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“Perdimos todo”

Refugiados. Tres miembros de una familia se trasladaron a Baton Rouge, dejando su casa y cinco años de vida en Nueva Orleans. No saben cuál será su nuevo hogar


Publicada 9 de septiembre 2005 , El Diario de Hoy

Matrimonio. Herbeth Paz, junto a su esposa Delia, en su antigua vivienda. Foto EDH


Jenny Flores/Lenny Castro
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Obedecer la orden de desalojo anunciada por las autoridades de Nueva Orleans fue la mejor decisión que la familia Paz Iraheta tomó una noche antes del desastre y así lo confirma ahora.

Como nunca antes habían vivido la experiencia de un huracán, no tenían idea de la destrucción que podría ocasionar, por ello el plan, en principio, era simplemente resguardarse en su casa.

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A última hora, debido a la insistencia de las autoridades y a las noticias en la televisión que avisaban de una catástrofe en el área, abordaron su vehículo en busca de un refugio seguro.

La noche del domingo 28 de agosto, Herbeth Paz, su esposa Delia y su hijo Víctor abandonaron su casa, ubicada en Gretna, llevando consigo ropa, agua y un poco de comida.

La familia salvadoreña avanzó a paso lento, debido a la interminable línea de vehículos que había en la carretera.

Sigue la búsqueda de compatriotas
-La cifra de salvadoreños desaparecidos después del huracán aumentó. La viceministra Margarita Escobar confirmó que el consulado en Houston busca a más nacionales que residían en Nueva Orleans.
-“Las personas que hemos ubicado en albergues ya
llegan a 31”, explicó.

El destino era la ciudad de Texas, pero tras 12 horas de conducir el vehículo, decidieron pasar la noche en una gasolinera, en las afueras de esa ciudad.

La mañana siguiente continuaron su marcha, pero la tormenta les obligó a hospedarse en un hotel a pocas millas adelante.

Por cada noche de hospedaje tuvieron que pagar $100, hasta que, debido a la emergencia decretada, los dueños del hotel les redujeron el pago a $70.

El dinero comenzó a escasear y las provisiones en el hotel se terminaron a los cinco días, debido a que ellos no eran los únicos refugiados en el lugar.

Tras escuchar la noticia de que el huracán ya se había convertido en tormenta tropical, lo que más deseaban era saber si su casa había quedado destruida.

Trataron de avanzar hasta su casa en Gretna, pero un cerco militar les impidió el paso. Ahí lograron contactar a unos familiares de Delia que vivían en Baton Rouge, quienes les ofrecieron albergarlos hasta que las cosas mejoraran.

Hasta el momento, la familia Paz Iraheta ignora la dimensión de los daños en su hogar; tampoco ha decidido si va a mudarse a otro Estado o si continuará donde hasta hace unas semanas habían residido por cinco años.

“Estamos como nómadas, sin saber a dónde ir”, expresa con tristeza Herberth, quien es originario de San Salvador.


Más salvadoreños se salvan del huracán

Siete salvadoreños se salvaron de morir en la ciudad de Nueva Orleans, al quedar atrapados en la Calle 113 Walter Scott y Calle Jefferson.

A salvo. Rafael López condujo más de 36 horas continuas.Foto EDH

Los días 27 y 28 de agosto comieron carne, frijoles y tortillas. No tenían servicio de agua, electricidad ni teléfono; quedaron aislados en la zona.

Con ayuda de un vehículo lograron avanzar en medio de las calles inundadas, pero fue gracias al apoyo de sus parientes que pudieron salvarse.

Su familiares les apoyaron desde Long Island, mientras que el consulado salvadoreño en esa ciudad les ayuda en la obtención de pasaportes, así como con contactos para que obtengan empleos.

Las compatriotas son originarios de Santa Ana y Chalatenango y sus nombres son: Rosa y Víctor Calles, de 11 y 10 años, respectivamente; María Baños, 36, Rosa Morales, Rafael López y Abilio Calles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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