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| Tensa calma. Las víctimas del huracán
colaboran, con paciencia, con las autoridades locales. Foto
EDH/Ap/Reuters/EFE |
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La vida es dura para todas las víctimas de Katrina, pero doblemente
para los indocumentados, sin derecho a las ayudas estatales, seguros,
refugio o siquiera la posibilidad de volver a Nueva Orleans para recuperar
sus bienes.
A Lidia Buitrago, una nicaragüense que trabajaba para la comunidad
hispana con la archidiócesis de Nueva Orleans, lo que más
le preocupa no es haber perdido la mayor parte de sus propiedades por
el huracán.
Me duele más el sufrimiento de mi comunidad. Siempre son
los mismos los que salen peor parados, recuerda.
Y en su comunidad, explica, la mayoría son inmigrantes sin documentos
legales de residencia, los más vulnerables ante una catástrofe
como esta porque, a efectos legales, ni siquiera existen.
| Presencia
de latinos |
México
Mayoritarios
De acuerdo con datos oficiales unos 145 mil mexicanos residían
en Nueva Orleans, entre ellos se contabilizan muchos recién
llegados. |
El
salvador
Comunidad
Datos de la Cancillería
salvadoreña revelan que unos 9 mil 500 compatriotas vivían
en diversos puntos de la devastada zona. |
Latinos
Multicultural
Aunque era considerada una zona pobre de los Estados Unidos, Nueva
Orleans atrajo en los últimos años a inmigrantes de
Latinoamérica. |
Buitrago se encontraba en una especie de muelle improvisado donde, con
humedad extrema y bajo un ardiente sol, un grupo de voluntarios llevan
en bote a los residentes de los barrios inundados de la ciudad en busca
de mascotas y bienes que quedaron atrás.
Lidia ya ha acudido a su casa para rescatar lo que pudo fotografías,
entre otras cosas pero la mayoría de los inmigrantes que
conoce y residían en la vecindad no pudo hacer lo mismo.
Algunos mexicanos con los que trabaja esta nicaragüense de 62 años
le pidieron auxilio para entrar en sus barrios, pero después se
echaron atrás ante la posibilidad de que las autoridades descubriesen
que están en el país ilegalmente.
Mientras tanto, en la ciudad costera de Gulfport, en Misisipi, Raúl,
un salvadoreño indocumentado que trabajaba en la hasta ahora pujante
industria de la avicultura y que prefiere no dar su nombre completo, busca
desesperadamente un lugar con agua y servicios básicos donde llevar
a su mujer y dos niños de 3 y 5 años.
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| Ayuda. Las donaciones han comenzado a llegar.
Foto EDH/Ap/Reuters/EFE |
Pero le asusta la idea de que lo pare la policía, por eso descarta
acudir a un refugio, donde debe registrarse.
Los inmigrantes que trabajaban en casinos y hoteles en el Golfo de México,
podrían perder su estatus legal, ya que está sujeto a sus
empleos en el sector turístico.
Los indocumentados, sobre todo los recién llegados, no disponen
de gasolina, dinero ni familiares a quienes acudir. En muchos casos tampoco
hablan inglés.

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