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| Souvenirs. Ceniceros, toallas, DVD, adornos,
saleros, pimenteros, papel higiénico, libros y sábanas
son parte de la gama de recuerdos que se llevan los huéspedes.
Foto The New
York Times |
The New York Times
Kattie Hafner
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Comenzó a principios de los 90, con un rollo de papel de baño,
tomado por dos hermanas del baño de mujeres del Hotel InterContinental
de París.
Ese fue el inicio de nuestra carrera en la delincuencia, afirmó
Lenore Mordas, quien vive en Manhattan.
Mordas y su hermana se extendieron pronto, y una o dos veces al mes se
llevaban rollos de papel sanitario solamente los nuevos y envueltos
, no solamente de hoteles, sino también de restaurantes.
Desde luego, Mordas nunca habría pensado en llevarse el papel de
una casa particular. No se puede hacer algo como eso, aseguró.
Tampoco consideraría robar cualquier otra cosa.
Mordas, quien hoy compra todo su papel sanitario, dijo que no hay justificación
para sus años de latrocinio, excepto, desde luego, esa primera
vez en París, cuando a las hermanas no les gustó el papel
suministrado en el sitio donde se hospedaban.
Al parecer, hasta el más moral de los ciudadanos puede encontrar
justificaciones para cierta cantidad de pequeños hurtos.
¿Mal servicio en un restaurante? Desliza uno de sus lujosos tenedores
en el bolso. ¿Deseas un recuerdo del café en Viena donde
comiste esa inolvidable Sachertorte? Llévate una servilleta de
lino. ¿Los precios de un hotel parecen una extorsión? Podrías
tomar una estera monograbada del baño.
Los hoteles luchan constantemente en la guerra contra la desaparición
de objetos. Una encuesta realizada el año pasado por Harris Interactive
para Orbitz, la página de Internet de viajes, encontró que
61 por ciento de los consultados confesó haber robado diversos
artículos.
No obstante, es difícil entender por qué personas sin problemas
económicos, como Mordas, nunca imaginarían siquiera robar
siquiera una uva de una tienda de abarrotes, obedecen rutinariamente a
su ladrón interior en hoteles y restaurantes, así como en
cruceros y aviones.
Los restaurantes, especialmente los más lujosos, son blancos constantes.
Pero pocos desean perseguir a sus clientes. La mayoría factoriza
el costo en sus precios.
Bob Burke, presidente de Piatti, una cadena de lujosos restaurantes italianos
con sede en Mill Valley, California, indicó que los saleros y pimenteros
son un importante artículo de hurto para su compañía,
porque son muy atractivos.
No obstante, las personas también se empacan canastas de pan hechas
a mano con hierro, e incluso arrancan objetos que se encuentran pegados,
como botellas de vino vacías montadas en la pared.
Siempre es difícil cuando te despides de las personas y sabes
que se llevaron algo, afirmó Burke. Deja un mal sabor
de boca.
Los hoteles han adoptado diversos esfuerzos por evitar que los huéspedes
se lleven cosas, aunque siempre se espera algún pequeño
hurto.
En Shutters on the Beach, en Santa Mónica, California, donde una
habitación con vista al océano cuesta $715, el hotel coloca
objetos atrayentes en las habitaciones, incluyendo antigüedades chinas,
libros, bufandas de algodón y una irresistible ballenita de goma
en la tina.
El hotel, que espera que los huéspedes se lleven cierta cantidad,
incluye esto en sus costos operativos.
La ballena, por ejemplo, y un atractivo letrero de no molestar
son cosas que la gerencia espera que desaparezcan.
Pero el hotel envía una cuenta cuando artículos como libros
de $40, discos DVD, discos compactos y prendas de cama se marchan con
un huésped.
Asimismo, Shutters decidió poner un catálogo en cada habitación,
para que los huéspedes puedan ordenar los artículos que
les gusten.
Esperamos que sea una sugerencia subliminal, comentó
Armella Stepha, vicepresidente de desarrollo de negocios de Shutters.
El Hotel Parker Meridien, en Manhattan, adoptó una postura similar,
cuando comenzó a equipar cada habitación con un catálogo
de ventas que contiene casi todo lo que hay en la habitación, incluyendo
la cama. En la portada se lee la súplica: Llévalo a casa.
No lo robes.
Al eliminar artículos básicos como las almohadas, las aerolíneas
tienen menos que perder ante los ladrones.
Con esa finalidad, éstas codificaron sus DVD para que solamente
funcionen con los reproductores proporcionados a los pasajeros.

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