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| Medida de prevención. Los socorristas
tendrán que usar trajes especiales, debido a la contaminación
de las aguas. Tratan de evitar epidemias. Foto
EDH |
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Al bajar las aguas, Nueva Orleans afronta una horrorosa tarea de dimensiones
épicas y que ninguna ciudad estadounidense ha visto tal vez en
un siglo: recoger, identificar y enterrar a miles de cadáveres,
muchos de ellos hinchados, en descomposición o imposibles de reconocer.
Las autoridades dicen que ya tienen 25,000 bolsas para cadáveres
a la mano en Luisiana, y se está preparando una morgue temporal
en un almacén para colocar en ella a 5,000 cuerpos.
Sin embargo, el reto es más que una cuestión de espacio
y equipo. Entre otras cosas: ¿Cómo determinar los nombres
de las víctimas, especialmente cuando muchas de ellas eran tan
pobres que probablemente ni siquiera tenían un registro dental?
¿Y cómo devolver los muertos a sus parientes cuando nadie
sabe dónde están los familiares?
En la confusa maraña de trabajadores, se ha elaborado un plan preliminar
para manejar los cuerpos.
Los equipos de rescate de cuerpos ataban los cadáveres a árboles
o cercos para recuperarlos posteriormente.
El alcalde hace mucho énfasis en el hecho de que se manejen
los restos con dignidad y respeto, en especial si se toma en cuenta que
en Nueva Orleans solemos celebrar la vida, dijo Sally Forman, portavoz
del alcalde C. Ray Nagin.
Casa por casa
La operación de desalojo voluntario ordenada por el alcalde de
Nueva Orleans está ahora a cargo de pequeños grupos de agentes
policiales, que van de casa en casa tratando de persuadir a los individuos
renuentes a que abandonen la ciudad.
Uno de esos individuos es Chan Chun Nin, de 75 años, quien recibió
a los agentes en el portal de su modesta vivienda de Nueva Orleans.
Al igual que otros habitantes negados a marcharse, la casa del individuo
carecía de agua corriente y electricidad, en tanto que las medicinas
que tomaba su esposa de 70 años, Mie, disminuían de día
en día.
No obstante, Nin se negó a desalojar con su esposa.
Hágame un favor, le dijo el soldado estatal Mike Wolfe.
Escriba su nombre y su dirección en un pedazo de papel y
póngaselos en un bolsillo. Porque cuando muera, los que recojamos
su cadáver vamos a querer saber quién es usted.

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