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Indocumentados sufren peor parte

Dilema. No cuentan con estatus legal. Declinan acudir a los refugios por temor a ser deportados


Publicada 9 de septiembre 2005 , El Diario de Hoy

Tensa calma. Las víctimas del huracán colaboran, con paciencia, con las autoridades locales. Foto EDH/Ap/Reuters/EFE



El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

La vida es dura para todas las víctimas de Katrina, pero doblemente para los indocumentados, sin derecho a las ayudas estatales, seguros, refugio o siquiera la posibilidad de volver a Nueva Orleans para recuperar sus bienes.

A Lidia Buitrago, una nicaragüense que trabajaba para la comunidad hispana con la archidiócesis de Nueva Orleans, lo que más le preocupa no es haber perdido la mayor parte de sus propiedades por el huracán.

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“Me duele más el sufrimiento de mi comunidad. Siempre son los mismos los que salen peor parados”, recuerda.

Y en su comunidad, explica, la mayoría son inmigrantes sin documentos legales de residencia, los más vulnerables ante una catástrofe como esta porque, a efectos legales, ni siquiera existen.

Presencia de latinos
México
Mayoritarios
De acuerdo con datos oficiales unos 145 mil mexicanos residían en Nueva Orleans, entre ellos se contabilizan muchos “recién llegados”.
El salvador
Comunidad
Datos de la Cancillería
salvadoreña revelan que unos 9 mil 500 compatriotas vivían en diversos puntos de la devastada zona.
Latinos
Multicultural
Aunque era considerada una zona pobre de los Estados Unidos, Nueva Orleans atrajo en los últimos años a inmigrantes de Latinoamérica.

Buitrago se encontraba en una especie de muelle improvisado donde, con humedad extrema y bajo un ardiente sol, un grupo de voluntarios llevan en bote a los residentes de los barrios inundados de la ciudad en busca de mascotas y bienes que quedaron atrás.

Lidia ya ha acudido a su casa para rescatar lo que pudo —fotografías, entre otras cosas— pero la mayoría de los inmigrantes que conoce y residían en la vecindad no pudo hacer lo mismo.

Algunos mexicanos con los que trabaja esta nicaragüense de 62 años le pidieron auxilio para entrar en sus barrios, pero después se echaron atrás ante la posibilidad de que las autoridades descubriesen que están en el país ilegalmente.

Mientras tanto, en la ciudad costera de Gulfport, en Misisipi, Raúl, un salvadoreño indocumentado que trabajaba en la hasta ahora pujante industria de la avicultura y que prefiere no dar su nombre completo, busca desesperadamente un lugar con agua y servicios básicos donde llevar a su mujer y dos niños de 3 y 5 años.

Ayuda. Las donaciones han comenzado a llegar. Foto EDH/Ap/Reuters/EFE

Pero le asusta la idea de que lo pare la policía, por eso descarta acudir a un refugio, donde debe registrarse.

Los inmigrantes que trabajaban en casinos y hoteles en el Golfo de México, podrían perder su estatus legal, ya que está sujeto a sus empleos en el sector turístico.

Los indocumentados, sobre todo los recién llegados, no disponen de gasolina, dinero ni familiares a quienes acudir. En muchos casos tampoco hablan inglés.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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