son degradados, como le acaba de suceder
a la diputada Coto.
Los expulsados, renunciantes, bajados de nivel o empujados hacia arriba
(en diputaciones al Parlacen) deben considerarse muy dichosos: la regla
estaliniana era meterles un tiro en la nuca, como durante la gran purga
de la URSS en los años treinta, cuando más de seiscientos
mil miembros del glorioso Partido Comunista pasaron a mejor vida, incluyendo
fundadores, incondicionales y sujetos que una y otra vez habían
comprobado su servilismo total a la causa. Como le sucedió a Roque
Dalton y a Cayetano Carpio, este último suicidado por los sandinistas
en Managua después de mandar a matar a la Mélida con picahielos.
¿Qué hace un defenestrado por el partido? La mayoría
de ellos no aprendió a ganarse la vida por medios lícitos;
perdió su juventud luchando por la quimera y llegan a la vejez
dependiendo de los puestos y favores que dispensan los cabecillas del
movimiento. La alternativa que por lo general les queda es incorporarse
a otra de las escisiones del FMLN, sea ésta el CDU, el FDR o los
micropartidos, cada uno asumiendo aires de independencia pero siempre
oscurantistas.
La gravedad del asunto es que una porción de la vida política
del país la manejan grupos y personajes desarraigados de las realidades
del mundo actual, que van tras el oro al final del arco iris, que son
totalmente amorales, que tienen las manos manchadas de sangre y se relacionan
con bandas criminales de todas partes del globo. A sus vínculos
con etarras, brigadas rojas italianas, terroristas libios y palestinos,
narcoguerrilleros colombianos y montoneros argentinos el ex alcalde Silva
agregó otra joya: mafiosos canadienses vinculados a la familia
Bonnano de Nueva York.
¿Hay país comunista próspero?
La gente de bien no debe perder de vista sus horizontes ni dejarse engañar
por los mercaderes de ilusiones. No hay alternativas aceptables a los
principios y tradiciones de la civilización occidental, ni puede
un orden pacífico nacer de la violencia, del pisoteo de las libertades
y las prédicas del odio. Lo medular del mensaje comunista, cada
día que pasa estamos peor, lo desmiente la realidad: progresamos
aunque sea modestamente, aunque sigamos sufriendo las consecuencias de
la agresión enloquecida que lanzó la guerrilla sobre el
país. Pese a la guerra de doce años, a las catástrofes
naturales, a las crisis a nivel global, a terremotos y a las conflagraciones
del Medio Oriente, continuamos la marcha. Y cada vez son más los
salvadoreños que se incorporan al trabajo organizado.
Lo que corresponde a los purgados es hacer un examen de los supuestos
y las teorías que les han encadenado hasta hoy: ¿Hay país
comunista que sea próspero? ¿Existió alguna vez una
dictadura del proletariado sin control policial sobre la gente
y sin cárceles políticas? ¿Es justificable impedir
a los cubanos emigrar?

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